domingo, 24 de noviembre de 2013

Cristo no es Rey si no es tu Rey

Al finalizar el Año Litúrgico, la Iglesia nos pone a la vista la figura egregia de Jesucristo, Rey del Universo... Esta Solemnidad cierra un año y abre ya la celebración de uno nuevo. Tiene sentido. Después de haber celebrado los dos momentos más importantes del misterio de Cristo, su Nacimiento y su Pascua, con sus respectivos tiempos de preparación, y de haber traído a la memoria cada Domingo del año ese misterio central de nuestra fe, se nos pone a la vista al personaje central de todo, como diciéndonos que este es el punto de llegada de todo lo que hemos celebrado... La Iglesia nos dice a cada cristiano: "Después de haber vivido intensamente durante todo este año litúrgico estas celebraciones, de haber sido testigos presenciales de ellos, haciéndose incluso protagonista, entendiendo que esos misterios los ha vivido Cristo para provecho de ustedes, y de actualizar en cada uno los efectos de su obra redentora, esto es lo que debe suceder: Que Cristo sea, para todos, el único Rey". Es el escalón final de la escalera que hemos ido subiendo cada día del año...

El Rey es el personaje central de un pueblo. Es el que lo sostiene, el que lo aglutina, el que lo defiende, el que lo guía, el que lo ordena. Aplicar a Jesús esta categoría absolutamente humana responde a una necesidad de comprensión en categorías propias de la figura y el desarrollo de su función entre nosotros. No es extraña a los hombres en general, esta figura del Rey. Aunque son muchos los pueblos que nunca han tenido un Rey, se entiende que es la figura de quien está al servicio de todos en las funciones de gobierno. En el momento en que adquirió más fuerza esta celebración fue en el que se pretendía quitar la primacía de Cristo sobre todo, y en el que los cristianos defendían con orgullo y valentía esa misma primacía...

Es una categoría que se conecta directamente con la figura del Rey de Israel desde el Antiguo Testamento. La figura del Rey David es prefiguración perfecta del Rey Jesús. Él es uno más del pueblo: "Hueso tuyo y carne tuya somos". No es un personaje extraño o advenedizo, sino que surge de entre las mismas filas del pueblo, lo llena de orgullo y a él se confía absolutamente todo su futuro. Haciéndose eco de lo que el mismo Yahvé ha dicho a David, el pueblo lo reconoce: "Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel". Son palabras que anuncian lo que será la figura futura de Jesús como Rey de Israel y del Universo entero...

En efecto, el reinado de Jesús no será un reinado como el de aquellos que vinieron como invasores, subyugando al pueblo con poder militar, político o económico. Uno del mismo pueblo jamás hará eso. Quien viene a destruir, sin pertenecer al pueblo, nunca será reconocido como verdadero rey, sino simplemente como un invasor, un esclavista, un emperador írrito. Jesús es uno más, de la misma carne y sangre del pueblo al que viene a conducir y a salvar. Y no lo hará jamás con la violencia de las armas sino que usará una fuerza muchísimo más poderosa e invencible: La del amor que rescata, que salva, que provee y que conduce suavemente bajo sus alas protectoras...

La más absoluta claridad sobre cómo es la figura del reinado de Jesús la tiene, paradójicamente, quien por las condiciones en que se encuentra él y el Jesús al que reconoce como Rey, debería haberla tenido más oscura... El Buen Ladrón en la Cruz, en medio de los tormentos y siendo testigo de la muerte inminente suya y de la de Jesús, tiene los arrestos de decir a Aquél que es el verdadero Rey: "Acuérdate de mí, cuando estés en tu Reino". ¿Qué reinado puede tener quien está muriendo a mi lado, vilmente asesinado? Hace falta tener mucha fe para poder deslastrarse de la sola mirada de la carne, arrancarse casi de cuajo los ojos de la cara, para poder percibir en Aquél que está muriendo al lado mío a quien es el Rey del Universo... La fe del Buen Ladrón no tiene parangón, a menos que la comparemos con la de los grandes personajes bíblicos: Abraham, María, el Centurión, Pedro... Yo diría que incluso podría llegar a aventajarlos, pues nunca antes había tenido experiencias directas de la obra de Dios, pues había estado muy lejos de Él, en el ejercicio de su ser delincuencial... San Dimas -el Buen Ladrón- entendió mejor que muchos que el Trono real de Jesús era la Cruz. Que el ejercicio de su Reinado estaba muy lejos del que se entendía normalmente como el ejercicio del poder físico, militar, político, económico... Jesús mismo lo dijo: "Mi Reino no es de este mundo"... Sobre la Cruz estaba escrito: "Este es el Rey de los judíos"... No existía para Jesús un trono diferente. Es redimiendo, es decir, prestando el mejor servicio por amor a los hombres a través de su Muerte y Resurrección, como Jesús ejerce su Reinado. Es eso lo que lo hace Rey de los hombres y de todo el Universo... No existe otra forma para Él... De esa manera, por haberlo reconocido como Rey, es el Buen Ladrón el primer ser humano que entra en el Paraíso, junto a Jesús, según la misma promesa de Jesús: "Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso"...

Ese es el Reinado que quiere ejercer Jesús. Poco le importa a Cristo ser el Rey del Universo, si no es el Rey del corazón del hombre... Ese reinado universal no tiene sentido si no lo ejerce en primer lugar en tu corazón y en el mío... ¿De qué le vale a Jesús ser el Rey del Sol, de la Luna, de las Estrellas, de las Constelaciones, si no está reinando en corazón de los hombres? ¿Acaso el Sol es capaz de reconocer a Jesús como Rey? ¿Acaso las criaturas irracionales, un león, un tigre, un elefante, un gato, un árbol, podrán jamás reconocer a Jesús como Rey? ¡Nunca! Sólo los hombres somos capaces de reconocerlo como tal. Y sólo eso nos hará estar en la plenitud. Reconocer a Jesús como mi Rey es decirle que dejo que ejerza su reinado en mi corazón, redimiéndome, sirviéndome por amor, conduciéndome a su Reino, llevándome a formar parte de sus súbditos. Que quiero hacerme como Él, servidor de todos y ser rey como Él en el amor a los demás... No existe mejor manera de hacer a Cristo mi Rey, que haciéndome yo mismo rey como Él, sirviendo por amor, entregándome para rescatar a los hermanos, siendo un buen miembro del pueblo al que Él dirige haciéndome hermano de todos... Es la forma como Él entendió su ser Rey: "Yo estoy entre ustedes como el que sirve... No he venido a ser servido sino a servir...". Cristo es Rey porque sirve de la mejor manera a los hombres en el amor. Así debo hacerme yo también rey como Él...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario