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lunes, 14 de diciembre de 2020

Jesús es el mejor Maestro del amor y de la esperanza

 DE DODIM A AGAPÉ: ¿CON QUÉ AUTORIDAD HACES ESTO?

Jesús es un verdadero Maestro, reflejo del gran Maestro de la historia que es Dios Padre. Ese reconocimiento de su condición está implícito sorprendentemente desde su infancia. El Evangelio nos lo presenta en aquella ocasión en que se da su pérdida en el templo, cuando se les había "escapado" a sus padres José y María, y lo encuentran hablando en un grupo, a esa edad inusual, con otros hombres sobre las realidades de la fe, siendo escuchado por ellos con toda atención. Evidentemente, María y José conocían a su Hijo, y sabían muy bien hasta dónde podía llegar: "Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres", lo cual lo hacía un niño normal, quizás un poco por encima de la media, pero algo que tenía toda la lógica de que fuese sucediendo. Luego lo encontramos en numerosas ocasiones ejerciendo de Maestro en cada una de las intervenciones que va teniendo al encontrarse con su gente por los caminos. No desdeñaba una sola oportunidad para dejar su enseñanza. Él ha venido a los hombres para realizar su obra de amor magistral, rescatando al hombre con su sacrificio en la Cruz, pero lo quiere hacer no desde una obra fulminante, sino siguiendo toda una estrategia pedagógica de modo que todos vayamos aprehendiendo, escuchando, discerniendo, toda la carga de amor que hay en cada paso. Esa manera de actuar para algunos no era muy satisfactoria. Algunos incluso, dudando entre aceptar o no, lo conminaban a mostrarse totalmente como el Redentor esperado: "La gente lo rodeó y le preguntó: —¿Hasta cuándo nos tendrás con esta duda? Dinos ahora mismo si eres el Mesías". Su estilo era totalmente magisterial.

Y esa misma ha sido la actuación de Dios desde el principio. Él ha querido que los hombres oigamos su voz, escuchemos sus exhortaciones, sigamos con fidelidad el plan que nos ha propuesto para vivir plenamente en su amor y poder avanzar firmes hacia la felicidad total. Lo ha dicho y ha hecho todo lo posible siempre para que eso esté en nuestras mentes y en nuestros corazones. Pero sabe que los hombres, porque así mismo nos creó Él, somos acuciosos, y echando mano de ese atributo que nos regaló, intentemos entrar de lleno en el misterio de su amor y lo vivamos con la mayor intensidad. Y esto, en nuestra bella historia de salvación, llega a tener visos de sorpresa cuando entre los instrumentos que utiliza para hacernos llegar su mensaje, incluye hasta profetas paganos en los cuales induce una conversión para que lleguen a ser también ellos su voz para todos. El profeta Balaán, es un profeta pagano a servicio del rey de Moab, enemigo de Israel y lucha contra el pueblo de Dios. Pero Dios lo toma para sí, demostrando ser el Todopoderoso, Señor de la historia y de los hombres: "En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: 'Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, que cae y se le abren los ojos: ¡Qué bellas tus tiendas, oh Jacob, y tus moradas, Israel! Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y descuella su reinado'. Y entonó sus versos: 'Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso, que cae en éxtasis, y se le abren los ojos: Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: Avanza una estrella de Jacob, y surge un cetro de Israel". Es una elegía preciosa anunciando el futuro de Israel y en él, el del hombre y el del mundo. Y realizada por alguien que se declaraba enemigo de Israel.

En esa estrategia pedagógica de Jesús entran muchísimas posibilidades. Tan pronto puede ser hablar clarísimamente de sí mismo, tan pronto dejar las cosas a medias, tan pronto simplemente calla para no estorbar en el proceso de discernimiento que quiere producir en cada uno. Los que más se le oponían, por supuesto, echaban manos de esa pretendida "oscuridad" para atacarlo. Por ello, cuando se encuentra con sus más acérrimos adversarios nos lo encontramos en una tensión creciente, pues era lo que querían producir sus detractores para alejar a la gente de Él y aliviar así el riesgo de perder todos esos privilegios religiosos absurdos que poseían pisoteando la dignidad de los que estaban a su cargo como autoridades religiosas que eran: "En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: '¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?' Jesús les replicó: 'Les voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestan, les diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?' Ellos se pusieron a deliberar: 'Si decimos 'del cielo', nos dirá: '¿Por qué no le han creído?' Si le decimos 'de los hombres', tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta'. Y respondieron a Jesús: 'No sabemos'. Él, por su parte, les dijo: 'Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto'". Jesús deja abierta la cuestión. Está muy claro de dónde le viene la autoridad. Lo van teniendo muy claro todos, incluso aquellos que se empeñan en negarse a aceptarlo. Pero la estrategia de Jesús, el Maestro, es que en cada paso que Él va dando y que van presenciando los testigos, cada uno vaya descubriendo quién es. Para el hombre libre, creado así por Dios y lleno de ese tesoro invaluable con el que el Señor lo ha enriquecido, su seguridad necesita ir creciendo. Un destello de luz desde el cielo sería fulminante para que todos fuéramos iluminados y quedáramos absolutamente convencidos. Pero ese no es el estilo del Maestro. Él quiere ir paso a paso. Él quiere ir cortejándonos. Él quiere que nos vayamos acercando con pasos esperanzados, suaves y firmes a su amor. Quiere que seamos nosotros nosotros mismos, dejándonos invadir por ese amor redentor que nos rescata del abismo, los que suavemente le vayamos tendiendo nuestra mano para tomarnos de la suya y dejar que esa mano, traspasada por el clavo de la Cruz, sea nuestra mayor solidez, nuestra mayor convicción, nuestra mayor seguridad, nuestra más sólida esperanza, de que todo lo que se nos ha anunciado desde el amor, llegará a una realidad inmutable en la que ya para siempre seremos los hombres más felices pues descansaremos para toda la eternidad en los brazos del amor.

martes, 4 de agosto de 2020

Seamos inteligentes. No escojamos guías ciegos

La parábola de los ciegos (Brueghel, 1568) | Fragments de vida

Las experiencias de otros suelen ser pedagógicas. De ellas podemos extraer enseñanzas y sugerencias de actuación para nosotros mismos. Ellas van quedando como señas en el camino de cada uno. Más aún, de esas experiencias nos vamos aprovechando no solo en el orden intelectual o espiritual, sino incluso en el material, en cuanto que las cosas que van creando cada uno de los hombres, sus inventos o instrumentos pioneros, suelen servir luego a todos para un mejor aprovechamiento de la materia y del tiempo. Somos hijos del pasado, vivimos nuestro presente aprovechando lo aprendido y miramos hacia el futuro queriendo dejar también nuestro aporte para las generaciones que vengan. Cuando somos sabios y nos apropiamos de las experiencias positivas que otros han tenido, podemos enriquecer nuestra propia existencia, pues no debemos empezar de cero, sino de donde otros han dejado su tesoro. Y lo propio es que esa conciencia de riqueza que cada hombre puede aportar a sus hermanos sea un norte de vida que la oriente siempre hacia el bien. Incluso los que actúan mal desean dejar, por encima de su maldad, un legado positivo. El mal, aunque sea vivido en un momento como forma egoísta y soberbia de surgir por encima de los otros, nunca es pretendido como aporte a dejar para otros. Incluso el que lo usa como forma de vida se avergonzaría de que ello fuera así. Si cayera en cuenta de que estaría dejando como herencia para otros, incluso para los suyos, lo que pueda perjudicarlos, quizá pensaría mejor seguir actuando desalmadamente. Sin embargo, a pesar de que estas consideraciones sean acertadas, surge desde el corazón del hombre aquella semilla del mal que ha sido incrustada y provoca conductas nada deseables. Por un lado, está el que se vanagloria de su maldad y se sustenta cada vez más empecinadamente en ella, sin importarle la valoración de lo que está dejando como legado personal para el futuro. Y por el otro, el que vive en la ignorancia y la inconsciencia del peso histórico que puede tener lo que vive y hace para los que vengan después de él. Ambos se han colocado una venda totalmente oscura que los hace despreciar las consecuencias que podrán acarrear sus conductas. De ese modo, lo pedagógico de su accionar puede resultar en tragedia o desgracia para quienes quieran fijarse en ellos y en sus experiencias de vida.

La responsabilidad no solo recae en quien llega a ser "modelo" a seguir, sino también, en buena parte, en quien corresponde hacer la elección de su maestro. Cada hombre, además de ser responsable de su propia conducta, atendiendo a normas superiores y a lo que de aprendizaje puede obtener de la conducta de otros, es también responsable de la elección de su propio modelo. Cada uno se va construyendo su experiencia vital recibiendo diversos aportes. Está el aporte de la lay superior, la ley natural, lo que va imprimiendo Dios mismo en la conciencia del hombre, lo que le dice naturalmente lo que es mejor para él y para los otros, lo que es bueno y lo que es malo. De allí extrae normas razonables de conducta e indicaciones por las cuales hará mejor su propia vida y procurará que sean también mejores las vidas de los demás. Está el aporte de la ley positiva de Dios, que surge de alguna manera de esa misma ley natural que tiene también como fuente al mismo Creador, en la que entra un actor principal que es Él mismo. De esta manera, queda regulada también la existencia en cuanto relación no solo con los hombres, sino con el que representa la transcendencia a la que está llamado cada sujeto, por lo cual entiende perfectamente que su paso por esta vida no está solo bajo el signo de la temporalidad sino que se eleva al signo de la eternidad. Está también el aporte del entorno, de los otros actores de la vida, de su experiencia, sus pensamientos y sus conductas, de los cuales puede extraer también enseñanzas para conocer los mejores caminos para perseguir el bien para sí mismo y evitar el mal que nunca se desea. Y por último, está la propia capacidad de discernimiento, por la que se es capaz de argumentarse a sí mismo y de discurrir acerca de la conveniencia o no de cada uno de los diversos caminos que se presentan. No empieza, como hemos apuntado, del vacío total, desde cero, sino del inmenso bagaje que le aporta lo positivo de las normas naturales o las divinas, la experiencia de vida de los demás, y el propio raciocinio. Cuando se desprecia este aporte, se está cerrando a sí mismo la posibilidad sólida de acierto dejándolo solo al acaso de lo fortuito, arriesgando además que surja la posibilidad más que cierta de errar.

Jesús, en su rica enseñanza, nos dejó un llamado de atención ante esto. "Se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: '¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?' Y, llamando a la gente, les dijo: 'Escuchen y entiendan: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre'. Se acercaron los discípulos y le dijeron: '¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?' Respondió Él: 'La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Déjenlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo'". Es este el ejemplo perfecto de lo que llevamos dicho. Existe una conducta previa, tradicional, que interesadamente, con el objeto de ridiculizar a los discípulos de Jesús, y en ellos al mismo Cristo, es esgrimida como argumento. Existe el criterio divino, que expresa claramente Jesús. Y finalmente existe el propio discernimiento sobre la oportunidad de la conducta asumida previamente. La conclusión apunta a la soberanía de la libertad del hombre, que debe mantenerse siempre por encima de la tiranía de la ley opresora, máxime cuando el mismo autor de la ley suprema está presente y sentencia a favor del hombre, en contra de lo que pretende encadenarlo, invitando a despejar la visión para poder seguir al bien y no a quien pretenda llevarlo al abismo. Por encima de todo, hay que quitar la venda de los ojos para poder ver la claridad y no quedarse en lo tenebroso de la sola ley opresora de la libertad que da el amor. Todo apunta a la supremacía del hombre, a la procura de su plenitud, la que da solo la unión estrecha con Dios que indicaría siempre cuál es el camino correcto para alcanzar el mayor bien posible: "Cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, voy a compadecerme de sus moradas; reconstruirán la ciudad sobre sus ruinas, su palacio se asentará en su puesto. De allí saldrán alabanzas, voces con aire de fiesta. Haré que crezcan y no mengüen, que sea reconocida su importancia, que no sean despreciados. Serán sus hijos como antaño, su asamblea, estable en mi presencia; yo castigaré a sus opresores". La experiencia de los buenos será buena maestra. La historia demostrará que seguir ese camino propuesto por Dios, como lo han hecho los que se han querido mantener fieles a Él, son los que han probado la miel de su amor todopoderoso y se han beneficiado llegando a asumir el verdadero bien y no el espejismo que han seguido, y que pretendan que otros sigan, los que han servido al mal y han vivido la tragedia del desamor en su propia existencia.

jueves, 2 de julio de 2020

Dios no es una "cosa" o una "energía". Es el Ser con el que entro en relación

Curación del paralítico | Radio Pentecostés RD

Una de las armas de las que debemos echar mano con muchísima más frecuencia de la que nos imaginamos los cristianos es de la del discernimiento. Esto significa que debemos tener siempre un espíritu pronto para poder descubrir la voz de Dios en las personas y los acontecimientos que nos rodean, con el objetivo no solo de identificar su origen, sino más allá, de entender lo que pretende Dios que hagamos al dirigirnos su Palabra. En los últimos tiempos los pastoralistas han insistido mucho en saber descubrir "los signos de los tiempos", a través de los cuales Dios nos habla y nos manifiesta su voluntad. Es exactamente lo que les transmitió Jesús a sus oyentes: "Cuando ven una nube que se levanta en el oeste, al instante ustedes dicen: 'Viene un aguacero', y así sucede", invitándolos a aplicar esta misma sabiduría que se tiene respecto a los fenómenos naturales a lo que se refiere a las cosas del espíritu. También fue un punto importante en las enseñanzas espirituales que nos dejó San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios espirituales, cuando hablaba de discernir las inspiraciones que vienen del "espíritu bueno" y diferenciarlas bien de aquellas que vienen del "espíritu malo". En nuestros tiempos han surgido miles de voces que pretenden erigirse en superiores que indican caminos a seguir, haciéndose a sí mismos representantes divinos, o incluso autoridades espirituales, casi como dioses, que tendrían la capacidad de decidir la suerte de la humanidad o al menos de una buena porción de ella. El criterio básico de discernimiento para poder descubrir la veracidad o no de esas voces multitudinarias es tan sencillo como lo que nos propone el mismo Jesús. Para Él bastaría con aplicar la lógica: Si se ven nubes, lo más probable es que habrá lluvia. Ni más ni menos. Esa misma sencillez la aplicó San Ignacio: si da paz, viene de un espíritu bueno; pero si por el contrario, crea desasosiego y quita la paz, viene de un espíritu malo. Lo más importante es que se atienda a lo que atrae realmente hacia Dios y hacia lo que se sabe que es de Él y que, por lo tanto, da la sensación de que se está donde se debe estar por la paz y la felicidad que se pueda alcanzar en Él. Y de esa manera, descubrir por oposición todo lo que pretenda alejar de Dios, o expulsarlo de la propia vida, llegando incluso a revestirlo de algo muy atractivo, aprovechando sobre todo la falta de vigilancia y el atractivo a veces narcotizante que producen las ideas espirituales bellamente manipuladas presentándolas como fórmulas para "atar" a Dios.

En nuestros tiempos de "Nueva Era", que se caracterizan por un retorno espiritual del hombre que quiere bucear en su realidad más profunda, se presenta un caldo de cultivo maravilloso para aquellos que quieren confundir a los hombres. Ese "retorno espiritual" del hombre es, en sí mismo, un "signo de los tiempos" que, si no se sabe aprovechar, puede resultar peligrosamente perjudicial para él mismo. Si aquellos que pretenden confundir tienen éxito al presentar sus opciones, el hombre se agarrará del "súper ego" como nuevo dios, de una "energía" divina, del universo holístico en el cual se encuentra un dios de tal modo difuminado en "energía" que termina en nada o por el contrario que lo es todo y está en todo, sin una concreción en un ser personal con el cual se puede entrar en una relación de intimidad, lo que desemboca en una soberbia extrema afirmando: "yo soy dios", y sus sucedáneos: "yo soy salud", "yo declaro sanidad", "yo tengo el poder", "yo atraigo a las fuerzas del universo", haciendo innecesario al Dios verdadero, pues supuestamente ya se tiene todo resuelto por sí mismo. Evidentemente, estos que promueven esta confusión actúan al amparo de hombres y mujeres absolutamente necesitados de una referencia espiritual, aprovechándose de su buena fe pero también de sus mínimos conocimientos, utilizando palabras conocidas en la espiritualidad, manipulándolas a su favor, como "Dios", "oración", "meditación", "contemplación", "creación", "interioridad", "espíritu", revistiéndolas de "bondad", pues es el mismo vocabulario que siempre se ha utilizado en la espiritualidad cristiana... Demuestran lo ciertas que fueron las palabras de Jesús cuando ponía sobre aviso a sus seguidores: "Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz". Por otro lado, buscan poner en ridículo a los auténticos mensajeros de Dios, tildándolos poco menos de manipuladores, de esclavistas, de castradores de las iniciativas humanas, de irrespetuosos de la libertad absoluta, de opresores. Todo lo que llame a exigencia personal, a asunción de compromisos, a búsqueda de plenitud en Dios a fuerza de rebajamiento de sí mismo, a cumplimiento de responsabilidades, a vida comunitaria de solidaridad y fraternidad, al servicio desinteresado por amor a los hermanos y particularmente a los más necesitados, será tildado de invasión al Yo superlativo.

Podemos descubrir en esto algo de lo que se ha servido el demonio desde muy antiguo. Las ansias de trascendencia del hombre, esa búsqueda insaciable de lo eterno, característica de su condición natural de ser espiritual y religioso, es un campo de batalla en el cual él puede resultar aventajado cuando logra hacerse del mismo hombre como cómplice: "Amasías dijo a Amós: 'Vidente: vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan, y allí profetizarás. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino'". Amasías, envuelto de soberbia y echando mano de su condición sacerdotal de Betel, en nombre del rey, expulsa a Amós, enviado por Dios para hacerle ver su infidelidad, pero éste lo rechaza. Y Amós le transmite la reacción de Dios contra Jeroboam, rey de Israel: "Esto dice el Señor: Tu mujer deberá prostituirse en la ciudad, tus hijos y tus hijas caerán por la espada, tu tierra será repartida a cordel, tu morirás en un país impuro e Israel será deportado de su tierra". Rechazar al enviado de Dios y el mensaje que viene a trasmitir atrae las consecuencias más trágicas para Israel. La misma experiencia prácticamente la vivió Jesús cuando hizo el milagro en favor del paralítico que le presentaron para curarlo: "Dijo al paralítico: '¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados'. Algunos de los escribas se dijeron: 'Este blasfema'. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: '¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: 'Tus pecados te son perdonados', o decir: 'Levántate y echa a andar'? Pues, para que vean que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: 'Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa'". Jesús es el mismísimo Dios que ha venido a realizar maravillas en favor de los hombres. Y aun cuando va demostrando el inmenso poder y amor de Dios con los portentos que va realizando, que sin duda le atrajeron también seguidores entre los presentes, el demonio hacía que hubiera corazones duros que no se dejaran conquistar, ensoberbecidos, buscando más bien que nadie sucumbiera ante Jesús. Con argumentos atractivos, los fariseos y escribas buscaban seguir engañando incautos para que los siguieran a ellos. Obtuvieron algunas victorias. Pero finalmente quedaron en el ridículo mayor, pues el amor de Dios es todopoderoso y jamás será vencido. El demonio vence solo cuando se le abre la puerta del corazón y se le pone poder en sus manos. Mientras el hombre se acerque a Dios y se mantenga abierto a su amor y a su poder, jamás dejará que el mal invada su corazón, ni siquiera revestido y disfrazado de bondad. Ojalá tengamos siempre esa capacidad para saber discernir el buen espíritu del cual nos viene la inspiración de ser fieles a Dios y nunca traicionar su amor yendo detrás de otras ofertas, aunque sean muy atractivas.

jueves, 27 de febrero de 2020

Ante mí está la Vida en ti o la muerte sin ti, y debo decidir

Resultado de imagen de El Hijo del hombre tiene que padecer mucho

Todas las acciones de los hombres tienen consecuencias. Lo que hacemos puede favorecernos o favorecer a alguien más, o perjudicarnos o perjudicar a otros. Nuestra realidad, en general, nunca será neutral, como tampoco lo que hagamos en ella. Incluso, podemos influir tanto, que podemos cambiar el rumbo de la historia personal o el de la historia de otro o hasta de una comunidad. En la historia ha habido personajes que por una decisión personal han cambiado el rumbo de la misma. Somos tan responsables de ello que puede darse el extremo de que alguien quiera huir del compromiso de tomar una decisión, pero que esa misma supuesta neutralidad sirva para que el rumbo quede determinado fatalmente. Recordemos el caso de Pilato que en su pretendida neutralidad, que llegó incluso a querer demostrarla al lavarse las manos, influyó totalmente para que se decidiera la muerte de Jesús. No oponerse al mal alegando neutralidad es, finalmente, complicidad con el mal y con quienes lo realizan. En efecto, nuestra acción o nuestra omisión influye en la marcha de la historia, y tiene consecuencias. Por ello debemos hacernos responsables de ella, sea la que sea. Al contar cada uno de nosotros con los tesoros de la inteligencia y la voluntad, lo que nos hace seres que viven en libertad, tenemos la capacidad de discernir y poder distinguir entre el bien y el mal. En todo momento la vida nos podrá presentar las dos rutas que nos conducen hacia uno u otro. Cada segundo, cada instante, está marcado por la presencia de esas opciones, lo que nos impulsará a un continuo discernimiento para la toma de decisiones. En medio de esas alternativas y de la experiencia que iremos adquiriendo en ella, se dará nuestro proceso de maduración y nos estaremos haciendo lo que se llama hombres de bien u hombres de mal. En ese proceso no estamos solos. A nuestro alrededor habrá siempre personas con las cuales podremos contar para no sentirnos abrumados ante las decisiones que debamos tomar. Incluso los personajes más influyentes cuentan siempre con consejeros y asesores. La posibilidad de discernir entre varias cabezas de alguna manera ayuda a tener confianza y solidez en las decisiones. Y para nosotros los cristianos, cuando se nos presenta el momento de la decisión, también están a la mano nuestros consejeros espirituales a los que podremos recurrir. Y, en la intervención providente de Dios, tenemos además su auxilio, que nos ilumina y nos inspira en cada momento. 

Por ello, aun cuando debemos ser responsables al tomar decisiones, debemos también serlo al asumir sus consecuencias. Esa responsabilidad asumida con seriedad, nos lleva a tener el cuidado necesario en el discernimiento. Mi decisión puede ser determinante en mi vida o en la vida de los demás. Y Dios, en esa perspectiva, me lanza una cuerda para que me tome de ella y me sujete sólidamente. Es su gracia, que me pertenece desde que Él me ha creado. Al dotarme de mis tesoros personales, se ha comprometido conmigo a no dejarme solo en ese tipo de responsabilidades. Por eso siempre podremos contar con su iluminación. Es de tal magnitud el compromiso de Jesús con nosotros, que nos ha prometido el envío del Espíritu Santo para que nos ilumine y nos inspire el mejor camino. De esa manera, al tener que tomar una decisión, puedo ver claro cuál es la más conveniente, la más enriquecedora, la que influya más positivamente en la vida mía y la de los demás. Dios nos pone delante toda la realidad. Y con ella frente a nosotros, debemos optar: "Pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo les declaro hoy que morirán sin remedio". Al poner la opción ante nosotros, nos pone también las consecuencias, con lo cual podremos discernir correctamente. La alternativa es vida o muerte, bien o mal. Y la decisión influirá en la vida de todo un pueblo. Es necesario que hagamos el discernimiento correcto y que tomemos la decisión que más favorece a todos. El final será de bendición o de maldición. Somos nosotros los que lo asumimos.

Esa decisión debemos tomarla también ante la alternativa definitiva de nuestra salvación, de nuestra eternidad. Jesús ha realizado una obra salvadora que ha dependido exclusivamente de su entrega y de su determinación de rescatar con su muerte y su resurrección al hombre pecador. Esa obra de redención fue llevada a cabo perfectamente, a plenitud. No ha quedado nada por hacer, pues ha sido derrotado el demonio y vencida la muerte, con lo cual hemos sido favorecidos todos, pues la victoria de Jesús se nos ha anotado a cada uno de nosotros, aunque no hemos tenido ningún concurso en ella. Nuestro concurso, sin embargo, sí es determinante para el disfrute pleno de esa redención de nuestra parte. Jesús ha culminado totalmente la obra de redención, pero corresponde ahora al hombre abrir su corazón y enrolarse para vivir como redimido, con lo cual esa redención lo hará efectivamente un hombre nuevo. Mientras no se dé ese paso en el mismo hombre, la obra de redención quedará solo como una intención muy buena de parte de Jesús. Completada, pero no hecha efectiva aún, hasta que el hombre la acepte, con sus consecuencias definitivas para él, para su vida, y para la vida de quienes lo rodean. "Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?" Es la alternativa que ofrece Jesús para el hombre que quiera disfrutar de los efectos de su redención. Perder la vida por Jesús para ganarla. O conservarla a todo trance, con lo cual la perderá. Es la decisión más importante a la que nos enfrentaremos jamás, pues tiene que ver con nuestra eternidad, lo que viviremos plenamente en toda nuestra vida futura y que nunca se acabará. La decisión que tomemos marcará absolutamente todo nuestro futuro. Por ella, estaremos felices eternamente ante el Padre Dios, o viviremos eternamente frustrados en la lejanía de su amor. Es una decisión que tiene las consecuencias más determinantes para nuestra vida y la de nuestros hermanos que pueden ser conducidos a la salvación por nuestro testimonio. Es nuestra vida o nuestra muerte. Y está en nuestras manos. Ya Jesús hizo su parte. Nos corresponde a nosotros hacer la nuestra. No dejemos frustrada su entrega por amor.

martes, 18 de febrero de 2014

La crisis te debe hacer crecer

En los momentos de crisis debemos tener los sentidos muy aguzados. Las crisis, en general, sirven para crecer, para purificarse, para fortalecerse. Generalmente, ante su presencia solemos tener un sentimiento de temor y de rechazo. Todo porque la crisis duele, desubica, desencaja. Cuando estamos en ella se nos pone a la vista una encrucijada en la cual se nos ofrecen varias rutas... Unas nos llevarán por el despeñadero de la destrucción, de la desesperación, del estancamiento, de la parálisis. Otras, nos llevarán por el camino del progreso, de la prosperidad, del desarrollo personal y social. O se presenta la opción también de quedarnos en la misma encrucijada, viviendo en una eterna crisis de la cual nunca salimos al no tomar ninguna decisión...

Por eso, cuando ella se presenta hay que estar bien apertrechados mental y espiritualmente. Es necesario tener la "mente fría", pues cuando en las crisis no se toman las decisiones sosegadamente y bien pensadas, generalmente nos equivocamos y atraemos la desgracia a nuestras vidas. Y al no tener nosotros mismos todas las herramientas a la mano para poder tomar una decisión, es muy recomendable que nos acerquemos a quien nos puede dar un buen consejo. No es bueno quedarse solo en las crisis, pues en la soledad podemos recibir malos consejos de nosotros mismos: "Si un ciego guía a otro ciego, los dos caen al pozo". Y tener mucho cuidado de a quién nos acercamos para recibir el consejo. Debe ser una persona con criterio, con experiencia, con buenas intenciones, de la cual tengamos la seguridad de que no quiere sacar una "buena tajada" de la crisis... Y espiritualmente debemos tener mucha solidez, pues es fundamental que nuestro interior esté firme para que no se tambalee ni se deje llevar por los vientos del desasosiego o la desesperanza...

El mejor consejero para todos en cualquier situación de crisis es el mismo Jesús. Él nos dice que tengamos cuidado de las voces que nos quieran engañar. "Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes." Jesús mismo nos pone sobreaviso de la palabra que nos quieran dirigir quienes sólo buscarán su propio beneficio, quienes buscarán engañar revistiéndose de buenos, quienes nos lanzarán a los leones quedándose ellos al margen del conflicto. En medida menor, en cuanto al perjuicio que puedan hacer por venir frontalmente, pero dañinos también, cuando vengan claramente a hacernos daño los que nos consideren sus enemigos, quienes no nos consideren suyos, quienes quieran agredirnos por tener ideas y conductas diversas, quienes quieran arrasar con toda voz disidente... No es de ninguna manera recomendable dejarse arrastrar por ninguno de los dos grupos...

Lo cristiano es asumir la crisis como oportunidad de crecimiento, apoyándose bien y razonablemente en otros, principalmente en la Palabra de Dios y en su voluntad. Lo principal que debemos hacer es aguzar bien nuestros sentidos y nuestro espíritu. Unirnos más intensamente a Dios para que sea Él, con su inspiración, el que ilumine el camino correcto cuando estamos ante la encrucijada que debemos enfrentar. Él es quien ha permitido la encrucijada, es decir, la crisis, para que sirva para nuestro crecimiento, y por eso Él es el principal apoyo para saber cuál es el mejor camino para salir airosos. Él sabrá decirnos cuál es la ruta correcta para nosotros y en la cual serviremos mejor a la comunidad que vive también la misma crisis. No debemos desdeñar esa presencia de Dios en medio de la crisis. Él debe ser el primer invitado para que nos acompañe en el camino a fin de poder salir victoriosos.

Evidentemente, tenemos siempre que discernir nosotros mismos, a la luz de los consejos de otros y de la inspiración de Dios, cuál será el camino a recorrer. El criterio principal es el del crecimiento.La crisis será buena si nos decidimos por la ruta que nos hará mejores personas, que nos permitirá construir una mejor sociedad, que nos comprometerá con el bien de todos y no sólo con el de unos pocos, si el beneficio es real para que todos tengan una mejor vida, más humana, más justa, más fraterna y más santa...

Dios no permitirá que tengamos sólo opciones de rutas que no nos hagan crecer. Su amor misericordioso nos pondrá siempre a la vista caminos de crecimiento, por los cuales podremos andar para nuestro progreso. Pero respeta nuestra libertad, pues ese futuro, ese bien que debemos perseguir, nos lo debemos agenciar y construir nosotros mismos. No debemos esperar de Dios "milagritos" que nos allanen el camino. Sería una alcahuetería suya, pues ya Él ha provisto para nosotros la capacidad de discernir y de decidir, al darnos la inteligencia y la voluntad, a su imagen y semejanza... No vienen de Él las tentaciones al mal. Todo lo contrario, de Él vienen sólo las opciones para el bien. Es el mismo mal el que nos pone a la vista la maldad. Así nos lo dice Santiago: "Cuando alguien se ve tentado, no diga que Dios lo tienta; Dios no conoce la tentación al mal y él no tienta a nadie". Las opciones de Dios son sólo bien-bien. Es el mal que nos coloca las opciones bien-mal o mal-mal...

La palabra "crisis" es la raíz de la palabra "acrisolar", que significa purificar con el fuego. Es el proceso por el cual los metales preciosos se hacen más puros, para precisamente ser más preciosos. Es exactamente lo que debe suceder en la crisis. De ellas debemos salir "acrisolados", es decir, purificados, aunque sea al fuego, para poder presentar al mundo una vida más nuestra, más pura, más al servicio de los demás, y así lograr un sociedad mejor, más humana y más cristiana, en la que se vivan los verdaderos valores del Reino de Dios, que es al fin y al cabo lo que Él quiere para nosotros, porque es lo mejor...

miércoles, 12 de febrero de 2014

Si el que gobierna no sirve, no sirve

El caso de Salomón es un caso único. Después de que Dios concedió a Israel el tener un Rey, que era como una traición al único reinado de Yahvé sobre el pueblo, sólo por una especie de envidia de Israel de cómo funcionaba el gobierno en los pueblos vecinos, y después de la figura egregia de David, el gran Rey de Israel que, a pesar de su pecado gravísimo es perdonado por Dios por su arrepentimiento sincero, surge esta figura de Salomón que, podríamos decir, se convierte en el emblema de la institución del reinado en Israel... La oración que éste hace ante el Dios que le ofrece darle lo que pida, es un modelo perfecto de lo que debemos pedir todos los hombres. Salomón se olvida de sí mismo y pone en el primer lugar de su oración el poder servir de la mejor manera al pueblo. Pide un espíritu que sepa gobernar y la capacidad de discernir para avanzar por las mejores rutas para el pueblo al que rige...

Su humildad al no pedir nada para sí mismo, al centrarse en la misión que le corresponde desarrollar, y pedirle a Dios algo que va en función de un mejor servicio, le atrajo de Yahvé cantidad de bendiciones y beneficios. No pidió para sí nada, sino que pidió todo para poder estar al mejor servicio del pueblo. Por ello, Dios le concedió lo que no había pedido: riquezas, poder, fama... El Reinado de Salomón resplandeció en medio de la oscuridad de todo lo que estaba a su alrededor, y su fama se extendió por todos lados. Tanto que hasta la poderosa Reina de Sabá sintió la curiosidad de ir a conocer a aquél de quien tanto hablaban y que descollaba tanto... Ella lo comprobó y quedó prendada de la figura de Salomón, de su sabiduría y de su poder. Se rindió a sus pies...

Es interesante lo que constata la Reina de Sabá al reconocer la altura que había alcanzado Salomón en su sabiduría: "¡Dichosa tu gente, dichosos los cortesanos que están siempre en tu presencia, aprendiendo de tu sabiduría! ¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que, por el amor eterno que tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia!" La dicha que reconoce la Reina de Sabá es la de Israel, que ha sido bendecido por Dios con un personaje como Salomón. Y la bendición es para Yahvé que, por amor, ha colocado a personaje tan sabio al frente para regirlos... De ninguna manera reconoce los atributos de Salomón como surgidos de sí mismo o frutos de un esfuerzo personal. Así como Salomón pidió algo para beneficio del pueblo, así mismo el reconocimiento no es para él, sino para el Dios que se lo ha concedido y para el pueblo que lo disfruta... Es exactamente así. La humildad de Salomón así lo exige. Un reconocimiento personal desvirtuaría todo lo que realmente ha sucedido. Ha sido el mismo Dios el origen de esa sabiduría, de esas riquezas, de ese poder. Es el pueblo el beneficiario directo de esos dones de Dios. De no ser así, no tendría sentido ningún reconocimiento....

La meta es la que dice la Reina de Sabá: "¡Te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia!" He ahí el meollo del asunto. La bendición de Dios que ha recaído sobre Salomón es no por sí mismo ni por lo que es, sino por la misión que debe llevar adelante. Es la bendición que Dios quiere hacer recaer sobre cualquiera que ejerza el servicio de gobierno sobre los pueblos... Pero esto requiere de la humildad de saberse servidor, de saberse elegido para servir, con el deseo de hacer el mayor bien posible a todos, sin dejar a nadie fuera de esos beneficios. Cuando la autoridad se entiende como este servicio, puesto en las propias manos por el mismísimo Dios, abre las puertas para la entrada de la sabiduría y del espíritu de discernimiento de lo bueno. Por el contrario, cuando el servicio de gobierno no se entiende como tal, sino como el ejercicio de un poder omnímodo para subyugar, para aprovecharse personal o grupalmente de él, para enriquecerse o favorecer el enriquecimiento de los propios sin importar para nada la honestidad o la transparencia para lograrlo, de ninguna manera el que ejerce el poder recibirá la bendición de Dios ni ninguno de sus beneficios. Por el contrario, por burlarse del pueblo al que debe servir, por aprovecharse de ellos habiéndolos engañado para llegar a la cumbre, por revestirse de servidor cuando en realidad es un aprovechador, por dividir al pueblo para fortalecerse apoyándose en fuerza bruta y en armas, sólo le espera de Dios la maldición y el peor de los fines. Así terminaron todos los reyes de Israel que traicionaron el poder que Dios había colocado en sus manos. Dios no deja a quien se burla de Él y de sus dones sin escarmiento. Y el que recibe el escarmiento de Dios, principio de todos los beneficios, la pasa de verdad muy mal... Dios se coloca siempre del lado de los débiles, de los burlados, de los desplazados. Y con Él, todo su poder está a favor de ellos. Y en eso, Dios es terrible. No es imaginable la tragedia que se cierne sobre aquél...

Es cierto que toda autoridad viene de Dios. Pero es igualmente cierto, y es superior en la consideración del servicio, que toda autoridad está para el servicio al bien y para el servicio a todos. Cuando se desvirtúa este fin, aunque la autoridad haya venido de Dios, ya no es de Dios. Ya Dios no bendice a quien se aleja de esta finalidad del servicio de gobierno. Y en vez de recibir la bendición y el apoyo de Dios, se queda solitario en el camino, y por ello se debilita al extremo. El que gobierna debe mantener el tesoro de la humildad, del deseo de servir a los demás, en su corazón. De esa manera, de su interior surgirá sólo riqueza para todos o, por el contrario, sólo pobreza y desgracia. Es lo que dice Jesús: "Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro". Si es así, el pueblo se convertirá en su juez más firme y le reclamará su falta de servicio. Y tomará la justicia para hacer con él lo que corresponda. Y Dios estará con el pueblo. Y el juicio será implacable pues se basará en la burla que el que ejerce el poder ha hecho del amor y de la misericordia de Dios, y la que ha hecho de la confianza y de la inocencia del pueblo al que debió haber servido...