viernes, 30 de agosto de 2013

Lo terrible del inmediatismo

Somos hijos del inmediatismo. Nuestro mundo se ha enfermado de inmediatismo, pues no ha discernido bien cuándo dejarse llevar por él y cuándo dejarlo a un lado para saborear cada momento. En todo lo que hacemos se ha filtrado, contaminándonos a todos e impidiéndonos la riqueza de lo lento, de los estable, de lo que hay que contemplar con "lentitud"...

En la alimentación el éxito de la "comida rápida" es tremendo. Se multiplican en todos los ámbitos y en todas las naciones, aun en aquellas que se cierran a "lo que viene del capitalismo". Casi se ha perdido la ocasión de degustar sabrosamente, con una buena compañía y una atractiva sobremesa, del momento en la mesa. En las comunicaciones, la inmediatez es el signo que más caracteriza. Una noticia se difunde instantáneamente, al punto de que unas horas después, ya es noticia vieja. "¿Cómo? ¿Y tú no te has enterado?", preguntamos mirando con extrañeza a quien está tan "aislado", que no se ha enterado de un acontecimiento sucedido hace unos minutos en cualquier parte del mundo... En el transporte hay que procurar siempre recortar tiempos de traslado, inventando el tren superrápido, el avión que va a la velocidad de la luz, el metro que tiene menos estaciones, el autobús que va por el canal preferencial para evitar los atascos, el carro que alcanza más velocidad en menos tiempo... Las metas que se colocan las empresas, y que exigen a sus empleados, son inmediatas. Si no las alcanzan, los tildamos de irresponsables, de dejarse llevar por la flojera y la pereza, de no asumir con seriedad su trabajo... En las relaciones humanas, el inmediatismo marca los encuentros. La persona debe demostrar inmediatamente quién es, si es "atractiva" o "detestable". Los novios deben dar muestras inmediatamente de su "amor". Sacamos conclusiones inmediatas, sin dar tiempo al conocimiento profundo, para tener a la mano más herramientas para hacerlo...

Es un actitud que se ha extendido y que ha creado una manera de pensar y de actuar, impregnando todo el quehacer humano. Quien no actúa inmediatamente, no sería hijo de esta época... No es malo el inmediatismo en sí mismo, sino en cuanto condiciona absolutamente toda nuestra vida. Lo atractivo de la vida no está en lo inmediato, sino en lo que puedo degustar, saborear, asimilar, dando tiempo a la posibilidad del discernimiento. Con la fiebre de lo inmediato se ha perdido la posibilidad de profundizar y nos hemos quedado en lo que es superficial, en lo que "aparece", en lo externo. Y eso nos ha hecho mucho daño. Tenemos que darnos tiempo para ir a lo profundo, al verdadero conocimiento de las cosas y de las personas. De esa manera asumiremos con mayor seriedad los compromisos con aquello que conocemos más. Si nos contentamos con lo superficial, el compromiso siempre será superficial y se romperá con cualquier "tontería". Y eso, en general, le ha restado seriedad a nuestra vida...

También nuestra fe se ha visto "contaminada" con la fiebre del inmediatismo. Nos contentamos con la impresión inmediata. Juzgamos si la vivencia de la fe es buena o mala, según la impresión primera que me ha causado. Si la homilía del cura que escuché hoy ha sido aburrida, el cristianismo es aburrido. Si la charla que dio el catequista fue muy buena, me siento entusiasmado a seguir adelante... Hasta la próxima charla en la que me sienta aburrido... No nos hemos preocupado por profundizar, pues la exigencia es fugaz. Todo lo que implique un compromiso a largo plazo es rehuido... Nos alejamos de todo lo que implique "atarnos" a algo. Mucho menos, a un grupo parroquial, a un compromiso apostólico, a un estudio detallado de nuestra fe...

En todos los ámbitos se las han tenido que ingeniar para ofrecer lo "inmediato": Libros cortos, libros hablados (para evitar el "esfuerzo" de leer), charlas cortas, noticias inmediatas y cortas, resúmenes y esquemas... Hay que poner en la mano de todos, las cosas lo más simpliflicadamente posible...

Por supuesto, al no haber tenido el tiempo para madurar lentamente, nuestra generación tiene grandes carencias. Es una generación "adolescente". No ha habido tiempo de sopesar las diversas opciones, sino que se ha escogido la primera que se presentó, porque llegó primero...

¿Qué hacer ante esto? Pues hay que sabe decir al hombre de hoy lo sabroso de reconquistar la lentitud, cuando hay que reconquistarla. Lo sabroso de sustentar firmemente las ideas para que no se conviertan en estrellas fugaces que desaparezcan y sean siempre sustituidas por lo nuevo, no por lo mejor. Lo sabroso de fundamentarse mejor en lo estable, y no estar siempre en lo sísmico de los cambios continuos. Lo sabroso de "disfrutar cada momento" sacándole el jugo completo, sin dejar lo mejor, que generalmente está en fondo del vaso...

Y saber decir a la gente que nosotros no queremos perdernos lo bello de nuestra vida, porque está pasando fugazmente delante de nosotros. Sino que, aprovechando todos los avances que nos ofrece nuestro tiempo, queremos saborear el instante, dejar que entre en nosotros y nos impregne de su bondad, dejarlo dentro cuando sentimos que nos enriquece, sembrar futuro cuidando bien de nuestro terreno para tener una excelente cosecha... Mirar nuestro futuro con esperanza porque sabemos que lo que estamos haciendo hoy está bien sustentado y es sólido...

Ser como las vírgenes prudentes que, sabiendo que el esposo llegaba sin anunciarse, tenían bien surtidas sus lámparas para el momento menos esperado. No como las vírgenes necias, que, enfermas de inmediatismo, perdieron la posibilidad de entrar en las bodas de la eternidad, por no haberse preparado bien para recibir con solidez a quien venía para ser su felicidad. Queremos vivir la esperanza. Pero queremos sembrarla. Esa esperanza se cumplirá sólo en la medida en que nos demos tiempo de sembrar hoy. Sólo será realidad cumpliendo las diversas "esperanzas" de hoy. Y eso se logrará únicamente dando tiempo al tiempo...

2 comentarios:

  1. Muy interesante esta reflexión. ¿Con qué citas bíblicas puedo iluminar este problema del inmediatismo?

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  2. Ya me di cuenta de las vírgenes sensatas...

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