sábado, 31 de agosto de 2013

Poner los Talentos a producir...

¡Qué fácil debería resultar ser justo! La Justicia es una virtud moral que nos invita siempre a dar a cada quien lo que le corresponda. Es una virtud que asegura la vida en equilibrio, en armonía. Con ella, no deberíamos tener absolutamente ningún conflicto, ni social, ni económico, ni político, pues la regla que ella promueve aseguraría la felicidad de todos, al recibir todos lo que es de cada uno...

Pero, lamentablemente, se mete de por medio nuestro egoísmo, nuestra sed de retaliación, nuestra suspicacia. Dejamos de pensar justamente para pensar egoístamente. Y al dejarnos llevar por esos pensamientos abandonamos la actitud justa y nos apegamos a intereses personales o grupales. Empezamos a dejar pesar más nuestras propias conveniencias que las del otro o las de la sociedad. Y nuestras acciones apuntan a favorecernos a nosotros mismos o a favorecer a unos sobre otros, sin importar a veces que eso sea para algunos su destrucción, su humillación, su exclusión, su indigencia, su aniquilamiento...

Jesús nos relata la Parábola de los Talentos como una enseñanza de lo que hemos recibido para ponerlo a funcionar con el fin de multiplicarlo, de modo que podamos hacer un mayor bien con esos dones. Pensemos, en primer lugar, que son regalos de Dios. No serían, en última instancia, propiedades privadas que habrían surgido de nosotros mismos por nuestro propio esfuerzo. Son cualidades que nos han sido dadas, con las cuales hemos sido enriquecidos. Las hemos recibido para que sean riquezas, no para el disfrute individual, sino para ponerlas al servicio de todos. Ese es la misteriosa esencia de los dones divinos. Los regalos de Dios apuntan siempre a lo comunitario, a lo social. Jamás a lo individual, a lo egoísta. No compartir esas riquezas sería, por lo tanto, convertirlas en monstruosas pobrezas...

Además, constatemos que el disfrute de los dones de Dios sólo será pleno en la medida en que los pongamos a la disposición de los demás. Nos equivocamos cuando pensamos que disfrutamos más en la soledad de nuestra satisfacción egoísta. Cuando los compartimos, cuando los ponemos a funcionar para los demás, cuando hacemos que otros se vean beneficiados con los dones que hemos recibido, esos mismos dones, maravillosamente, se multiplican en nosotros. Cuando damos amor, el amor se engrandece en nosotros. Cuando sembramos esperanza, nuestra esperanza se ve engrandecida. Cuando compartimos nuestra fe, nos fortalecemos y vivimos más sólidamente nuestras convicciones. Cuando creamos un clima de alegría a nuestro alrededor, somos más felices. Cuando nos empeñamos en ser solidarios con los más necesitados, la solidaridad de los otros para con nosotros aumenta... Quizá a esto se refería Jesús cuando dijo que quienes pusieron a trabajar los Talentos, los multiplicaron...

Nuestra sociedad necesita de la justicia de los que han recibido tantos Talentos. Y todos los hemos recibido. Una sociedad triste existe porque los que han recibido como don la alegría, no lo han compartido con los otros. Una sociedad egoísta existe porque los que han recibido el don de la solidaridad no lo han puesto a funcionar. Una sociedad deshonesta existe porque los que han recibido el don de la honestidad no lo han sembrado en sus acciones. Una sociedad que no cumple sus compromisos existe porque los que han recibido el don del compromiso no lo han ejercido. Una sociedad en la que la miseria crece existe porque los que han recibido el don de la caridad lo han escondido. Una sociedad que sirve a la mentira y a la manipulación existe porque lo que han recibido el don de la veracidad lo han dejado encerrado en sí mismos...

Huyamos de la posibilidad de ser como el siervo que recibió un solo Talento y lo escondió por miedo al señor. Mejor es, en todo caso, arriesgarse a perderlo (lo cual nuca sucederá), que no ponerlo a la disposición de los demás. No hacerlo es perder la razón de la existencia, pues la vida consiste en eso: en poner a funcionar los Talentos, en desarrollarlos, en hacerlos fructificar para los otros. Lo otro es buscar la muerte por consunción, con la seguridad de encontrarla en el camino propio. Es la pérdida absoluta del sentido de la vida.

Somos los responsables de hacer que los Talentos se multipliquen. Los nuestros y los de los demás. Si damos el primer paso, otros se sentirán acicateados a hacerlo también. Es una cadena de bien que podemos iniciar. Hagamos el bien para que otros se sientan animados a hacerlo. Pongamos a producir nuestros Talentos para que otros, viendo nuestro avance personal, se sientan ilusionados a seguir nuestro camino. No hagamos caso a las voces que nos invitan a vivir en el egoísmo, sólo pendientes de nuestro ombligo, de nuestras conveniencias. No oigamos las voces que invitan a surgir a costa de los demás. No demos cabida a los sueños de progreso personal sin importar lo que suceda a los demás. No nos enfermemos de egoísmo, que ya mucho daño le ha hecho a un mundo que, sin duda, puede ser mejor con nuestro aporte. Lograr un mundo mejor para los demás es lograrlo para uno mismo. No al revés. Es el secreto de la lógica divina. Y dejarse llevar de esa lógica es la clave para la verdadera felicidad. Sin ellos,estaremos siempre añorantes, extrañando algo que nunca llegará si no somos solidarios...

Dios ha sido infinitamente amoroso con nosotros dándonos los Talentos con lo que nos ha enriquecido. Seremos más ricos a medida que los demos a los demás. Así, sólo así, se multiplicarán en nosotros. Y sólo así seremos justos con Dios, con nosotros mismos y con los demás...

1 comentario:

  1. Claro que si, el egoísmo es un de los fenómenos que no nos deja avanzar, gracias por recordarme lo a veces me siento egoist, con Dios y con migo misma

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