jueves, 19 de diciembre de 2013

El Dios de las altas y de las bajas

En general, los contrastes sirven para negar a los contrarios... Cuando afirmamos la claridad, de alguna manera estamos negando la oscuridad. Cuando afirmamos el calor, de alguna manera estamos negando el frío... Pero, igualmente, el contraste confirma la existencia de su opuesto. Al afirmar que hay calor, se está afirmando la existencia del frío como referencia. Al afirmar la oscuridad siempre se hace referencia a la claridad que la vence... La realidad de las cosas, siendo absolutas, también tiene un componente de relatividad necesaria, en cuanto en cierto modo siempre se pone en referencia a algo... Esa es la existencia humana. Cada persona es una afirmación de la existencia. Somos seres absolutos, en cuanto que existimos y tenemos subsistencia en nosotros mismos, pero esa absolutez nuestra no es única, pues nuestra personalidad se sustentará más sólidamente y se desarrollará totalmente sólo en la medida en que nos pongamos en relación con los otros iguales a nosotros. El concepto de persona contiene como esencia primaria el concepto de relación. Una persona es el que es capaz de entrar en relación con sus iguales... No lo será si no llegara a tener esa relación. Un hombre que no sea capaz de interactuar con otros hombres, podrá ser muy hombre, pero no será nunca persona...

En Dios también se puede afirmar la absolutez plena de su existencia. La afirmación de ella es la negación su contrario. Pero es también la afirmación de eso contrario. Al afirmar que Dios es Amor, estamos negando al odio en Él, pero a la vez estamos reconociendo su existencia. Al afirmar que Dios es la Salvación del hombre, estamos negando que Él dé la condenación, pero a la vez estamos afirmando la posibilidad de esa condenación al alejarse de Él... En lo único que Dios sería "Absolutamente absoluto" es en la existencia de sí mismo, pues afirmarlo no sugiere la existencia de su contrario, que sería la nada. La nada, por definición, no existe. Por lo tanto Dios es el único existente absolutamente necesario, pues su contrario es el absurdo, el vacío, la nada total... Y eso, así como así, no existe...

Los contrastes, de esta manera, más que pobrezas, en nuestro mundo, son riquezas... Nos dan el abanico de todas las posibilidades, pues ponen la gama completa de los colores y matices de la inmensa e infinita variedad de la existencia. Esa diversidad interminable es, definitivamente, el cumplimiento del deseo y el designio de Dios para que los hombres tuviéramos a la mano inmensas opciones para elegir. Unas serán mejores y enriquecedoras, otras menos buenas, y algunas serán hasta empobrecedoras, pues, quizá sirviendo muy bien a algunos, para otros no son tan útiles...

Es la libertad de la que somos herederos, y que Dios quiere que usemos de la mejor manera, siendo capaces de discernir cuál es el mejor camino para cada uno. Cuando dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza", dejó en nosotros la traza más importante de su esencia, que es el amor. Ese amor hace libre al hombre y lo impulsa a tomar las mejores decisiones que lo mantendrán en ese mismo amor de Dios, en el amor de los hermanos, procurando siempre su bien, y en el amor a sí mismo, queriendo igualmente el mayor bien para sí...

Y como Dios es infinitamente libre, y procurará siempre el mejor camino para hacer llegar el bien a los hombres, también en ese amor de libertad ha elegido los caminos más idóneos en los momento específicos... Ha sido un Dios de altas y de bajas... Ha elegido también vivir en los contrastes, optando por los caminos que Él mismo ha considerado necesarios en los momentos oportunos. En ocasiones se ha presentado magnífico, como en la gesta extraordinaria de la creación, en la que tuvo que usar de todo su poder infinito para traer todo desde la nada a la existencia... O como cuando mostró su poder infinito también en la epopeya libertadora de Israel de las garras del terrible y poderoso enemigo egipcio... O como cuando hizo que los ancianos estériles del Antiguo y del Nuevo Testamento abrieran de nuevo las fuentes de la vida para concebir personajes puntales de la historia de la salvación, como en los casos de Abrahan y Sara, que concibieron a Isaac, o el caso de Manóaj y su mujer, que concibieron a Sansón... O más cercano, ya en el Nuevo Testamento, el caso de Zacarías e Isabel, que concibieron a Juan Bautista, el Precursor de Jesús... Es el Dios poderoso que se hacía presente con toda su magnificencia en la historia de los hombres para dejar bien claro en las manos de quién estaba esa historia...

Tan esencial era la compresnión de ese Dios Todopoderoso, que el argumento que usa el Ángel Gabriel para "convencer" a María, la que iba a ser la Madre del Redentor, de que la posibilidad de concebir en su vientre al Salvador del Mundo era tan real, que Isabel, la que era estéril, ya estaba encinta desde hace seis meses, pues "para Dios no hay nada imposible..." El Dios Todopoderoso, tal como se había hecho presente en todo su esplendor durante la historia anterior, ahora se hacía presente en el aquí y el ahora de María, para hacerla devenir en la Madre de quien venía a rescatar a toda la humanidad de la oscuridad terrible del pecado...

Pero, así como había mostrado su poder infinito y omnímodo, ese Dios, creador también de los contrastes enriquecedores, decidió libremente usar el contraste de lo que negaba su poder, y de lo que a la vez lo afirmaba: la debilidad, la sencillez, el anonadamiento... Como dice San Pablo, "se despojó de su rango, pasando por uno de tantos..." y "aprendió, sufriendo a obedecer". Ese Dios magnífico y todopoderoso, se hizo tan desvalido como un niño recién nacido... Aún menos, como un ser apenas concebido en el vientre de su Madre... Y decidió mostrarse el más débil entre los débiles, perseguido para ser asesinado apenas nacido. Se sometió en todo a la autoridad de sus padres, Él que había sido el que había creado la institución paterna y familiar... Y, al final de sus días terrenos, se sometió por completo a la maldad de los hombres, apareciendo humillado, golpeado y ofendido por los poderosos, con lo cual se unió esencialmente a los más débiles y humillados. Y en el extremo de esa debilidad libremente asumida, lo vimos en una Cruz, muerto, ensangrentado, inerme, habiendo entregado su Espíritu al Padre nuevamente...

Ese el el Dios de los contrastes... El Dios Todopoderoso, creador de todo lo que existe, liberador del pueblo de Israel sometido al yugo de los egipcios, posibilitador de todos los milagros en medio del pueblo... es el mismo Dios humilde y débil que está en el Niño Jesús, que desde su amor asume todos los dolores y sufrimientos de los hombres, el que los carga sobre su Cruz y muere por ellos en el altar ignominioso... Es el Dios de las altas y de las bajas, que las asume porque nos ama infinitamente y hará lo que sea necesario para que esa salvación sea nuestra...

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El mejor servicio: la humildad

San José, sin duda, demostró ser un verdadero santo... "Decidió repudiarla en secreto", nos dice el Evangelio, cuando se enteró del embarazo de María... La ley mosaica permitía la lapidación de la mujer adúltera. Recordemos el episodio en el cual a Jesús le presentan a una mujer sorprendida "en flagrante adulterio". Una ley convenientemente redactada por hombres, que imponía la pena de muerte a la mujer, pero al hombre no lo tocaba. Quizá quedaba en evidencia delante de todos, pero hasta ahí. A la mujer se le imponía la pena máxima, y al hombre la mínima... Por eso, San José demuestra que no es de la "calaña" de quien había redactado la ley, sino que su calidad humana era superior. No invoca la ley que lo respalda, sino que guarda su repudio en secreto...

En todo caso, José estaba herido. La mujer a la que amaba le había sido infiel. Ya estaban en los trámites del matrimonio. Estaban "desposados", lo cual era ya un matrimonio con todas las de la ley, pero aún no convivían. Algo similar al "compromiso" que conocemos nosotros entre parejas, que echa ya una suerte de lazo entre los dos pretendientes. El desposorio era algo más profundo, era ya un matrimonio, que daba incluso derecho a la intimidad, pero que no consideraba aún la convivencia... Según la tradición y las conclusiones lógicas que podemos sacar de la relación entre José y María, ambos podrían haber hecho un compromiso de virginidad. A José se le conoce como "El Casto" y María es "La Virgen". Se dice que entre ambos había ya un acuerdo de no hacer uso de la genitalidad en su matrimonio. La literatura apócrifa es pródiga en este detalle. Esto, evidentemente, no da ningún sustento histórico cierto, pero sí hace pensar en que algo de esto tuvo que haberse dado, pues de no ser así, ni siquiera se haría referencia a eso. Como reza el famoso dicho: "Cuando el río suena es porque piedras trae..."

Por otro lado, la expresión de María al sorprenderse ante la afirmación del Ángel, denota una intención que no es simplemente constatación del momento que vive ahora, sino que quiere ser mantenida en el futuro: "¿Cómo será eso, si no conozco a varón?" La pregunta se refiere a no haber tenido nunca intimidad con un hombre. Y no se refiere sólo a lo que ha sucedido hasta ese momento, sino que es una declaración de intención futura. No tendría sentido la pregunta de María si no fuera así. El Ángel le dice a María que quedará embarazada. El tiempo es futuro. Y en ese futuro de María está su matrimonio con José, por lo cual no tendría sentido que se sorprendiera, si hubiera existido una intención de tener intimidad con su futuro esposo, con lo cual el embarazo sería una consecuencia absolutamente lógica. A menos que hubiera una intención distinta. La conclusión más lógica es que existía, entonces, un acuerdo previo entre ambos de no hacer uso de esa intimidad...

San José, definitivamente, tenía todo el derecho de sentirse traicionado. Pero se debatía entre su amor inmenso a la que era su esposa y lo que él sospechaba que había sucedido. Pero su bonhomía y su amor le impiden buscar la aplicación de la ley, y su repudio natural y lógico lo guarda en su corazón. Fue necesaria la presencia del Ángel para aclararle el misterio de lo que estaba sucediendo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados". Estas palabras del Ángel le devuelven a José toda la tranquilidad que había perdido, y lo colocan en el lugar privilegiado de ser el padre de ese personaje que espera toda la nación de Israel. Será el "Custodio del Redentor", quien tendrá bajo su cuidado al Niño en el cual está Dios, a quien se le encomienda la tarea de ser cabeza de la Sagrada Familia, en la cual está la mujer más privilegiada de toda la historia y el Redentor de la humanidad. Una inmensa tarea que cumplirá cabalmente, como veremos en el desarrollo posterior del ciclo de la infancia de Jesús. Y la cumplirá con total humildad. En todo el Evangelio no se nos dice una sola palabra que haya pronunciado José. Fue el padre putativo de Jesús, el esposo de la Virgen María, pero todo lo asumió como un servicio que debía realizar con toda la humildad, quizá entre las mayores que encontramos en todos los relatos evangélicos...

José entendió que su servicio debía ser hecho desde la humildad, desde lo escondido. Él estaba a la sombra de Yahvé, que lo había elegido para ser parte importantísima de esta historia de entrada del Mesías al mundo. Él fue el instrumento sencillo que utilizó Dios para custodiar al Niño recién nacido, defendiéndolo de quien pretendía sacarlo de en medio, protegiéndolo de cualquiera de los peligros que podía correr en su infancia, instruyéndolo en su propio oficio de artesano para que pudiera luego mantener la casa y a su Madre, ejerciendo su rol paterno llamando la atención cuando debía llamarla, enseñando las virtudes, los valores y los principios que en lo humano fueron tallando la figura del hombre Jesús...

Nunca sabremos agradecer del todo y en su justa medida la tarea que ejerció San José en esta historia incipiente del Mesías. Todo en él fue humildad, huyendo de destacar a la fuerza, cuando hubiera podido hacerlo con todas las de la ley. El hecho de que no destacara para nada en todo, quiere decir que todo lo hizo como debía hacerlo. No erró José en sus enseñanzas. El hombre que era Dios, Jesús, demostró en su conducta humana lo que había recibido de su padre. Su responsabilidad con su Madre, su compromiso asumido plenamente, su solidaridad con los más débiles, su solidez de criterios, su aplicación estricta de la justicia..., son caracteres que adquirió de su padre putativo, el que le dio la formación humana que demostró en su misión posterior.

Así como fue humilde en su aparición en la historia de Jesús, así como fue humilde en su tarea de Custodio de la Madre y del Hijo, así mismo fue humilde en su partida. Los Evangelios no nos relatan nada de él, ni de su muerte. Silencioso, habiendo cumplido fielmente su tarea en lo escondido, sin recibir el reconocimiento de nadie, se retira de la historia de la salvación. Nos dejó su legado de humildad, de responsabilidad, de amor a María y a Jesús... Y por eso tuvo el reconocimiento que vale la pena verdaderamente, el del Padre que lo ha premiado por haber sido "siervo bueno y fiel" y por eso pasó a "gozar de la dicha de su Señor..."

martes, 17 de diciembre de 2013

Hizo suya nuestra historia

Las imágenes con las que es anunciado el Redentor son, realmente, llamativas. Es natural que con esas figuras en Israel se hubiera creado una expectativa impresionante sobre ese personaje anunciado, el gran liberador del pueblo, el que iba a someter absolutamente todo bajo su poder, el que iba a dominar a todos los pueblos que continuamente acechaban al pequeño pueblo de Israel... Pensemos... Israel era un pueblo insignificante. Era considerado invasor por todos los demás pueblos, pues los israelitas no hicieron sino despojar de sus tierras a los antiguos habitantes. Sorprendía, más bien, que siendo un pueblo tan pequeño, tan poco numeroso, hubiera tenido tan grandes victorias ante pueblos que tenían mucha más población y por ende mucho más poderío militar... Para algunos esas inexplicables victorias eran señal inequívoca de que, sin duda, una fuerza superior los apoyaba. Algunos lo aceptaron sin más. Otros, se resistieron hasta el último aliento, pues no podían dar cabida a ideas tan absurdas, sobre poderes espirituales que fueran superiores a las de los dioses que a ellos los apoyaban...

Las gestas que se iban cumpliendo en Israel y de las cuales ellos mismos eran testigos asombrados, los fueron reafirmando en esa idea de superioridad. Los demás no contaban con un apoyo tan grandioso como el del Dios victorioso, el que los había convocado y les había abierto el camino a la hegemonía sobre los otros pueblos. La historia posterior a la elección de Israel, su entrada en Egipto, con lo que fue salvado de la muerte en el desierto; su crecimiento en medio de los explotadores hasta hacerse un pueblo que los intimidaba, aunque hubieran sido esclavizados; los portentos realizados por Yahvé en Egipto para manifestar su preferencia y su intención inmutable de liberarlo del yugo imperial egipcio, llevados al culmen en aquella memorable noche de la Pascua y de la liberación portentosa de la persecución del Faraón, su entrada triunfal en la Tierra Prometida; la construcción del Templo como señal inequívoca de la estancia permanente de Dios en medio de ellos... Todo ello los colocaba en una idea totalmente triunfalista de lo que sucedería con el pueblo cuando fuera guiado por ese Mesías liberador que era continuamente anunciado.... Por eso es tan dolorosa para Israel la experiencia continuada de la deportación, con la cual aparentemente se había perdido el favor de Yahvé. Su infidelidad era vengada terriblemente por Dios. Pero guardaban siempre la esperanza de que aquel tiempo glorioso se reviviera, fuera retomado... El retorno de la deportación fue asumido con el gozo por la gloria recuperada, pero quizás con una mayor humildad... Ya sabían que el haber sido infieles había traído consecuencias totalmente desagradables. Pero seguían con la idea del triunfalismo final, pues ese misterioso personaje poderoso y misericordioso seguía siendo anunciado...

En cierto modo, añoraban el cumplimiento de la profecía de Jacob sobre "el León de Judá": "No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos..." Esto resonaba continuamente en las mentes de todos... Jacob anunciaba que Judá se erigiría sobre todos sus hermanos y que nadie se atrevería a desafiarlo. De Judá vendría de nuevo el poder absoluto de Israel sobre todos los demás pueblos, incluso sobre sus propios hermanos. En todo caso, era de la propia estirpe de Jacob, por lo cual sería igualmente orgullo para todos sus hijos...

Como es natural, todo lo anunciado se cumple, pues Dios es fiel a su Palabra. Ese personaje que vendría en el futuro, ese descendiente de Jacob, de la tribu de Judá, aparece en la historia de Israel. En la plenitud de los tiempos "envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido según la Ley"... Y, en efecto, es descendiente de Israel y pertenecía a la tribu de Judá. Estaba destinado a ser el León de Judá, según lo había pronosticado el mismo Jacob...  Y, según los relatos de las genealogías de Jesús, el Mesías asumía en todo la condición humana. Sobre sus hombros está el resumen perfecto de la historia de Israel, que era la historia que venía a sanar. Entre los ascendientes de Jesús se encuentran personajes plenamente emblemáticos de esa historia: Abraham, Isaac, Jacob, Salomón, David, José... Cada uno es parte de esa historia que va siendo entregada como testigo al que le sucedía... Nada de lo que había sucedido en Israel podía serle extraño al Mesías, pues en su historia anterior está todo incluido: elección, gestas heroicas, conquistas, luchas, esclavitud, liberación, desierto, reconquistas...

Y, sorprendentemente, en esa misma historia de sus ascendientes, encontramos también los peores momentos de ella. Existen personajes que podían resumir todo el mal del mundo: homicidas, prostitutas, adúlteros, idólatras, extranjeros indeseables... ¡En la historia previa del Redentor, entre sus antepasados, hay todas las taras que Él mismo venía a curar, todas las heridas que Él mismo venía a sanar! Si de algo podemos estar seguros es de que para Jesús nada de lo que venía a curar le era extraño, pues en su misma historia pasada estaba presente. La afirmación que hace Isaías sobre el Siervo de Yahvé que "cargó sobre sus espaldas todos los pecados de los hombres", podemos considerarla literal... ¡Estaban en su misma historia! Evidentemente no los realizó Él, pero sí estuvieron tan cerca de Él como que fueron cometidos por sus antepasados...

La historia del Redentor es la historia de la humanidad. Él la asume plenamente sobre sus hombros para restañarla de raíz. Era la única manera de hacerlo, como decían los antiguos: "Lo que no es asumido, no es redimido". Jesús asumió la historia con todos sus rasgos esplendorosos, pero también con todos sus borrones oscurecedores. No fue un extraño, sino que se metió de tal modo en nuestra historia que esa misma historia la hizo suya... Él es el resumen de todo lo bueno y es la sanación de todo lo malo... "Por sus llagas hemos sido curados". Por su obra de perdón y de misericordia nos alcanza la posibilidad de reinar junto a Él y de cambiar radicalmente la historia, eliminando todo lo malo de ella y colocando sólo lo que resplandece en la presencia de Dios...

lunes, 16 de diciembre de 2013

Todo lo Bello me habla de Dios

La filosofía griega es apasionante. Siempre me ha impresionado cómo, en primer lugar, han influido en el pensamiento posterior, echando las bases para las dos grandes rutas que han emprendido los sistemas filosóficos que vinieron luego de ellos... Por un lado, Platón con su idealismo que marcó inmensamente incluso el pensamiento posterior de grandes mentes cristianas, como la de San Agustín. Y por el otro, el materialismo de Aristóteles, que también tuvo seguidores insignes entre los pensadores cristianos, con el gran Santo Tomás de Aquino... Sin duda, les debemos muchísimo a estos hombres... Desde Heráclito y Parménides, Platón y Aristóteles, Sócrates, y tantísimos otros... El culto a la inteligencia se debe principalmente a ellos...

Por supuesto, para un cristiano que está en busca de la Verdad, todo lo que hace elevar el pensamiento natural a las realidades trascendentes, se presenta siempre atractivo... Los filósofos iniciaron con su pensamiento una ciencia natural, llamada Metafísica ("Lo que está más allá de lo físico"), que busca el porqué de todo, las causas últimas de todo lo que existe... En esa ruta, los caminos propuestos y que estaban  a la mano, por habernos creado Dios capaces de acceder a su conocimiento a través de lo creado, fueron recorridos sin ningún temor. Era la empresa más elevada que podía ser considerada por quien quería buscar realmente la causa de la existencia de todo. La filosofía, así, llegó a desarrollar una "Teología natural", absolutamente lícita, llamada "Teodicea", que es un camino posibilitado por Dios mismo al haber dado las capacidades intelectuales a los hombres. En este camino hay una cierta revelación de Dios, pero el trabajo personal, el "gasto", lo hace el mismo hombre, tratando de elevarse a lo que está fuera de su alcance...

Ciertamente Dios está consciente de que este camino es un camino inacabado, imperfecto. Su Ser infinito y trascendente puede ser "atisbado" por la inteligencia humana, pero no podrá ser jamás abarcado en su totalidad, pues la mente del hombre podrá llegar sólo al umbral de su conocimiento. Lo grande de las tremendas mentes de los filósofos griegos es que tomaron este camino sin sentirse de ninguna manera intimidados por lo magnífico que resultaría aquello que estaban por descubrir... Las cinco vías de Aristóteles para probar la existencia del "Ser", en su momento, fue una paso inmensamente grande. Ciertamente hoy sabemos que son insuficientes, como lo hubiera sido cualquier otra vía para tratar de "agarrar" a Dios. Pero sí abrió la senda por la cual miles después de él empezaron a recorrer un camino hermoso de encuentro con Dios. Entre ellos se encontró Santo Tomás de Aquino, que "bautizó" esta teología filosófica o natural, esta Teodicea...

Estos filósofos griegos recorrieron el camino, repito, sin intimidación. Y entre las cualidades que descubrieron en Dios, según ese desarrollo natural de su pensamiento, estuvo: "Dios es Uno, Bueno, Verdadero y Bello". Eran consecuencias lógicas que debía tener ese Ser superior, trascendente, elevado, razón última de la existencia de todo... Sin duda alguna, es necesario tener un pensamiento profundo para poder llegar a estas conclusiones...

Quisiera fijarme, fundamentalmente, en la cualidad más atractiva a la vista de los hombres que descubrieron estos filósofos: Dios es Bello... La belleza es una de las cualidades naturales de Dios, pues en Él todo apunta a la perfección. La belleza, es por definición, perfección. Y en todo lo que podamos descubrir de bello y perfecto en la creación, podremos ver, sin duda alguna, un reflejo de Dios. Fue la belleza de lo creado, las manifestaciones perfectas de todo lo que existe, los espectáculos maravillosos que se presentaban en la creación, lo que hizo que las mentes de los hombres antiguos y nuevos, sintieran una especial comunión con Dios. Si existen tantas cosas bellas en la creación, debe existir algo mucho más bello que está por encima, que lo haya creado... Hay algo que debe ser la causa de la belleza, y su belleza, lógicamente, debe ser superior...

¿Cómo no sentirse arrobado ante el espectáculo hermoso de un atardecer rojizo, o de un amanecer maravilloso? ¿Cómo no elevarse ante las sublimes notas de una música que acaricia el viento con sus notas melodiosas? ¿Cómo no arrobarse ante la belleza de un recién nacido en el que todo es perfección en escala mínima? Todo nos habla de la perfección y de la belleza de Dios. Con razón los grandes filósofos griegos no tuvieron otra opción que aceptar, sólo por la intuición de su inteligencia, la existencia de un Ser que fuera la suma de todas las perfecciones y de toda la belleza... Es imposible para un  espíritu sensible no rendirse ante tantas evidencias...

La belleza de Dios es el mejor camino para llegar a Él. Su reflejo en la belleza de todo lo creado es uno de los caminos más seguros que tenemos para percibirlo, para sentirnos en Él, para entrar en plena sintonía con su amor... Por eso, la visión de Balaán se basó en la contemplación de las bellezas de las tiendas de Jacob y de las moradas de Israel, en las cuales se reflejaba a Dios. Israel salía al encuentro de Dios apoyándose en la belleza de sus construcciones, de sus tiendas y moradas. Allí estaba Dios...

La estética es el camino más seguro para llegar a Dios. Es la ciencia por la cual descubrimos la belleza de Dios a través de la belleza de las cosas creadas. No perdamos este instrumento que pone nuestra misma mente, y nuestro mismísimo Dios para llegar a Él y contemplarlo radiante en nuestras vidas...

domingo, 15 de diciembre de 2013

Este cuento de niños sí se hace realidad

Los tiempos futuros son idílicos, utópicos. Son una realidad que se cumplirá, pues ya empezó a cumplirse en Jesús. Los relatos de Isaías son casi como cuentos infantiles en los que todo es armonía, paz, serenidad, concordia. En ellos absolutamente todas las situaciones ideales se consiguen, todas las condiciones para la paz se dan, todas las obras de la justicia se cumplen. Para un mente pesimista, se quedan en eso... Simples relatos bonitos, pues es imposible que se den de verdad... Por eso, para ellos algo idílico o utópico es algo simplemente imposible, una "mentira piadosa" que se creen sólo los incautos... Una utopía es algo que está por encima de los cielos, una realidad inalcanzable y que jamás podrá ser realidad. Es lo que sucede, según la filosofía, en el "topos uranos", es decir, más allá de Urano, lejanísimo... En ese sentido, como somos sombras de aquella realidad ideal, la que se da más allá de Urano, que en definitiva sería la única realidad verdadera, a nosotros nos llegará siempre la realidad deformada. Nuestra realidad será, en efecto, siempre una sombra, una oscuridad, una penumbra, de aquella realidad idílica, la única verdadera, pero que nunca disfrutaremos... Es una actitud absolutamente pesimista de la vida que domina a muchos, aunque no sea tan claramente como se ha descrito...

En todo caso, los cristianos somos los hombres del idilio, de la utopía. Porque somos los hombres de la esperanza, fundada en las promesas idílicas y utópicas de Dios al pueblo de Israel. Aunque para Dios somos niños de pecho, tal como Él mismo nos define, y como igualmente nos trata, pues nos llama "gusanito de Jacob", como si fuéramos algo tan entrañable para Él que merecemos esos sobrenombres, cuando nos habla de la realidad futura que viviremos al restablecerse todas las cosas para estar definitivamente bajo su mando, no nos está relatando un cuento infantil, sino que nos está describiendo la realidad verdadera que viviremos. No nos está engañando. Y es tan sorprendemente bella esa realidad que no terminamos de creérnosla. Los "hombres maduros" prefieren quedarse en su pesimismo "maduro", evitando ser engañados por cuentos infantiles... Colocan las descripciones que hace Dios de esa situación futura al mismo nivel que los relatos de Supermán, o de Batman, o de Archie, o del Capitán América...

Lo cierto es que nuestra fe nos invita a hacernos como niños también en esto. Si Dios nos dice que esa será la situación que viviremos, no nos engaña. Mal pretendería engañarnos quien ha dado todo por nosotros. Quien ha demostrado el mayor amor por el hombre al entregarse a los sufrimientos más crueles e inhumanos y al morir trágicamente en una Cruz como altar de oblación y de sufrimiento, de ninguna manera pretenderá engañar prometiendo un futuro que se alcanzará con seguridad absoluta gracias a ese sacrificio que ha realizado. A menos que haya sido un enajenado, jamás se hubiera entregado, jamás hubiera cumplido ese paso tan amargo, sabiendo que lo que promete no llegaría a cumplirse como lo anunciaba. Sólo un loco lo hubiera hecho. Y si Cristo demostró algo en su vida fue que era el hombre más cuerdo que ha pasado sobre la tierra... Si alguna locura sufrió fue la del inmenso amor que nos tenía, que lo llevó a realizar obras impresionantes a nuestro favor...

Así, en el itinerario de la esperanza nos alimentamos de lo que es anunciado y que ha empezado a cumplirse... Y lo que más sustenta esa esperanza es que los menos favorecidos, pasarán a ser los primeros... "Fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes, digan a los cobardes de corazón: 'Miren a su Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y los salvará'"... Dios anuncia la llegada de su poder a favor de los más desplazados, de los más oprimidos. Será el momento del "desquite", que no será venganza, sino justicia. Aquellos que más han sufrido, empezarán a gozar. Los que habían perdido toda esperanza, empezarán a ver la claridad... "Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mundo cantará..." Y es realidad cumplida ya, que ha empezado a verificarse con la venida del Redentor... Juan Bautista envía una "embajada" para preguntar a Jesús: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?" Y no pregunta porque él no lo supiera, sino porque quería que sus discípulos se convencieran de que Jesús era el Mesías al que estaban esperando...

La respuesta de Jesús es clara. Lo que anuncia Isaías se está cumpliendo en Él y con la obra que está realizando en medio del pueblo: "Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio... ¡Dichoso el que no se escandalice de mí!" Isaías habló mucho tiempo antes de este Jesús que ahora recorría los caminos de Israel, y de las obras que realizaría en el nombre de Dios. Eran las obras que confirmarían que Dios estaba instaurando definitivamente su Reino entre nosotros. ¡Ya Dios está presente! ¡Ya se está cumpliendo la palabra! ¡El Mesías Redentor ha empezado su obra, que ya no terminará, sino que será llevada a la plenitud en el fin de los tiempos! ¡La esperanza de los hombres tiene un fundamento sólido! ¡Los más débiles, los menos favorecidos, los desplazados y oprimidos reciben el favor de Dios!

Es tiempo de alegría, pues es tiempo de la obra de la esperanza, del cumplimiento de todas las expectativas que se habían creado en torno del Dios Amor que promete tiempos idílicos y utópicos. Sólo haciéndonos sencillos, humildes, pequeños delante de Dios, lo gozaremos, haciéndonos los más grandes en el Reino de los Cielos. Hay que tener corazón de niño, sencillo, humilde, pequeño, delante de Dios, para hacernos más grandes que el más grande nacido de mujer, que Juan Bautista, para reinar con Jesús en la eternidad, cumpliendo perfectamente todas las expectativas, incluyendo las más altas e impensables...

sábado, 14 de diciembre de 2013

¿Entonces sí hay reencarnación?

Juan Bautista es el nuevo Elías... Así nos lo dice Jesús mismo... "Elías ya ha venido y no lo reconocieron... lo trataron a su antojo". La figura de Elías es una figura de las más resaltantes en el pueblo de Israel. Junto a Moisés, ambos representan como el resumen de todo lo que Israel recibió de parte de Yahvé. Moisés representa la Ley y Elías representa a los Profetas. Y el Antiguo Testamento se resume en eso: en la Ley y los Profetas. Elías es el "Profeta de fuego", que fue arrebatado a los cielos en una imagen misteriosa que nos ha dejado el relato. En él se resume todo el mensaje que Dios quería dejar saber a su pueblo. Todos los profetas tiene en su centro la labor que realizó el mismo Elías entre ellos. Su sucesor, Eliseo, para tener verdadera autoridad profética, recibió parte del espíritu de Elías. Sólo eso lo hizo ya un auténtico profeta...

Es tan central esta figura de Elías en la institución profética de Israel, que en el misterioso prodigio de la Transfiguración del Señor, él junto con Moisés, aparece en una conversación animada con Jesús. Moisés y Elías, que son el resumen de todo el Antiguo Testamento, están en diálogo con Jesús, que es el Nuevo Testamento. Es como lo que sucede en las carreras de relevo en el atletismo. Moisés y Elías hacen como si estuvieron rindiendo cuentas de lo que hasta ese momento habían hecho, y pasan el "testigo" a Jesús, a quien le correspondía seguir adelante el trabajo y llevarlo todo a su plenitud... "Hasta aquí hemos llegado nosotros. Te hemos preparado bien el terreno. Hemos cumplido bien lo que el Padre nos encomendó. Sabemos bien que ahora te toca a ti llevar adelante todo y hacerlo alcanzar su plenitud. Toma el testigo, valiente, y echa a andar..." Los Apóstoles presentes, Pedro, Santiago y Juan, los identifican perfectamente. No porque los hubieran visto antes o porque tuvieran una "fotografía" de ellos -¡faltaba muchísimo para que la inventaran!- sino porque recibieron la iluminación de Dios para que los pudieran reconocer...

Este Elías, fundamental en la historia de salvación que se desarrolla en el Antiguo Testamento, aparece de nuevo, entonces, en el Nuevo Testamento. Pero se nos plantea una cuestión muy seria... ¿Cómo aparece Elías? ¿Es una "reencarnación" de lo que se está hablando? ¿No contradice esto a lo que siempre ha enseñado la Iglesia sobre el absurdo de pensar que la reencarnación pueda suceder? Si es así, ¿por qué Jesús dice que ya Elías ha aparecido de nuevo, pero no lo reconocieron?

La filosofía y la religión orientales nos han hecho mucho bien, en cuanto nos han invitado a interiorizar más, a dar más importancia a lo espiritual, ante una filosofía occidental excesivamente materialista. Es muy propio de "lo oriental" la invitación a cultivar más el crecimiento espiritual, incluso por encima de lo exterior. Pero ha entrado no sólo con esta invitación, sino que nos ha contaminado igualmente con su panteísmo, con su esoterismo, con sus ideas energizantes de lo divino, con el cultivo excesivo del ego como casi único templo espiritual en el que encontrar a Dios. Y, además, nos han hecho creer en un ciclo inacabado e interminable de "sucesiones de existencias", en la reencarnación... Ciertamente los reencarnacionistas "hacen fiesta" con estas afirmaciones de Jesús, pues sin un discernimiento crítico y consecuente con sus pensamientos y actuaciones de dichas afirmaciones, las entienden como el espaldarazo definitivo a sus creencias.

Sin embargo, para no equivocarse en el camino del discernimiento acerca de lo que Jesús dice, es necesario asumir lo que Él mismo dice globalmente, lo que hace y lo que han entendido sus discípulos... El mismo Jesús sobre Juan Bautista dice que "no ha nacido de mujer nadie mayor que él, pero que cualquiera que se haga sencillo será más grande en el Reino de los Cielos", lo cual habla de un único nacimiento, no de sucesivos nacimientos. El hecho de la Redención hace en sí misma absurda la idea de la "autoredención" por sucesivos nacimientos, que es lo que en última instancia propondría la reencarnación. Sería una especie de "autoredención" en sucesivas encarnaciones, que harían innecesaria la obra de quien murió en la Cruz para la definitiva y única Redención de la humanidad... San Pablo, por otro lado, afirma rotundamente que "está establecido que el hombre muera una sola vez, y después, el juicio..." Comprendió perfectamente lo que al final de sus días sucedería con el hombre...

Entonces, ¿qué es lo que quiere decir Jesús cuando se refiere a Juan Bautista como a Elías que ha parecido de nuevo? Tenemos que entender que Jesús, más que de reencarnación, habla de encarnación. Juan Bautista ha "encarnado" de nuevo, en el inicio de su obra redentora, los valores, los principios, las palabras, las acciones que realizó Elías en su momento... Juan es de nuevo Elías que se ha hecho presente en medio del pueblo de Israel, con la misma palabra de fuego que invitaba a los israelitas a abrirse a la acción del Dios del amor y de la misericordia, pues es la "Voz que clama: en el desierto preparen el camino del Señor". Aquel Elías que echó las bases de la presencia de la voz de Dios en medio del pueblo, es ahora Juan Bautista, que ha sido enviado como el heraldo de Jesús, para invitar al pueblo a preparar su corazón, mediante la penitencia, a recibir la obra de salvación que Jesús venía a realizar. Es voz de conversión, de invitación al encuentro con la misericordia. Es voz valiente que no se arredra ante las amenazas, que no tiene ningún miedo a la autoridad, que no se para en las búsqueda de palabras melifluas para endulzar un mensaje que por sí mismo debe ser acuciante y apremiante, para no dejar pasar la oportunidad...

Juan Bauitsta es, como lo fue en el Antiguo Testamento, Elías, que con su voz invitaba a recibir a Dios y era palabra de fuego que encendía los corazones de los hombres. Era la fidelidad hecha hombre y palabra, para ser vista y oída por todos los que iban a ser beneficiados con la obra de amor y redención que venía a cumplir Jesús en favor de todos...

viernes, 13 de diciembre de 2013

Te elijo porque hubiera podido no elegirte

Somos expertos en contradicciones. En general, nos cuesta estar conformes con lo que buscamos, cuando lo tenemos. Quizá esa sea la clave, en lo que se refiere a lo bueno, para avanzar siempre. Se nos ha enseñado que tenemos que estar siempre en búsqueda de lo mejor para por lo menos adelantar; a no contentarnos con los mínimos para no caer en la mediocridad. En los Cursillos de Cristiandad se enseña a colocarse ideales cada vez mayores, como clave para que el hombre avance hacia la plenitud. Y se dice que el ideal mayor es la Gracia, el mismo Dios habitando en nuestro ser, para poder decir que hemos llegado a nuestro máximo nivel. El ideal es lo que definirá nuestra tensión vital. A ideales más grandes, la vida será más intensa, más rica. Un hombre sin ideales, o con ideales "chucutos", tendrá una vida vacía, igualmente "chucuta".

Pero no me quiero referir a esta inquietud legítima y enriquecedora que nos hace crecer, sino a la inconformidad y la crítica que nos empobrece, en cuanto no nos hace sentirnos satisfechos con ninguna de nuestras realizaciones, con ninguna de nuestras experiencias. Los hombres continuamente insatisfechos están, igualmente, continuamente frustrados. Nada los contenta, todo les molesta, no son capaces de mirar más allá de sus narices y de descubrir las riquezas que tienen a su alrededor. Se colocan ante los ojos un manto negro que les oscurece todo el panorama... Recuerdo una vez que una señora me comentó en una charla que estaba dando: "Padre, si Dios nos quiere felices, ¿por qué no nos impidió ser infelices? ¿No hubiera sido mejor que nos impidiera pecar, que nos impidiera alejarnos de Él, que nos impidiera hacer el mal?" No estaba mal encaminada su inquietud, pues es el camino más fácil para "ser fieles" a Dios... Yo le respondí que de haber sido así, nuestra elección de Dios no hubiera tenido entonces ningún mérito, pues no se hubiera presentado una alternativa, una opción distinta. La elección de Dios tiene valor precisamente porque podemos no elegirlo, porque tenemos otra alternativa, porque al elegirlo a Él lo estamos valorando más que lo que se le opone... De no ser así, nuestro camino sería una calle ciega, una dirección obligada, tomada sin libertad, sino porque simplemente no existía otra opción...

También le dije a la señora: "Suponte que Dios no nos hubiera dado opción, no nos hubiera hecho libres para elegirlo y amarlo... Estoy casi seguro que tu pregunta hubiera sido hecha en otro sentido: 'Padre, ¿Por qué Dios no nos dejó la opción de elegirlo libremente? Al no hacerlo, ha coartado nuestra libertad... Luego, no nos ama realmente..'" Es nuestra continua historia... La inconformidad y la crítica son muy buenas para lo bueno, pero son paralizantes cuando gastamos sus energías en simples rebeldías... No nos enriquecemos con ellas, y por ello estamos cuestionando siempre todo... Si hace frío, nos quejamos del frío. Si hace calor, nos quejamos del calor... Si vamos a la playa, hubiéramos preferido la montaña. Si vamos a la montaña, hubiéramos preferido la playa.... Si el cura de la parroquia tiene carro, lo criticamos porque se ha gastado un dineral en él. Si no lo tiene, lo criticamos porque no sabemos en qué gasta todo su dinero... Si va con alguna señora, ya pensamos mal de él. Si va con un señor, pensamos peor. Si va con un grupo de jóvenes, lo crucificamos. Si está solo, es un antisocial... Si la vecina no saluda, es mala gente. Si se para a hablar un rato con nosotros, es inaguantable con sus cuentos... Si alguien progresa en su trabajo, alguna jugada extraña habrá hecho. Si no progresa, es un incapaz...

Jesús mismo nos pone la crítica al frente: Esta generación "se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: 'Hemos tocado la flauta y no han bailado; hemos cantado lamentaciones y no han llorado...'" Es una historia triste de la humanidad. La crítica inconforme de todo lo que sucede alrededor, que nos hace la peor jugada... "Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: 'Tiene un demonio'. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Ahí tienen a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores'". Por esa continua crítica rebelde dejamos pasar las riquezas más grandes ante nuestra vista, pues ni aprovechamos lo que nos dice Juan para prepararnos a la venida del Señor, ni aprovechamos lo que hace Jesús a nuestro favor, redimiéndonos, salvándonos y abriendo las puertas del cielo para nosotros, simplemente porque "no nos cuadra"...

Nos hemos erigido nosotros mismos en la medida supuestamente ideal. Todo debe ser hecho según nuestro criterio. Todo debe ser pensado según nuestro pensamiento. ¡Y que a nadie se le ocurra criticarnos! Decimos: "Así soy yo,  no voy a cambiar... ¡A mí que me acepten como soy!" ¿Con qué derecho decimos estas cosas? ¿Acaso los que estamos alrededor tenemos obligación de aceptar lo malo que tienen otros, simplemente "porque yo soy así y no voy a cambiar"? ¡De ninguna manera! Si tu manera de ser es perjudicial, debes cambiar. Si esa manera de ser tuya hace daño, nadie tiene la obligación de aceptarte como eres... En función del amor mutuo, en función del bien mayor, se debe cambiar. Y punto. No son necesarios más argumentos. Quizá por empeñarnos en creernos perfectos, los hombres estamos perdiendo la posibilidad de avanzar por caminos realmente enriquecedores, totalmente compensadores.

El mejor regalo que podemos hacernos nosotros mismos es apuntar nuestras baterías hacia la crítica constructiva de nosotros mismos, sin empeñarnos en criticar todo lo demás simplemente "porque no nos cuadra". Lo ideal es que, mientras no estemos avanzando en el camino de la perfección "no nos cuadremos nosotros mismos". Es la manera de retomar el camino hacia esa perfección que nos pide Jesús, la manera de avanzar al encuentro de Dios, que es el Ideal mayor, el que elegimos con total libertad y por el que optamos y valoramos más altamente, y ponemos nuestra vida en función de Él...

jueves, 12 de diciembre de 2013

Mi Madre Latinoamericana

Tan temprano en nuestra historia de evangelización como en el año 1531, la Virgen María se vino a América. Y se presentó a uno de los más sencillos del pueblo que apenas estaba conociendo el Evangelio. Eran los primeros pasos de la fe en nuestras tierras, y María se vino de la mano del misionero para darse a conocer en persona como Madre... El Indio Juan Diego, San Juan Diego, con su fe sencilla, sin aspavientos, pero sólido en sus convicciones y en sus vivencias, recibe la visita de la que es la Madre de todos los cristianos, como el mismo Jesús lo expresó como deseo y como orden: "Ahí tienes a tu Madre", le dijo a Juan, en el que estábamos representados todos los hombres y mujeres. Y se presentó como Guadalupe...

María ha entendido muy bien su papel en la historia de la salvación. No es como absurdamente nos acusan algunos agresivos hermanos que no están en plena comunión con la Iglesia Católica. Ni la adoramos ni creemos que Ella sea causa de salvación. La adoración, estamos muy claros, es un culto que se debe sólo a Dios. La "latría", en todo caso, la han ejercido otros que se han puesto al servicio de sí mismos, de las cosas, de los honores o del prestigio, de sentimientos negativos... Dejando a un lado el amor, el servicio, la entrega, la adoración al único Dios, han colocado realidades absolutamente pasajeras, que desaparecerán, en el lugar que sólo a Él le corresponde... Los cristianos vemos en María a un personaje ilustre, esencial en nuestra historia de salvación, reconocida por el mismo Arcángel Gabriel y por su prima Isabel, como la mujer y el personaje más ilustre de toda la humanidad.

Las palabras del Arcángel: "Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo", no han sido inventadas por ningún hombre. Fueron las mismas palabras con las que ese enviado de Dios a dar el anuncio más feliz de toda la historia, saluda a María. Según algunos entendidos, cuando el Ángel llama a María "Llena de Gracia", la expresión correcta es "llena con toda plenitud", es decir que en María existía toda la plenitud de la Gracia que podía haber en cualquier ser humano... Es un saludo que reconoce el asiento de la plenitud de la santidad que existía en aquella mujer que había sido preservada del pecado original en atención a los méritos que haría su Hijo en el futuro. Para el Dios del Eterno Presente, el futuro se hizo realidad en María anticipadamente...

Pero es también su prima Isabel la que luego reconoce esa primacía de María entre los seres humanos: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre"... Llamar "Bendita entre todas las mujeres" a María, su prima, no puede ser hecho sino bajo el influjo de un conocimiento de lo maravilloso que había sucedido en Ella. Para Isabel está claro que la persona de María destaca por encima de la de todas las demás. No debe haber sido un simple saludo, sino la afirmación de una convicción que se tiene previamente, sea por vía natural o sea por vía sobrenatural. Y esto se confirma por lo que luego dice: "Bendito sea el fruto de tu vientre", en el reconocimiento expreso de que el ser que se desarrolla en el vientre de María no es un hombre cualquiera... Ella misma lo dice cuando responde al saludo de María: "¿Cómo es posible que venga a mí la Madre de mi Señor?" El título de "Señor" es título divino, mesiánico... Sólo Dios es el Señor. Isabel está reconociendo la divinidad de Aquél que está en el vientre de María. Se equivocan quienes tildan de absurdo el título que legítimamente se le da a María al llamarla "Madre de Dios". Es un título que le da la misma Biblia y que está clarísimo en el Evangelio, en las palabras de Isabel. La "Madre de mi Señor" es la "Madre de Dios". Y aquí no es posible una interpretación diversa...

Pues bien, esa que es la "Llena de Gracia" y la "Madre de Dios", la que fue regalada a los hombres por el mismísimo Jesús como Madre, es la que recordamos en este día. Es la Madre que recibió el anuncio del Ángel, la que fue despreciada y luego recibida en su casa por José, la que dio a luz en Belén en un pesebre, la que recorrió los caminos de Nazaret... La misma que siguió con fidelidad durante toda su vida a su Hijo, quizás habiéndole enseñado la manera "humana" de amar con corazón dulce y tierno... Es la que invita a todos los hombres a "hacer lo que Él les diga", pues sabe muy bien que su tarea no es la de ponerse en el centro del mensaje, sino que está bien consciente de que es su Hijo el Redentor, el Dios al que hay que servir... Ella misma reconoce que las obras maravillosas que suceden a su alrededor en nada tienen que ver con Ella o con su voluntad, sino que son obras del Dios del amor: "El Señor ha hecho obras grandes por mí", afirma claramente. No es Ella la autora de las obras, sino Dios... Pero también, con la humildad natural de quien se sabe nada delante de Dios, proclama que será "llamada bienaventurada por todas las generaciones". Sólo los mezquinos no lo harán, pensando que con eso le hacen algún daño, sin percatarse de que los primeros perjudicados son ellos, pues se niegan a recibir todo el amor maternal que Ella está bien dispuesta a dar...

Hace muchos años, cuando el Evangelio empezaba a recorrer nuestras tierras latinoamericanas, la Virgen vino a nosotros en la advocación de Guadalupe. En Juan Diego siguió diciéndonos a cada uno "Hagan lo que Él les diga". Se convirtió en la principal intercesora de nuestras necesidades, como lo hizo con aquellos jóvenes esposos en Caná: "Se les acabó el vino", le dice a Jesús, de quien Ella sabía que podía salir el favor que necesitaban estos esposos. Es la intercesora natural delante de Jesús. Ya lo hizo aquella vez y lo seguirá haciendo siempre. No dejará de estar a nuestro favor. Y desde 1531 lo sigue haciendo amorosamente en América Latina, tal como Jesús se lo encomendó.

Tenemos una Madre que se ocupa de nosotros. Que nos sigue indicando el camino para caminar hacia su Hijo, el Redentor, que está pendiente de nuestras necesidades y que está colocándolas delante de su Hijo, que sigue llevándonos de su mano con dulzura para encontrarnos con Dios... Es una mano suave, tierna, amorosa, maternal, como no existe ni ha existido ninguna otra más sobre la tierra... Guadalupe,la Emperatriz de América, es la misma María que se ha hecho presente en el Pilar, en Coromoto, en Lourdes, en Fátima..., para seguirnos diciendo con voz suave y tierna: "Hagan lo que Él les dice"...

miércoles, 11 de diciembre de 2013

No nos hundiremos

En ningún momento los hombres estamos solos. El problema radica en que teniendo la mano de Dios tendida hacia nosotros, miramos hacia otra parte y despreciamos muchas veces ese apoyo que es seguro e indudable, y preferimos pasar a confiar en otras realidades que no son tan sólidas como el amor... Una vez escuché a un charlista diciendo que Jesús en el Evangelio nunca habló de sí mismo, en el sentido de que nunca se hizo propaganda. Y lo decía como queriendo acentuar la absoluta humildad de Jesús, sobre la cual no tengo ninguna duda, cuando presentaba al Padre como Aquél al que había que seguir, al que había que amar, al que había que servir... En ese sentido, tenía razón, pues Jesús tenía muy clara su misión, la que le había encomendado el mismo Padre y que Él había aceptado con obediencia y sumisión total de Hijo... "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad", dijo eternamente el Verbo de Dios ante el Padre... Y, como dijo San Pablo, Jesús "aprendió, sufriendo, a obedecer". Y por esa obediencia extrema alcanzó la Redención de los hombres y con ello, cumplió perfectamente la misión que le había sido encomendada... En ese sentido, Jesús es el modelo perfecto de obediencia, que nos sirve a todos para avanzar por las mismas rutas para perfeccionarnos...

Pero aun cuando la afirmación en el sentido que hemos dicho es cierta, no lo es en el sentido general, pues Jesús en el Evangelio sí habla de sí mismo, y, en cierto modo, se hace propaganda para acompañar al hombre, si éste lo acepta, en el camino del crecimiento, de la fe, de la confianza, del alivio y del consuelo... La obra de Jesús no terminó con su muerte en la Cruz, ni con su gloriosa resurrección. No hay que pensar que después de culminada la obra redentora, Jesús "se fue", desentendiéndose del mundo y del hombre. Es imposible que así sea, pues la obra de Cristo no fue sino el primer paso en la ruta de la plenitud que, aun cuando se alcanzó con su Pascua, necesita ser aún llevada a su desarrollo total, pues se dio, pero aún falta... Es el "Ya pero todavía no", del que habla tan acertadamente Pablo... La Redención es ya una realidad alcanzada, pero tiene que llegar a todos y a todo, hasta ser vivencia de plenitud al final de los tiempos...

Por un lado, Jesús nos ha prometido su presencia en esta etapa de "desarrollo" de la Redención. Antes de ascender a los cielos Él mismo le dijo a los Apóstoles: "Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos". Pero, además, esa presencia suya se hace real, sacramental, en diversas circunstancias de la vida del cristiano... En primer lugar, en la misma Eucaristía, presencia más densa de Jesús en la historia humana. Según las mismas palabras de Jesús, que no nos puede engañar, el Pan Eucarístico es "Mi Cuerpo que será entregado por ustedes" y el Vino Eucarístico es "El Cáliz de mi Sangre...; Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por todos los hombres para el perdón de los pecados". No es un mero simbolismo, como lo pretenden algunas seudointerpretaciones vaciadores del sentido sacramental de la Eucaristía. Jesús está realmente presente en el Pan y en el Vino de la Eucaristía, y se sigue entregando, ciertamente ya sin pasión, produciendo los mismos efectos de salvación que los de la Última Cena con los Apóstoles... Pero, además, podríamos hablar de otras dos presencias reales de Jesús: En los pobres y en la oración. En sus mismas palabras nos ha dicho: "Cada vez que lo hicieron con uno de estos pequeños míos, a mí me lo hicieron", con lo cual nos estaba confirmando su presencia en los más humildes y sencillos, y que, por lo tanto, actuar con amor a favor de ellos es hacerlo a favor del mismísimo Jesús. Y nos dijo también: "Cada vez que se reúnan en mi nombre, allí estaré yo en medio de ustedes". La oración hecha en el nombre de Jesús es la seguridad de su presencia entre nosotros. Pobres y oración, además de la Eucaristía, son presencias reales de Jesús en nuestra historia...

Pero, en la dinámica del amor tierno y providente de Jesús por los hombres, es necesario destacar una "cuarta" presencia suya en nuestra historia. La del que está dispuesto siempre a ser alivio, consuelo, apoyo, en las dificultades que tendremos los hombres. Notemos bien que Jesús no ofrece su presencia para hacer desaparecer los problemas. Nos equivocamos cuando decimos que estar con Jesús es asegurar la serenidad plena, en el sentido de que todos nuestros "problemas" estarán resueltos o que Él nos los evitará. Jamás eso nos lo dice Jesús... Si al caso vamos, lo que nos dice Jesús es todo lo contrario. En el "Apocalipsis" de Lucas, en las Bienaventuranzas, y en varias otras oportunidades más bien nos pinta un panorama bastante distinto al de esa supuesta serenidad que muchos piensan... Nuestra fidelidad a Él nos traerá pruebas, persecuciones, dificultades... No nos engaña Jesús, ni quiere "endulzar" nuestra realidad futura si estamos bien dispuestos a seguirle fielmente...

Pero lo que sí nos asegura Jesús es que en ninguno de esos momentos estaremos solos. "Yo los aliviaré", nos asegura. No nos dice: "Yo les evitaré los problemas", sino que se ofrece como apoyo, fortaleza, alivio y consuelo en medio de ellos... Por eso, con Pablo debemos tener la certeza de que "en todo eso vencemos, por Aquél que nos ha amado", y de que "todo lo puedo en Aquél que me da la fortaleza"... No somos muy inteligentes, por lo tanto, cuando preferimos quedarnos solos, no permitiendo a Jesús ser nuestro mejor apoyo. No hacemos las cosas correctamente cuando empezamos a quejarnos de Dios cuando sufrimos, y no le damos la oportunidad de ser de verdad nuestro apoyo. Es posible que lleguemos a un punto en el que pensemos que ya no hay nada de lo cual agarrarse para poder surgir victoriosos de en medio de las pruebas y de las dificultades. No jugaremos bien este juego si nos desligamos del único vínculo que nos puede llegar a quedar en algún momento oscuro... En el peor de los momentos, en el más oscuro de los tiempos, cuando pensamos que ya no hay más nada por hacer, nos queda la mano tendida de Jesús: "Vengan a mí los que están cansados y agobiados, que Yo los aliviaré"... ¿Cómo no aprovechar esa mano poderosa y amorosa que está para agarrarnos y ayudarnos en el peor momento? ¿Cómo no hacer lo que hicieron los Apóstoles cuando vieron que se hundía la barca y clamaron a Jesús: "¡Señor, sálvanos, que nos hundimos y pereceremos!"? ¿Cómo no tener la confianza que tuvo Pedro en Jesús cuando empezó a hundirse al sentir el viento mientras caminaba sobre las aguas: "¡Señor, sálvame!"? La realidad es que Jesús jamás permitirá que nos perdamos, que nos hundamos. Le hemos costado un precio muy alto para dejarnos a la intemperie. Por eso podemos tener la absoluta certeza de que estamos en sus manos. Incluso cuando pensemos que todo está perdido, no es verdad, pues la mano de Jesús está allí, sosteniéndonos. Y esa mano es poderosa, tanto, que venció a la muerte. Y si ha vencido a la muerte, podrá vencer cualquiera de nuestras dificultades. Es el músculo del amor tierno y misericordioso de Dios que está favor de nosotros, por lo cual jamas seremos vencidos... Basta que nos tomemos de Él para experimentar su amor todopoderoso, que vence cualquier sufrimiento, cualquier dificultad. Y que está siempre a nuestro favor... No cometamos la torpeza de quedarnos solos. Sería la peor elección que haríamos en nuestra vida...

martes, 10 de diciembre de 2013

Dios me ama con ternura infinita

Una de las ideas que mueven más mi espiritualidad es la de saber y experimentar la ternura infinita de Dios. Los hombres estamos necesitados de mucha ternura, y Dios está muy bien dispuesto a dárnosla continuamente. Estoy convencido de que Dios nos ha creado con ese fin: el de ser tierno con nosotros, porque nos ama infinitamente... Me imagino la figura de Dios conmigo, como la del papá o la mamá con su niño recién nacido. En estos días ese amor de los padres hacia sus hijos recién llegados lo he experimentado de primera mano... Una prima mía acaba de tener a su chamito, Julio César, y ella, su esposo, su hermana y sus abuelos, están en una actitud de ternura impresionante. Una amiga acaba de traer al mundo a Lourdes y ya los orgullosos padres han mostrado a todos las fotos de la niña... Otros amigos y familiares le han regalado al mundo el fruto de su amor y han vivido todos esos momentos con una ternura tremenda... Hace unos días he bautizado a varios niños. Y he vivido en carne propia el amor y la alegría de sus padres, viendo cómo sus niños nacen no sólo a la vida natural, sino también a la vida espiritual; cómo, de hijos suyos, se enriquecen con el ser hijos de Dios... Así he vivido la alegría de María Paz y de Mía, y las caras orgullosas de sus madres, de sus familiares y de sus amigos...

Estas experiencias me confirman aún más cada vez en la conciencia que tengo de un Dios tierno conmigo y con todos... Si los padres de estos niños son así de tiernos con ellos, infinitamente más lo es mi Padre Dios conmigo... Somos hechura de sus manos, y hemos sido creados "a su imagen y semejanza", lo cual quiere decir que en nuestras cualidades no hacemos más que participar de las de Él. Y nuestra participación es en un grado muy inferior a las originales suyas... Participamos de la ternura divina, somos tiernos porque Él lo es. Con la única diferencia que nuestra ternura es limitada y la de Él no tiene límites, pues en Él todo es infinito... Vivo, por lo tanto, en un baño continuo de la ternura de Dios por mí, al extremo de que en todo lo que vivo no hago más que imbuirme más y más en ella, me baña Dios de su amor hecho ternura por mí, compruebo cada segundo, incluso en los momentos "malos", que no tengo otra certeza que la de su ternura, la de su protección, la de su providencia infinita, la de su consuelo y alivio en mis dificultades, la de la alegría vivida con mayor plenitud a su lado...

Y para mí, vivir esa ternura me compromete con Él, con su amor y con su ternura... Me hago consciente de que debo ser instrumento de ese amor para que le llegue a todos mis hermanos. De que no puedo quedarme con una experiencia tan hermosa y tan entrañable para mí solo... El amor no me lo permite, pues no sería entonces realmente amor, sino narcisismo. Dios me da su amor y su ternura, para que yo se los lleve a los hermanos, porque también los amo. Así como amo a Dios, debo demostrar ese amor que le tengo, amando a los demás. Es lo que tan acertadamente dice San Juan: "Quien dice que ama a Dios, a quien no ve, pero no ama a su hermano, a quien ve, miente"... Y yo no quiero ser mentiroso con Dios. Es más, es imposible serlo con Él... Por eso, amarlo es, simultáneamente, querer que todos vivan en su amor, que todos sientan su amor y su ternura, que todos experimenten lo entrañable de estar bien resguardados en ese corazón que es hecho de amor infinito...

Por eso, quiero hacerme como aquello que dice Isaías... Quiero ser "la voz que grita: En el desierto, prepárenle el camino al Señor, allanen en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y  lo escabroso se iguale"... Que mi voz llame a todos a acercarse al Señor, a que preparen una senda por la que venga Dios a sus corazones y los llene de la máxima y más entrañable ternura, que experimenten el ser los niños de Dios a los que trata con la mayor de las delicadezas... Que para cada uno de mis hermanos se cumpla perfectamente el anuncio de Isaías: "Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres". Es un Dios tierno que toma a los pequeños y a las madres en sus propios brazos y los cuida amorosamente... Ya está muy largo el desierto en el que viven los hombres. Ya es mucho el tiempo en el que los hombres han querido estar lejos de la ternura de Dios y han preferido la amargura, la sequedad, la tristeza, el odio, el rencor. Ya es necesario que las voces de quienes hemos experimentado la ternura divina, se lo gritemos al mundo, a ese desierto que viven los hombres... Decirles a voz elevada que descubran la ternura de Dios y que la vivan, que no existirá para ellos experiencia más entrañable y compensadora que esa. Que sólo la prueben para que se den cuenta de que ya, después de vivirla, jamás en el futuro podrán vivir sin ella. Y que la tendrán asegurada, pues el Dios amor jamás se las negará... Debemos gritarlo con nuestras palabras y con nuestras obras. Que en todo lo que digamos y hagamos se descubra la ternura del Dios que ama a todos, que los quiere buenos, que los quiere felices, que los quiere fuera de toda opresión y necesidad, que los quiere hermanos y solidarios con los que más necesitan, con los más humildes y los más sencillos...

Ese el Dios verdadero... No el que nos han presentado como un suegro que espera en todas las esquinas de nuestra vida cualquier resbalón para caernos a golpes, el que está acusando y esperando para condenarnos, el que tiene su vara levantada para golpearnos apenas caigamos... Ese no es Dios. Ese es el dios que muchos se han construido, porque le tienen miedo al amor, porque prefieren vender una imagen de un dios lejano para poder seguir haciendo sus tropelías, escudados y excusados en un espejismo falso que se han creado ellos mismos...

Nuestro Dios, amor y ternura, es el mismo del que nos habla Jesús. Es el Buen Pastor que no deja que ni una sola de sus ovejas se pierda. Es el que deja las 99 en casa bien resguardadas y sale de sí mismo, se hace hombre, asume nuestra humanidad rebajándose al máximo, para recuperarla. No dejará nada para sí, pues lo entregará todo, hasta su propia vida, para tenernos de nuevo en el redil... No hay mayor ternura que esa... Jesús se ha atravesado en el camino de la bala que venía hacia nosotros y en ese gesto se le ha despedazado el corazón... Y lo hizo para recuperarnos, para tenernos junto a sí, para colocarnos de nuevo delante del Padre con la cara lavada, no con nada que hicimos nosotros, sino con la sangre que Él mismo ha derramado... Hemos sido lavados con la misma sangre purísima de quien no tenía ninguna culpa. Él se ofreció para lavarnos. Nos limpió con su sangre y hemos quedado resplandecientes delante del Padre... Jesús y el Padre saben muy bien lo que pasó. Saben muy bien que nosotros no nos merecíamos tanto. Pero no se han fijado en nuestros merecimientos, sino en el amor infinito que nos tienen. Y por eso lo han hecho... Así, me siento bañado cada vez más en ese amor tierno de mi Dios, y no quiero salir jamás de él... Quiero estar en ese corazón siempre. Sintiéndome amado como un recién nacido, acunado en los brazos de mi Padre que me ama con ternura infinita...