sábado, 7 de diciembre de 2013

El amor es gratis

La característica más resaltante del amor es su gratuidad. Si no fuera así, no sería algo tan discutido, tan ambivalente, y por eso, tan valioso. Para quien vive del amor sincero, es el tesoro más valioso, aunque no le haya costado nada materialmente, mientras que para los que ven todo desde una mentalidad mercantilista, lo ven como una "cosa" que se puede vender y comprar, y que en cierto modo es rentable... Es la tergiversación total de lo que es realmente el amor...

Hoy estamos en una sociedad en la que como todo se compra y se vende, se llega a pensar que se puede también comprar al amor. El concepto puro, límpido, transparente del amor, que es el de la entrega absoluta, sin consideraciones egoístas, que coloca al otro por encima de sí mismo, que busca su bien por cualquier vía honesta, ya no es el que está de moda... Hoy el amor se considera bueno en cuanto retorna un beneficio... No se trata de amar, sino de recibir amor. El hombre está más ganado a la idea de "aprovecharse" del amor, que de dar amor... Muchos de los estados de angustia, de depresión, de sensación de soledad, están basados en el empeño de creerse sólo con el derecho de recibir amor y no con el deber de darlo... A lo máximo, se está dispuesto a dar amor en la medida en que se recibe... Doy sólo cuando estoy satisfecho al recibirlo...

Y esto está influyendo negativamente en infinidad de campos humanos. Los esposos y las esposas sólo están dispuestos a dar amor si reciben amor. Ciertamente el amor esponsal es también concupiscente, en el sentido de que hay más satisfacción cuando se recibe una compensación, cuando se está seguro de que se es amado. Hay mejor disposición para amar cuando uno se sabe amado y recibe los beneficios de ese amor del otro... Pero si ambos se sientan a esperar que el otro dé señas de su amor, llegará el momento en que se morirán de mengua en la espera... Los gobernantes responden sólo a los grupos que los apoyan, y si sienten de alguna manera que hay un grupo que no le sirve de soporte, sino que les es contrario, dejan de cumplir su obligación con ellos. Su tarea de procurar el bien también para ellos, pues son parte de la población a la que deben servir, queda suspendida... Los dueños de empresas dan mayores beneficios a los empleados que se confiesan fieles súbditos, e ignoran a quienes son indiferentes, aunque cumplan fielmente sus labores... Todo es un intercambio de intereses...

El amor se ha llegado a considerar un bien con el cual puedo obtener más o menos ganancias y es una especie de material de trueque... Se ha llegado a banalizar de tal manera que hasta recibir favores sexuales se ha llegado a calificar de "hacer el amor", no importa si lo que menos hay es amor, y lo que impera es simplemente la pasión y el deseo básico de satisfacción del instinto animal... En todo caso, la entrega íntima y mutua de los esposos por amor, lo que menos hace es el amor, pues ya en ellos está hecho, está en la base de la entrega, y el acto de la intimidad sólo hace que sea la expresión más sublime del amor que ya existe entre ellos... Nuestra mentalidad de banalización ha llegado a jugar al extremo con lo más puro que podemos vivir y algunos lo han hecho sólo una expresión del instinto básico que asegura la procreación de la especie humana... Lo han vaciado de todo lo que implica la entrega de la persona en lo que más expresa su intimidad y que lo deja "desnudo" -nunca mejor dicho- ante el otro... Se es totalmente del otro, al punto de que nada de lo mío ya queda oculto para él o para ella...

En todo caso, Jesús nos pone en la senda de la comprensión de lo que mueve al mundo en sus más profundas raíces... Cuando nos invita a "dar gratis lo que hemos recibido gratis", nos está diciendo que revisemos en profundidad lo que está en la base de nuestro ser... Nuestra vida, todo lo que existe en ella, todo lo que la mueve más sólidamente, los verdaderos tesoros que poseemos, absolutamente todo, lo hemos recibido gratis... Nadie ha comprado su vida, nadie ha comprado el aire que respira, nadie ha comprado los paisajes con los que se regodea, nadie ha comprado el verdor de los bosques, nadie ha comprado el agua de los ríos o de los mares... Todo eso lo hemos recibido gratuitamente, desde el amor infinito que Dios nos tiene. Lo ha puesto en nuestras manos y es de los más grandes tesoros que poseemos. ¿A quién se le ocurre colocarle precio a una puesta del sol preciosa, o a un amanecer esplendoroso en el que el sol brilla invicto sobre el horizonte? ¿A quién se le ocurre ponerle precio a una flor que se abre orgullosa para llenar de belleza y de aromas sutiles su entorno? ¿A quién se le ocurre ponerle precio a la contemplación del baile acompasado de una bandada de aves sobre la siembra del arroz o de cualquier semilla, o sobre la ciudad que asiste asombrada a la perfecta armonía que demuestran miles de aves como si estuvieran todas unidas a un único cerebro? Es el regalo gratis de la vida que nos ha dado Dios. Su amor da para eso, y para mucho más...

Nos ha regalado no sólo lo hermosísimo de todo lo que nos rodea, sino también nos ha regalado su amor infinito en el perdón y en la misericordia, que no nos hemos merecido para nada. Su mensaje de amor no está sólo en la naturaleza que nos acaricia diariamente, sino en el gesto extraordinario de un Dios que se ha hecho hombre y se ha entregado a la muerte ignominiosa. Ya no es la naturaleza irracional la que es su regalo. Es Él mismo, la Segunda Persona de la Trinidad, el que se ha entregado hasta el máximo, hasta el último suspiro. Su amor no está fuera de Él, sino que está en Él... Es Él mismo. Pleno, limpio, puro, sin ocultamientos, sin guardarse nada. Todo lo ha puesto en nuestras manos. Y se convierte así en nuestras salvación plena... Lo hemos recibido gratis. No hemos hecho nada para obtenerlo. Si algo hemos hecho es más bien no merecerlo jamás... Pero Él no se para en considerar cuanto nos merecemos, sino cuanto nos ama Él mismo. Y nos ama infinitamente... Y Jesús nos invita a hacer lo mismo que hizo Él... Dar gratis... No calcular cuánto ganamos, sino cuánto estamos dispuestos a amar... En el amor no hay pérdidas jamás. Siempre hay ganancias, pues ya amar es la ganancia.  Quien se queda calculando ganancias, ya está perdiendo, pues pierde la gesta más hermosa que puede hacer: amar gratuitamente...

Los hombres ganamos amando... Perdemos calculando cuánto amor damos. En el amor se gana dándolo todo. Jesús obtuvo su mayor ganancia porque se entregó todo. Así debemos hacer nosotros. No calculemos. Caer en la tentación de calcular el amor, es lamentablemente perder... Ganemos siempre, dando todo el amor. Darlo todo es ganarlo todo... Hacerse dueños del tesoro más grandioso que podemos tener que es el amor de Dios, vivir en su corazón, hacer de ese corazón nuestra más valiosa posesión...

2 comentarios:

  1. Muy bueno, lo compartí por mail con mis amigos

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    1. ¡Qué bueno David! Gracias por difundirlo... Ojalá se pueda hacer mucho bien con eso... Saludos a tu familia. Dios te bendiga

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