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martes, 1 de junio de 2021

Al final, todo es de Dios y a Él retornará

 Marcos 12, 13-17: Den Al César Lo Que Es Del César, Y A Dios Lo Que Es De  Dios – Boosco.org

Querer hacer caer a Dios en una trampa es de una ingenuidad supina. El que es la Sabiduría por esencia, el que es omnisciente, por lo que tiene la plenitud de los conocimientos, jamás dejará de ser sabio y siempre estará por encima de la simple sabiduría humana, de la cual, por demás, es el autor. De esa Sabiduría surge todo lo que existe, en una demostración que se expresa también en su poder. Y por encima de todo, que se expresa en un amor que lo define por esencia, por lo cual ninguna de sus cualidades deja de estar llena de ese amor que es esencial. Dios es sabio, es poderoso, es creador y nos rescata siempre desde el amor. No deja de actuar desde él, pues en el amor está sustentado su ser. En su intimidad más profunda, desde toda la eternidad, su única experiencia vital era la del amor. Aquella Trinidad Santísima que existe desde siempre, existe en el amor. Y todo lo que existe desde la creación de todo lo que no es Él, por su designio, no existe fuera de lo que lo mueve. Al ser esencialmente amor, todo lo hace por amor. Es como si tuviéramos que afirmar que Dios necesita amar para demostrar su existencia. Se amaba a sí mismo en la intimidad de su vida eterna y, al crear el mundo, y en él al hombre, necesariamente todo existe por esa misma esencia, que al ser inmutable en Él, obligatoriamente debía seguir siendo amada para poder seguir existiendo. La existencia de todo es una "explosión" de amor dentro de Dios que lo comprometía con lo que había surgido de sus manos sabias, poderosas y amorosas. Por ello, en la intimidad de nuestros corazones, el único sentimiento que debe surgir espontáneo debería ser el del agradecimiento, fruto de la conciencia más clara de la única motivación que le da sentido a nuestra existencia, que es la del amor. Las ocasiones que se nos presentan ante la posibilidad de la traición a ese amor infinito deberían ser inmediatamente rechazadas.

La fidelidad al servicio divino en toda ocasión debe ser el norte de nuestra vida. Ninguna de la experiencias que podemos vivir son suficientes para alejarnos de ese amor. Ciertamente en la vida de los hombres se presentarán ocasiones que nos tentarán a sentir que Dios se aleja de nosotros, en las que el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, la persecución por nuestra fidelidad, pueden crear el pesimismo de la soledad. Esto es lo más lejos de la realidad, pues quien nos creó para ser felices, jamás puede dejarnos solos en nuestras ocasiones de oscuridad. No es que nos vaya a resolver los problemas, pues esa no es su manera natural de proceder. Miente quien dice que estar cercanos a Dios es la manera de vivir con la solución a la mano de todas las dificultades que se presenten a los hombres. Como si fuera un seguro contra tragedias, y Dios llegara ser una especie de talismán contra todos los males. Es la experiencia de la mayoría de los que quieren ser fieles a Dios y lo son en su vida cotidiana. De ser así, no habría ningún sufrimiento en el mundo, no habría enfermedades, no habría persecución religiosa, no habría humillación de los hombres por parte de sus hermanos, no habría pobreza injusta, no habría atentados contra la vida. Dios habitualmente no ofrece inmunidad contra los males. Lo que sí promete es su compañía, su fortaleza, su valentía para afrontar los males. Nunca nos deja solos, pues es nuestro Padre amoroso. La presencia de Jesús en nuestra vida es la confirmación de ello. Él mismo nos vaticina los tiempos difíciles que podremos vivir, pero se coloca en medio del camino para ser el alivio y el consuelo: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo los aliviaré". Ahí está con las manos tendidas hacia nosotros, pues nos ama más de lo que nosotros mismos nos amamos, y quiere nuestro bien. Tanto llegó a cumplir su ofrecimiento, que fue quien murió en la Cruz, en vez de nosotros, que éramos los que teníamos que morir. Añadido a esto, quienes a fuerza de alejarse de Dios por una sensación de abandono de parte de su amor, podemos cometer la mayor imprudencia, pues perdemos el respaldo de ese que es el único que fortalece y está ahí incondicionalmente, ofreciendo su amor y su fuerza. Preferir quedarse solos en medio del sufrimiento, pudiendo acercarse a Aquél que puede ser el único apoyo, el único consuelo y la única fuerza, es una torpeza mayúscula. La fidelidad a Dios, en medio del tormento, es muchísimo más gratificante y compensa lo que pueden ser los reclamos que nos hagan por ser fieles. Así lo vivió Tobías ante su desgracia. En vez de oponerse a Dios, mantuvo su fidelidad por encima de los reclamos que se le hacían: "Un día, el siete de marzo, (mi mujer) terminó una pieza de tela y la entregó a los clientes. Estos, además de darle toda la paga, le regalaron un cabrito. Cuando ella entró en casa, el cabrito se puso a balar. Yo entonces llamé a mi mujer y le pregunté: '¿De dónde ha salido ese cabrito? ¿No será robado? Devuélveselo a su dueño. No podemos comer cosas robadas'. Ella me aseguró: 'Es un regalo que me han hecho además de pagarme'. No la creí y, avergonzado por su comportamiento, insistí en que se lo devolviera a su dueño. Entonces ella me replicó: '¿Dónde están tus limosnas y buenas obras? Ya ves de qué te han servido'".

Es la fidelidad que Jesús quiere de todos sus seguidores. Nada puede haber por encima de ello, a pesar de que haya voces que quieran hacernos creer los que atacan nuestra fidelidad, queriendo hacernos sucumbir a lo que sería "políticamente correcto". A Jesús le ponen una trampa para intentar hacerlo resbalar. Pero su Sabiduría, infinitamente mayor que la de la simple humanidad inteligente, da la clave de todo. Todo es de Dios. Todo está en sus manos. Él confía al hombre la administración de los bienes, por lo cual es legítimo que el hombre, como administrador de todos los bienes, usufructúe de ellos. Pero no en el sentido que quieren dar los manipuladores, sino en el sentido del respeto mutuo que tiene que haber entre el orden espiritual y en el orden social o político. Lo deja claro en su respuesta ante la pregunta hecha con mala intención y con sorna. Y, en definitiva, al ser todo de Dios, incluso el impuesto pagado al César, esos bienes también retornan a Dios, pues el hombre es un simple administrador. Solo se le exige fidelidad, transparencia y honestidad: "Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?' Adivinando su hipocresía, les replicó: '¿Por qué me tientan? Tráiganme un denario, que lo vea. Se lo trajeron. Y Él les preguntó: '¿De quién es esta imagen y esta inscripción?' Le contestaron: 'Del César'. Jesús les replicó: 'Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios'. Y se quedaron admirados". Jesús, en su sabiduría y en su amor por todos, quiere que todos sean fieles. No quiere que se pierda uno solo de los que ha venido a rescatar. Y tiende la mano a todos, para que se tomen de ella y se dejen conducir por el camino de la fidelidad y del amor. Es nuestro Dios de amor que nos ama infinitamente y quiere que todos estemos, finalmente, y para toda la eternidad, viviendo la alegría de su amor, a su lado.

martes, 26 de enero de 2021

Reavivemos siempre el don del amor de Jesús en nosotros

 Oración del martes: “El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi  hermana y mi madre” - MVC

La experiencia de la fe cristiana abarca toda la vida de los discípulos. Quien se decide a ser seguidor de Jesús se ha decidido a abandonar toda su vida, con lo que ella implica, en las manos de Aquel en quien pone toda su confianza, sabiendo que la promesa futura de bienestar total, pasando por una vida que contiene en sí misma todas les experiencias que puede tener cualquier vida humana, finalizará en aquella situación de idilio total con Dios y con los hermanos, pues es ese el final prometido para la creación. Todo lo existente, surgido del amor todopoderoso del Creador, tendrá un final de plenitud. Ciertamente la vida depara siempre entre sus posibilidades el paso por situaciones sorprendentes, felices, satisfactorias, pero también dolorosas y sufrientes en muchas ocasiones, pero que en definitiva servirán, en primer lugar, para demostrar el respeto del mismo Dios a su propia criatura, a la cual ha enriquecido y quiere seguir enriqueciendo con todos los beneficios, en especial el de su propia libertad, de la cual puede hacer uso, pues es una concesión amorosa al querer hacerlo existir "a su imagen  y semejanza", y en segundo lugar, para que el mismo hombre, en la cantidad de experiencias que va decidiendo tener, sobre todo si las persigue en el empeño de hacerse absolutamente autónomo en la búsqueda de una superación que jamás podrá alcanzar y de lo cual tendrá que convencerse por sí mismo, llegue por su propia experiencia a asumir que la vida lejos de Dios no lo llevará sino al vacío total.

San Pablo, después de su conversión, se decidió a hacer de su vida una entrega radical a Jesús, a su amor, a darlo a conocer a los demás. Ya no hubo para él otra razón de vida: "Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir". Fue su motivo de vida y para ello siguió adelante con Jesús. Su experiencia de fe fue marcada por Jesús, al punto de que ya no valían para nada sus propios intereses, sino solo los del Redentor. Si la fe en general se compone de conocimientos y de experiencias, de doctrina y de emociones, para Pablo lo emotivo, lo afectivo, fue su motor principal. Sin duda, el contenido de la fe para Pablo era importante. Era eso lo que enseñaba y de lo que no se cansaba de hablar. Pero ese contenido doctrinal sin el componente afectivo, el que le aseguraba el amor incondicional de Jesús por Él, quedaba todo en la sequedad del desierto que sabes que está ahí, pero que no aporta nada para una vida de plenitud y de felicidad total: "Me amó a mí y entregó su vida a la muerte por mí". Esa fue su mayor motivación. Fue el amor de Jesús el que lo ató a su entrega. Fue esa convicción del amor el que lo movió más a seguir sirviendo y a seguir entregándose por cada uno de los suyos y por cada hombre y mujer con los que se encontraba: "Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro. Doy gracias a Dios, a quien sirvo como mis antepasados, con conciencia limpia, porque te tengo siempre presente en mis oraciones noche y día. Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría. Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por imposición de mis manos porque, pues Dios no nos ha dado un espíritu cobardía, sino de fortaleza, amor y de templanza. Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios". Lo importante no era la vida que podía perder en su entrega, sino la que con su muerte podía dejar de legado para todos, pues era reflejo del mismo amor que había derramado Jesús sobre la humanidad.

Por eso, el mismo Jesús enseña a sus seguidores qué es lo que verdaderamente importa. El acento no está en hacer las cosas "correctamente", según el criterio de los que lo rodeaban, fueran incluso miembros de su misma familia. No importaba quedar bien con el criterio de egoísmo, o vanidad, o soberbia, que quería implantar el mundo. Lo importante era hacer llegar el amor incondicional de Dios en Jesús, que venía a implantar los criterios del Reino, que al fin y al cabo son los que van a imperar en el futuro de eternidad en plenitud que venía a sembrar Dios por Jesús, y que echaba luces en lo que sería ese futuro de eternidad al que todos estamos llamados: "En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: 'Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan'. Él les pregunta: '¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?' Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: 'Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre'". Son esos lo que formarán parte de esa familia privilegiada de Jesús: los que han entendido que por muchas prebendas que ofrezca el mundo, buscando engañar con su maldad al hombre para que siga un camino de alejamiento de Dios, han entendido que nada de lo que ofrezca ese mundo será nunca mejor de lo que se vivirá en una eternidad que es segura, pues el amor de Dios sigue siendo lo más seguro que tenemos los hombres en nuestro futuro.

sábado, 2 de enero de 2021

Juan Bautista es modelo de servicio fiel a la Verdad hasta el fin

 Homilía del 13.12.2020, Domingo 3 de Adviento (B), “Gaudete” : «¿Lo  conocemos?» – Noticias

La Verdad está en la base de cualquier construcción de ideas y de acciones que pretenda ser sólida. Sin ella, la debilidad de lo que no es verdad, es decir, de lo que es mentira, quedará en evidencia y hará que todo el edificio que se haya ido construyendo se venga abajo, a pesar de que se le quiera salvar interesadamente con toda clase de triquiñuelas. Quien ha construido sobre la mentira en algún momento probará la amargura de quedar en ridículo delante de todos. Si esta es una apreciación general, lo es aún más para los que somos discípulos de Cristo. Él mismo se definió como: "El Camino, y la Verdad, y la Vida", por lo que sus seguidores, al seguirlo a Él, caminan en la solidez de quien les asegura que no están equivocando el camino. Cuando Pilato le preguntó a Jesús: "¿Y qué es la Verdad?", Él simplemente guardó silencio, pues Pilato, teniéndola al frente en Cristo, no fue capaz de identificarla. Una cosa es la verdad científica, en la que por métodos ordenados se pueda llegar a verdades irrefutables, que quedarían en ese terreno de lo visible y comprobable, y otra muy distinta es la Verdad de la fe, que se obtiene solo por la confianza en la fuente de dicha Verdad, lo que da la certeza de que no puede haber engaño. En este sentido, la Verdad es una sola y por lo tanto también irrefutable. En las verdades de la fe, a menos que se quiera actuar con mala intención, no hay posibilidades de retorcer el camino. Por ello, la mejor manera que tenemos a la mano para avanzar en el camino de la fe, y por lo tanto, en el camino hacia nuestra plenitud, es luchar por mantenernos en la Verdad, sin permitir contaminaciones que pongan en peligro nuestra llegada a esa meta.

Para los cristianos no existe otro camino distinto para avanzar en nuestra perfección que el de la fidelidad al amor de Dios en Jesús. Solo estando cercanos a Ellos podemos asegurar que nuestro camino va recorriendo las mejores rutas. Y si se llegara a tener en algún momento alguna duda, tendremos que echar mano de aquello que nos ha sido revelado por el Dios que nos ha dado todo por amor. Esa revelación nos dice que Dios es Uno, que es el Creador de todo, que tiene el poder absoluto, que existe antes de todos los tiempos, que un decreto de su amor estableció la existencia de todo lo que no es Él, que quiere que su criatura predilecta se mantenga con Él por toda la eternidad, que por ello es capaz de llegar al extremo de hacer que su Hijo amado se entregue por amor a sus hermanos. Nuestra Verdad, podemos afirmarlo, es la Verdad más dulce que podemos conocer: "Queridos hermanos: ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a ustedes, lo que han oído desde el principio permanezca en ustedes. Si permanece en ustedes lo que han oído desde el principio, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre; y esta es la promesa que Él mismo nos hizo: la vida eterna. Les he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a ustedes, la unción que de Él han recibido permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Pero como su unción les enseña acerca de todas las cosas —y es verdadera y no mentirosa—, según les enseñó, permanezcan en Él. Y ahora, hijos, permanezcan en Él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de Él en su venida". La Verdad que se nos ha transmitido es absoluta y por encima no existe otra verdad. Toda otra verdad queda en nada ante la gigantesca Verdad sobre Dios y sobre nuestra salvación.

Juan Bautista es el prototipo de quien quiere caminar en la única Verdad de Dios. El anuncio de la venida del Mesías salvador se inscribe en lo que él creía con toda certeza. Para él estaba claro que el amor de Dios no podía engañar, por cuanto se estaba hablando de las verdades fundamentales de la fe, las que tiene que ver con el futuro prometido y que se cumplirá inexorablemente en cada hombre y mujer de la historia. Si tuvo alguna vez alguna duda, por lo que envió aquella embajada a Jesús para preguntar si era a Él a quien esperaban, no lo hizo porque no supiera quién era Jesús, sino para confirmarse más sólidamente en su conciencia sobre quién era. Hay quienes afirman que mandó esa embajada para que esos discípulos se convencieran sobre quién era Jesús y pasaran a ser discípulos del Esperado. Fiel a la Verdad, pudiendo haberse aprovechado de su momento, de su fama, de su cantidad de seguidores, sabía que debía seguir sirviendo a la Verdad. Y lo siguió haciendo hasta su muerte, claramente producida por su lealtad a la Verdad. Su vida y su entrega fue un cántico sublime a la fidelidad a la Verdad: "Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: '¿Tú quién eres?' Él confesó y no negó; confesó: 'Yo no soy el Mesías'. Le preguntaron: '¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?' Él dijo: 'No lo soy'. '¿Eres tú el Profeta?' Respondió: 'No'. Y le dijeron: '¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?' Él contestó: 'Yo soy la voz que grita en el desierto: 'Allanad el camino del Señor', como dijo el profeta Isaías'. Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: 'Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?' Juan les respondió: 'Yo bautizo con agua; en medio de ustedes hay uno que no conocen, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia'. Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando". Juan Bautista, fiel a la Verdad, no podía fallarle en el momento en que era exigido para que diera testimonio de ella. Su temple de Precursor lo llamaba a cumplir fielmente su tarea. Debía hacer aquello que Dios mismo le había confiado, que era atraer a todos para que abrieran su corazón al Salvador que estaba a las puertas de iniciar su misión de rescate amoroso. En Juan Bautista estamos cada uno de nosotros, llamados a servir a la Verdad, a no dejarnos engañar por cantos de sirena que quieran confundirnos y desviar nuestra atención del camino que debemos avanzar, que es del encuentro con el que es el Camino, la Verdad y la Vida, con el cual viviremos eternamente en la felicidad que nunca se agotará, porque así nos lo ha prometido. Y Él, que es la Verdad, nunca nos engañará.

jueves, 2 de julio de 2020

Dios no es una "cosa" o una "energía". Es el Ser con el que entro en relación

Curación del paralítico | Radio Pentecostés RD

Una de las armas de las que debemos echar mano con muchísima más frecuencia de la que nos imaginamos los cristianos es de la del discernimiento. Esto significa que debemos tener siempre un espíritu pronto para poder descubrir la voz de Dios en las personas y los acontecimientos que nos rodean, con el objetivo no solo de identificar su origen, sino más allá, de entender lo que pretende Dios que hagamos al dirigirnos su Palabra. En los últimos tiempos los pastoralistas han insistido mucho en saber descubrir "los signos de los tiempos", a través de los cuales Dios nos habla y nos manifiesta su voluntad. Es exactamente lo que les transmitió Jesús a sus oyentes: "Cuando ven una nube que se levanta en el oeste, al instante ustedes dicen: 'Viene un aguacero', y así sucede", invitándolos a aplicar esta misma sabiduría que se tiene respecto a los fenómenos naturales a lo que se refiere a las cosas del espíritu. También fue un punto importante en las enseñanzas espirituales que nos dejó San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios espirituales, cuando hablaba de discernir las inspiraciones que vienen del "espíritu bueno" y diferenciarlas bien de aquellas que vienen del "espíritu malo". En nuestros tiempos han surgido miles de voces que pretenden erigirse en superiores que indican caminos a seguir, haciéndose a sí mismos representantes divinos, o incluso autoridades espirituales, casi como dioses, que tendrían la capacidad de decidir la suerte de la humanidad o al menos de una buena porción de ella. El criterio básico de discernimiento para poder descubrir la veracidad o no de esas voces multitudinarias es tan sencillo como lo que nos propone el mismo Jesús. Para Él bastaría con aplicar la lógica: Si se ven nubes, lo más probable es que habrá lluvia. Ni más ni menos. Esa misma sencillez la aplicó San Ignacio: si da paz, viene de un espíritu bueno; pero si por el contrario, crea desasosiego y quita la paz, viene de un espíritu malo. Lo más importante es que se atienda a lo que atrae realmente hacia Dios y hacia lo que se sabe que es de Él y que, por lo tanto, da la sensación de que se está donde se debe estar por la paz y la felicidad que se pueda alcanzar en Él. Y de esa manera, descubrir por oposición todo lo que pretenda alejar de Dios, o expulsarlo de la propia vida, llegando incluso a revestirlo de algo muy atractivo, aprovechando sobre todo la falta de vigilancia y el atractivo a veces narcotizante que producen las ideas espirituales bellamente manipuladas presentándolas como fórmulas para "atar" a Dios.

En nuestros tiempos de "Nueva Era", que se caracterizan por un retorno espiritual del hombre que quiere bucear en su realidad más profunda, se presenta un caldo de cultivo maravilloso para aquellos que quieren confundir a los hombres. Ese "retorno espiritual" del hombre es, en sí mismo, un "signo de los tiempos" que, si no se sabe aprovechar, puede resultar peligrosamente perjudicial para él mismo. Si aquellos que pretenden confundir tienen éxito al presentar sus opciones, el hombre se agarrará del "súper ego" como nuevo dios, de una "energía" divina, del universo holístico en el cual se encuentra un dios de tal modo difuminado en "energía" que termina en nada o por el contrario que lo es todo y está en todo, sin una concreción en un ser personal con el cual se puede entrar en una relación de intimidad, lo que desemboca en una soberbia extrema afirmando: "yo soy dios", y sus sucedáneos: "yo soy salud", "yo declaro sanidad", "yo tengo el poder", "yo atraigo a las fuerzas del universo", haciendo innecesario al Dios verdadero, pues supuestamente ya se tiene todo resuelto por sí mismo. Evidentemente, estos que promueven esta confusión actúan al amparo de hombres y mujeres absolutamente necesitados de una referencia espiritual, aprovechándose de su buena fe pero también de sus mínimos conocimientos, utilizando palabras conocidas en la espiritualidad, manipulándolas a su favor, como "Dios", "oración", "meditación", "contemplación", "creación", "interioridad", "espíritu", revistiéndolas de "bondad", pues es el mismo vocabulario que siempre se ha utilizado en la espiritualidad cristiana... Demuestran lo ciertas que fueron las palabras de Jesús cuando ponía sobre aviso a sus seguidores: "Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz". Por otro lado, buscan poner en ridículo a los auténticos mensajeros de Dios, tildándolos poco menos de manipuladores, de esclavistas, de castradores de las iniciativas humanas, de irrespetuosos de la libertad absoluta, de opresores. Todo lo que llame a exigencia personal, a asunción de compromisos, a búsqueda de plenitud en Dios a fuerza de rebajamiento de sí mismo, a cumplimiento de responsabilidades, a vida comunitaria de solidaridad y fraternidad, al servicio desinteresado por amor a los hermanos y particularmente a los más necesitados, será tildado de invasión al Yo superlativo.

Podemos descubrir en esto algo de lo que se ha servido el demonio desde muy antiguo. Las ansias de trascendencia del hombre, esa búsqueda insaciable de lo eterno, característica de su condición natural de ser espiritual y religioso, es un campo de batalla en el cual él puede resultar aventajado cuando logra hacerse del mismo hombre como cómplice: "Amasías dijo a Amós: 'Vidente: vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan, y allí profetizarás. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino'". Amasías, envuelto de soberbia y echando mano de su condición sacerdotal de Betel, en nombre del rey, expulsa a Amós, enviado por Dios para hacerle ver su infidelidad, pero éste lo rechaza. Y Amós le transmite la reacción de Dios contra Jeroboam, rey de Israel: "Esto dice el Señor: Tu mujer deberá prostituirse en la ciudad, tus hijos y tus hijas caerán por la espada, tu tierra será repartida a cordel, tu morirás en un país impuro e Israel será deportado de su tierra". Rechazar al enviado de Dios y el mensaje que viene a trasmitir atrae las consecuencias más trágicas para Israel. La misma experiencia prácticamente la vivió Jesús cuando hizo el milagro en favor del paralítico que le presentaron para curarlo: "Dijo al paralítico: '¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados'. Algunos de los escribas se dijeron: 'Este blasfema'. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: '¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: 'Tus pecados te son perdonados', o decir: 'Levántate y echa a andar'? Pues, para que vean que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: 'Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa'". Jesús es el mismísimo Dios que ha venido a realizar maravillas en favor de los hombres. Y aun cuando va demostrando el inmenso poder y amor de Dios con los portentos que va realizando, que sin duda le atrajeron también seguidores entre los presentes, el demonio hacía que hubiera corazones duros que no se dejaran conquistar, ensoberbecidos, buscando más bien que nadie sucumbiera ante Jesús. Con argumentos atractivos, los fariseos y escribas buscaban seguir engañando incautos para que los siguieran a ellos. Obtuvieron algunas victorias. Pero finalmente quedaron en el ridículo mayor, pues el amor de Dios es todopoderoso y jamás será vencido. El demonio vence solo cuando se le abre la puerta del corazón y se le pone poder en sus manos. Mientras el hombre se acerque a Dios y se mantenga abierto a su amor y a su poder, jamás dejará que el mal invada su corazón, ni siquiera revestido y disfrazado de bondad. Ojalá tengamos siempre esa capacidad para saber discernir el buen espíritu del cual nos viene la inspiración de ser fieles a Dios y nunca traicionar su amor yendo detrás de otras ofertas, aunque sean muy atractivas.