viernes, 29 de noviembre de 2013

Todo pasará... Menos Dios

Al finalizar el apocalipsis de San Lucas, las palabras de Jesús son tajantes: "El cielo y la tierra pasarán... Mis palabras no pasarán"... Es la declaración definitiva de la única realidad absoluta que permanecerá... Quiere decir que todo lo demás, hasta el hombre mismo, es relativo. Vale la pena tomar en cuenta, muy en serio, estas palabras, por cuanto tendemos fácilmente a colocar el acento en las cosas que creemos esenciales, cuando no lo son. A lo sumo, pueden ser importantes, pero jamás llegarán a tener la condición de "necesarias", como sí la tiene Dios. El único ser plenamente necesario es Dios. Nada más. Sólo Dios puede ser colocado como fundamento de los deseos, de las añoranzas, de las seguridades, del hombre. De ser colocado otro fundamento siempre se correrá el riesgo de recibir grandes frustraciones, pues lo no absoluto tiende naturalmente a su desaparición...

No se trata de que vivamos como si esta vida no fuera importante. Todo lo contrario... De la actitud con la que asumamos nuestra vida cotidiana, dependerá el que el futuro absoluto sea bueno o malo para nosotros. Es en esta vida donde echaremos las semillas que nos servirán para la cosecha de eternidad que tendremos. Y esa eternidad  tendrá signo bueno, si hemos sembrado semillas buenas. Y tendrá signo malo, si la semilla sembrada ha sido mala... Lo importante, por lo tanto, no será lo que hayamos obtenido, sino la actitud con la que lo hemos hecho... Es posible que nuestra vida haya sido de holgura material por las cosas que hayamos obtenido con nuestro propio esfuerzo... No puede Dios estar en desacuerdo con que los hombres apliquemos al máximo nuestra inteligencia y voluntad para alcanzarnos un bienestar material que es siempre lícito. Quien lo haya hecho honestamente, haciendo siempre su mejor esfuerzo, con conciencia de servicio a los demás, viviendo la solidaridad con el que menos tiene y está impedido de acceder a los bienes que se deben disfrutar, jamás podrá ser reconvenido por Dios. Por el contrario, esa actitud será convenientemente premiada. Una persona así ha intentado con su esfuerzo personal hacer un mundo mejor, más fraterno y más solidario... No vale la pena que se eleven contra ella las lanzas de la discordia "porque es rico". Si su logro se debe a su esfuerzo honesto y solidario, nada tiene de reprochable...

Hay quienes simplemente buscan el conflicto social contra los que han avanzado en la calidad de su vida con esfuerzo loable, solo porque la han alcanzado. Presuponen que todo el que alcanza una buena posición lo hace de manera fraudulenta y aprovechándose de los "débiles", y crean un clima de retaliación contra ellos que no es nada sano. No es falso que algunas de esas riquezas dejan un sabor extraño en la boca, pues a veces son súbitas y se han construido sobre el sudor y el sufrimiento de humildes y sencillos... A esos sí hay que reclamarles socialmente una responsabilidad. Pero hay quienes lo han hecho con actitudes totalmente distintas. Exacerbar los ánimos contra quien con esfuerzo propio y su trabajo denodado ha logrado lo que es absolutamente lícito y deseable, es una injusticia de marca mayor. No se puede reclamar una supuesta injusticia con otra injusticia. Quien es injusto en un reclamo, ya hace su reclamo ilícito...

La llamada de Jesús, en todo caso, es a la solidaridad, al servicio, a la justicia y al amor... Y en eso no debe darse el brazo a torcer... Todos, más o menos favorecidos, pobres y ricos, de cualquier clase o cualquier condición, debemos poner nuestro granito de arena en construir una sociedad más justa, más humana, más fraterna... Es una gran herida que infligen a la sociedad y a la vida en armonía alimentar la zozobra social, sembrando el odio entre clases que no hace sino fracturar más una situación que puede ser de por sí ya frágilmente equilibrada... Alimentar el resentimiento levantando los ánimos contra quienes más tienen no es el camino. El camino es el de promover de tal manera al que menos tiene para que también, por sus propios medios, con la ayuda que necesite, se encamine a su promoción humana, a la par que la vigilancia sobre las grandes riquezas para asegurar que siempre vengan por caminos de esfuerzo y de honestidad. El paternalismo interesado que quiera proveer de absolutamente todo y que promueva el "saqueo" de los bienes para obtener, bajo cualquier circunstancia, sin importar las formas legales y honestas es, por decir lo mínimo, destructor de la sociedad... No pasa jamás de moda la palabra de Jesús en la que, por un lado, invita a la solidaridad con los más pequeños: "Cada vez que lo hicieron con uno de estos más pequeños, a mí me lo hicieron", pero que también por el otro, invita a la superación, como cuando alaba al que ha multiplicado sus talentos: "Siervo bueno y fiel. Has sido fiel en lo poco... Pasa a gozar de la dicha de tu Señor"...

Está claro que en esta vida sembraremos lo que cosecharemos... Es por ello que es tan importante. Que nadie piense que lo que hace acá no tendrá repercusión en su eternidad... La invitación que hace Jesús es a poner el acento en lo que realmente importa. Es en la vivencia continua del amor, de la solidaridad, de la fidelidad a Él y a su amor, en el progreso honesto y responsable, en el dominio y mejoramiento de lo creado con sentido de compromiso real y social, donde está el acento... Todo pasará... Pero dependiendo de cómo hemos actuado ante esa realidad pasajera, será nuestra eternidad. Será de felicidad y de amor si lo hemos vivido con sentido de añoranza de la eternidad... Será triste si lo hemos vivido como realidad absoluta, sin apuntar a la trascendencia.... En nuestras manos está construir ese futuro...

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