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lunes, 27 de enero de 2020

Conservamos la unidad contigo y entre nosotros para vencer al demonio

Resultado de imagen para expulsa a los demonios con el poder de los demonios

Los escribas y los fariseos estaban en continuo acecho de Jesús. Lo seguían no porque quisieran aprender de la nueva doctrina que impartía en sus discursos o porque quisieran admirar los portentos que realizaba, sino para descubrir alguna cosa con la cual pudieran acusarlo y quitarlo de en medio. Veían peligrar el poder religioso que ejercían sobre el pueblo, con el cual lo manipulaban y lo sometían a su total arbitrio. Eran los señores que tiranizaban al pueblo de la manera más bastarda, pues sus motivaciones eran de dominio total, basándose en la implantación del temor por el cumplimiento estricto de la ley, de la cual no podían apartarse un ápice, a riesgo de que si lo llegaran a hacer, se ganaban una condenación eterna y el castigo terrible de Dios. Evidentemente, esta exigencia del cumplimiento de la ley aplicaba solo a los miembros humildes de la población, pues ellos estaban como "exentos". Eran los "vigilantes" de ese cumplimiento, pero se cuidaban muy bien de no estar sometidos a ella y de liberarse de esa terrible carga que imponían sobre los hombros de la gente. Era lo que más molestaba a Jesús y por eso no perdía oportunidad de echárselo en cara: "Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas". Era el colmo de la tiranía, pues con ello vaciaban totalmente de sentido el cumplimiento de la misma ley. Por eso, Jesús habla claro a la gente: "De modo que hagan y observen todo lo que les digan; pero no hagan conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen". Este enfrentamiento de Jesús con esta forma de actuar, y el agrado que de alguna manera producía en la gente el que los pusieran en evidencia, los hacía ver y concluir la conveniencia de quitar a Jesús de en medio. Por eso, cualquier acción de Jesús era criticada por ellos y desautorizada totalmente, al extremo de caer en el absurdo de acusarlo de ser ficha de Satanás: "Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios". Ya no tenían más argumentos con los cuales enfrentarse a Jesús y por ello se sacan de la manga este absurdo.

Jesús, en su sabiduría divina, aprovecha la ocasión y la crítica para dar una enseñanza muy valiosa acerca de la unidad necesaria para vencer: "¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido". Es una explicación fabulosa de la famosa frase popular: "En la unión está la fuerza". La acechanza del demonio apunta precisamente a esto: a lograr la separación, a dividir, pues eso debilita y hace que el campo sea ideal para sembrar su semilla de odio y de mal. El diablo es el maestro de la división. La misma etimología de la palabra "diablo", lo explica perfectamente. Es una palabra compuesta de origen griego: "dia-bolos", que traducido literalmente significa "el que separa". Esa es la tarea del diablo: separar, dividir. Su objetivo es separar al hombre de Dios y a los hombres entre sí. Sabe muy bien que esa separación alcanzará la debilidad extrema. No hay fuerza en la división. "Una familia dividida no puede subsistir", sentencia el mismo Jesús. Por ello, la división es el campo propicio para la acción del demonio. Mientras exista unidad, existirá solidez, habrá fuerza para enfrentar cualquier situación contraria. Cuando se unen esfuerzos y se tira con una única fuerza hacia un mismo objetivo, la meta se alcanzará con mayor facilidad. Por el contrario, cuando hay obcecación en las ideas personales, individualismo, egoísmo, imposición de uno sobre los otros, nunca se podrá llegar a acuerdos y las metas resultarán inalcanzables. Es lo que persigue el demonio. Por eso separó a Adán y Eva del Dios Creador, por eso los separó entre ellos (recordemos que Eva pasó de ser "carne de mi carne y hueso de mis huesos" a "esa que me diste por compañera"), por eso separó a Caín de Abel... El triunfo del demonio está en lograr que los hombres estemos siempre divididos. 

Evidentemente, Jesús sabe muy bien que esta es la estrategia preferida del demonio. Por ello, en su oración sacerdotal ante el Padre, su principal petición fue en la línea de la conservación de la unidad: "No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado". La unidad es necesaria para poder vencer al demonio. Y va más allá, por cuanto es también testimonio que sirve para convencer al mundo del envío de Jesús por parte del Padre para cumplir la misión de rescate de la humanidad. Esta unidad vivida en profundidad da la fortaleza necesaria para enfrentar a los enemigos. Así lo entendió el Rey David, que buscó y logró unificar a Israel en un solo reinado para vencer a los pueblos enemigos: "David tenía treinta años cuando comenzó a reinar. Y reinó cuarenta años; siete años y seis meses sobre Judá en Hebrón, y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá ... David iba engrandeciéndose, pues el Señor, Dios del universo, estaba con él". La unidad, en definitiva, es el tesoro que debemos conservar con mayor celo los cristianos. Jesús nos ha hecho uno con su redención. Nos ha unido a Él para conformar la Iglesia como comunidad de salvados. La unidad que mostremos los creyentes será nuestra mejor defensa contra las insidias del diablo y servirá de testimonio para que otros hombres crean en Jesús. Somos uno en Jesús, confesamos una misma fe, hemos recibido un mismo bautismo. Pertenecemos a la única Iglesia fundada por Cristo, y nos encaminamos todos esperanzados al encuentro de nuestro único Dios y Padre en la eternidad feliz que viviremos en Él. Esta es nuestra fuerza. Y debemos luchar por mantener esta unidad que no solo nos hará vencer al demonio, sino que además nos hará convencernos de la excelencia de la vida en el amor que es lo único que logrará esa unidad sólida e inquebrantable.

jueves, 5 de junio de 2014

Unidos somos invencibles

La división nos hace ser derrotados. La unidad nos hace vencer. Un cuerpo bien estructurado, que mantiene su conjunto bien acoplado, que se rige por unas normas que apuntan a un mismo objetivo, que sigue unas ideas más o menos unificadas en medio de la diversidad, que llega a acuerdos que hacen unir los esfuerzos, que avanza hacia la misma meta aunque sea por caminos y métodos diversos, mantiene su unidad y se hace invencible. Si un hombre que tiene las ideas claras y sabe bien hacia dónde va es indetenible en su avance, ¡cuánto más un cuerpo sólido que se mantiene unido para alcanzar una meta única! Por el contrario, cuando el cuerpo se debilita por estira y encoges de cada uno, cuando no hay posibilidad de acuerdo sobre las metas, los métodos o las ideas, cuando "cada uno tira para su lado", cuando se preocupan sólo de sus intereses particulares sin importar el bien común, cuando se apunta al sólo bienestar individual sin apuntar a la búsqueda del bienestar de todos, se hace sumamente débil y cualquiera puede llegar a vencerlo. Basta tener una mínima fortaleza para vencer al que está debilitado al extremo por su falta de unidad...

La sentencia de Jesús es absolutamente cierta: "Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá". Lo decía en referencia a la acusación de los fariseos que afirmaban que Jesús expulsaba demonios por el poder de Beelzebú. Ni siquiera Satanás se atrevería a dividirse pues sabe bien que esa sería su derrota. Por el contrario, como él sabe dónde está la debilidad y cuál es el secreto para vencer a la humanidad y colocarla a su servicio, se empeña en dividir para controlar mejor... El demonio es el padre de la mentira y la causa de la división final de los hombres... La misma forma de llamarlo es la descripción perfecta de su esencia. La palabra "diablo" significa "el que divide", "el que separa". La mejor victoria de todas las que ha tenido el demonio no ha sido ni siquiera su supuesta victoria sobre Jesús en la Cruz. Esa, por el contrario, fue su mayor derrota, por cuanto con la muerte de Cristo murió también el pecado, el poder del demonio, la misma muerte... La mayor victoria que ha tenido, no por él mismo, sino por el poder que los mismos hombres hemos colocado en sus manos, es el de permitirle dividirnos por razones religiosas, ideológicas, materiales, sociales.. La mayor estupidez de los hombres es pensar que divididos vivimos mejor... Si nos pusiéramos de acuerdo en lo más trascendente que nos corresponde vivir, otra sería la realidad del mundo. Pero la verdad es que nuestros pensamientos basados en privilegios personalistas y egoístas, nos lo hacen imposible. Esa es la mayor victoria del diablo, de "el que divide"...

Quien quiere vencer, debe dividir. Es un axioma insoslayable. Por eso Pablo, haciendo gala de su extraordinaria inteligencia, cuando es juzgado por anunciar a Jesús, muerto y resucitado, Redentor de los hombres, hace de la astucia su arma mejor. Él hace caso de la invitación de Jesús: "Sean mansos como las palomas, pero astutos como las serpientes". Los Hechos de los Apóstoles nos describen la táctica de Pablo para enfrentar a los fariseos y los saduceos: "Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: ?Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos'. Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto)". Esto produjo un altercado entre ellos que se decidió posponer la sentencia... Pablo había dividido a quienes querían juzgarlo y logró una gran victoria. Uno solo venció a todo aquel grupo innumerable que quería sentenciarlo a muerte... La astucia de Pablo lo hizo llegar a la victoria, aunque fuera temporalmente, pues el mismo Señor luego le vaticina su sufrimiento extremo y su muerte: "La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: '¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma'"...

Pero al final, debemos apuntar a ser todos uno en la fe y en el amor, como lo pide Jesús en la oración al Padre: "Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado". La unidad se debe basar en el amor mutuo que deben vivir los cristianos. El "que todos sean uno" de Jesús, se puede traducir en "que todos sientan tu amor en sus corazones, y sabiéndose amados infinitamente, se amen mutuamente como se saben amados por ti y por mí". El mandamiento del amor de Cristo: "Ámense los unos a los otros como yo los he amado" es el fundamento más sólido que se puede pensar jamás para lograr la unidad de los cristianos. Y es tan cierto esto, que será incluso la demostración más fehaciente de la existencia de Dios y del envío de Jesús al mundo: "Para que el mundo crea que tú me has enviado..." Las primeras comunidades cristianas atrajeron a muchísimos nuevos discípulos por su estilo de vida en la unidad, basados en el amor. La constatación de los que los contemplaban era contundente: "Miren cómo se aman", decían... Y por eso miles de hermanos nuevos se sumaban a la comunidad de los salvados... La unidad que vivían, basados en el amor mutuo, era el signo más claro de que Jesús es el Salvador enviado por el Padre para rescatar al mundo... Por eso no podemos permitir más el escándalo de la división de los salvados por Jesús. Debemos luchar por romper la división y lograr la unidad añorada para ser buenos testimonios del amor de Dios en el mundo...

sábado, 12 de abril de 2014

Divididos no sobreviviremos

La división no es signo de los cristianos. Jesús, en su oración sacerdotal, desde lo más profundo de su ser, pidió al Padre: "Que todos sean uno". Era el signo de que aquellos cristianos creían, que eran fieles. Era lo que podían mostrar al mundo para ser creíbles en su fe. "Que todos sean uno, como Tú y Yo somos uno, para que el mundo crea". El mejor signo que podían dar los cristianos era el de la unidad, incluso más que el mensaje que podrían proclamar al mundo. Es muy importante transmitir de palabra el mensaje del amor de Jesús, la salvación que vino a traer al mundo, su deseo de que todos los hombres vuelvan a la casa del Padre como hijos amados, la obra de misericordia infinita que realizó perdonando las ofensas que contra su mismo amor habían infligido los hombres... Pero ese mensaje tenía que tener un sustento sólido en un estilo de vida que fuera la confirmación práctica de lo que se anunciaba. De nada vale gastar energías en un mensaje que pretenda ser convincente, por muy real que fuera, si no tenía un apoyo firme en la vida que lo revelaba...

¿Cómo va a creer el mundo en un mensaje de amor y de salvación, si los que lo proclaman viven en la separación, en el odio, en las suspicacias, en la división, en la violencia? De ninguna manera nadie se dejará embaucar por ese mensaje, pues la evidencia exterior es que es falso... La unidad de los cristianos es la carta de presentación idónea para el mensaje que se quiere transmitir...

Es natural que así sea, pues el mensaje de los cristianos es un mensaje de amor. El amor es el lubricante perfecto que hace que las diferencias no se profundicen hasta llegar a la división extrema, a la intolerancia, a la exclusión total... Y es que la unidad no significa uniformidad, sino aceptación de las diferencias dentro del marco de lo razonable. La unidad, por supuesto, no busca convivir con lo que es objetivamente malo, pero sí con lo que es razonable. No busca la unidad simplemente quien se hace la vista gorda ante lo injusto, ante el odio entre hermanos, ante la violencia contra el que piensa diferente. Ese es un pasivista absurdo. Quien busca la unidad busca anular lo malo, sumar a lo bueno. Y quien quiere vivir la unidad lucha también por no permitir que se asiente en su espíritu el deseo de lo hegemónico, de lo tiránico, de lo absolutamente dominante y arrasador...

Para seguir el itinerario de la unidad en la fe es necesario que se busque qué es lo que aglutina al cristiano. El factor aglutinante único, dada la diversidad de pensamientos, de conductas, de intereses, de metas, de métodos, que todos podemos vivir, es el del Dios que nos sustenta. Lo comprendió perfectamente Israel, pues así mismo se los descubrió Yahvé: "Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios". Es Dios el que crea, el que convoca, el que sostiene y el que espera... Fuera de Él no hay otra posibilidad de factor de unidad. Cualquier otra realidad que pretendamos colocar será siempre pasajera, temporal, etérea... Sólo Dios es el eterno, el que nunca pasa, el que sirve de fundamento sólido para cualquier proyecto de vida, pues coloca la meta de la eternidad en la perspectiva de la vida de todos...

Cuando no colocamos a Dios en esa perspectiva, nos arriesgamos a que todo proyecto sea frágil. El Dios de la unidad es el que se ofrece para hacernos sólidos en la fraternidad. Es la manera como a todos se nos hará un solo pueblo que sigue bajo la mirada de un solo pastor. "Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar. Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos. No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías". Es tremendo el que Dios Creador, habiendo establecido que la ruta de la felicidad fuera la de la unidad, y habiendo sido nosotros mismos los que hiriéramos esa posibilidad, aun así haga lo necesario para restablecer nuestros lazos de unión, pues sabe que ese es el único camino para la plenitud...

La salvación del pueblo pasa por la unidad. Será uno solo el Salvador. Será un solo hombre el que morirá por todos. No serán varios los redentores, sino que será el único Jesús, el único Dios hecho hombre, el único Hijo de Dios, el único Verbo Eterno del Padre, el que asumirá esa tarea. Hará su sacrificio para hacernos a todos uno con Él y llevarnos así, en la unidad, a la presencia del Padre. Esto lo reconoció el mismo Caifás, Sumo Sacerdote, cuando en el Consejo del Sanedrín se referían a la necesidad de dar muerte a Jesús: "Ustedes no entienden ni palabra; no comprenden que les conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera". La unidad de los cristianos surge de la intención primera del Padre al crearnos como imagen y semejanza de la unidad esencial en la que vive la Trinidad Santa. Es la manera de asegurar la subsistencia en medio de todos los pueblos que rodean a Israel. Es la seguridad de que nuestra fe es verdadera y el medio por el cual daremos el mejor testimonio de credibilidad al mundo. Es la meta a la que nos encaminamos todos, con nuestro Hermano Mayor, Jesús, a la cabeza. Es lo que quiere Dios que vivamos desde nuestro origen, en nuestra vida actual y en la eternidad feliz junto al Padre.

No es un simple deseo. Es un estilo de vida. Es la mejor manera de vivir. La unidad es la mayor ilusión que podemos aspirar hoy, mañana y siempre. Con ella estaremos dando al mundo el mejor signo, y estaremos viviendo entre nosotros lo que es la voluntad más alta de Dios: La unidad con Él y entre nosotros, en la que destaque definitivamente el amor que nos sirve de aglutinante...

jueves, 24 de octubre de 2013

Quiero guerra...

Existen evangelios "incómodos"... Son sorprendentes, pues uno esperaría algo distinto, sobre todo cuando uno se ha hecho a la idea de un mensaje que al parecer tendría una sola vía de comprensión, en el que no debe haber matices, en el que o se es blanco o se es negro... Cuando Jesús habla de guerra, de división, lo ha hecho, hasta ahora en el sentido de evitarlas al máximo... Cuando se anuncia la venida del Redentor, la de ese personaje celestial y divino que viene a rescatar a la humanidad de su pecado, se anuncia la venida del "Príncipe de la Paz". Cuando ya el Niño-Dios ha nacido, Zacarías en su canto de alegría, dice textualmente: "Nos visitará el sol que nace de lo alto... para dirigir nuestros pasos por el camino de la Paz". Todo, alrededor de este personaje que es anunciado y que llega, gira en torno a una sensación de armonía, de concordia, de paz... Más aún, al final de los días terrenos de Jesús, su saludo proverbial es "La Paz sea con ustedes", con lo cual se debe entender que la Paz es el legado más importante que deja el Resucitado a los hombres. Una paz que abarca todos los momentos de la vida, que abarca lo interior y lo exterior... Pero,  en el Evangelio también nos sorprende Jesús cuando nos dice todo lo contrario: "¿Piensan que he venido a traer al mundo paz? No, sino división". ¿Con qué debernos quedarnos, entonces? ¿Qué quiere Jesús para nosotros? ¿La paz o la guerra?

Ante esta dualidad, es necesario tratar de comprender entonces lo que está en la mente y en el corazón de Jesús. No puede, es imposible que así sea, que Jesús quiere que vivamos en la confusión. ¿Es posible que Jesús quiera paz y guerra a la vez? ¿Es posible que quiera solo guerra, que es una de las experiencias más terribles que cualquiera pueda vivir? La guerra, sin duda, es la peor experiencia que ha vivido la humanidad en toda su historia. Es terrible pensar en la tragedia que han vivido pueblos y naciones enteras, al entrar en guerra contra fuerzas contrarias. Las consecuencias son nefastas, no sólo físicamente, sino también por la marca profunda y dolorosa que dejan en el espíritu humano...

Veamos... Jesús dice que viene a traer al mundo la división. Eso significa rotura, enfrentamiento, exclusión. En cierto modo, estas actitudes son frutos del haber dado la espalda a Dios en el origen. Adán y Eva tuvieron una triple rotura al querer hacerse como Dios, al dar rienda suelta a la soberbia... Rompieron con Dios, al esconderse de Él en el Edén. Rompieron consigo mismos al sentir vergüenza de estar desnudos. Y rompieron entre ellos, es decir, con el otro que está al lado, cuando empezaron a echarse las culpas mutuamente de la desobediencia cometida. Antes del pecado, para Adán, Eva era "carne de mi carne, hueso de mis huesos". Después del pecado, pasó a ser "esa que me diste por compañera". Luego, Caín llegó al extremo de alzar su mano contra Abel, su propio hermano, asesinándolo y desentendiéndose totalmente de él: "¿Qué tengo yo que ver con mi hermano?" Esta no era la voluntad de Dios. Dios creó al hombre para que viviera más bien un una triple armonía, con Él, consigo mismo y con los demás... No en la triple rotura que había producido el pecado. Con ello, se inició "la guerra" de los hombres. Jesús ha venido a restablecer esa armonía que se había roto... Tenemos que pensar que en Jesús hay una motivación diversa a la del pecado, pues no es Él jamás presa de sus consecuencias...

"El mundo" en lenguaje bíblico, típicamente pesimista en lo que se refiere a lo material, significa, y hay que entenderlo siempre así, "lo malo que hay en el mundo". Esta es la correcta comprensión de la expresión "mundo" en la Biblia. Cuando Jesús habla de "traer la división al mundo", es más bien una invitación a vivir enfrentados a las fuerzas de ese mal que hay en el mundo... Y en ese sentido, es la invitación a vivir interiormente la solidez de su acción salvadora, pacificadora, armonizadora, en medio de la tragedia que ha logrado el pecado del hombre... Para llevar esa "guerra" contra lo malo del mundo, es absolutamente imprescindible hacerlo desde una actitud de paz interior sólida, estable, firme... Quien quiera hacer la guerra a lo malo, debe vivir el bien en manera heroica, al extremo de que si en esa "guerra" los "enemigos" llegaran a ser incluso hasta los familiares más cercanos, a ellos habría que enfrentarlos también con la mayor decisión...

Podríamos pensar, entonces, que hay como dos niveles de comprensión en esta idea... La primera, la de la necesidad de vivir interiormente la paz que da Jesús, la que da la obra de Redención que Él ha realizado en favor de los hombres. No existe, mayor paz, sin duda, que la que vive quien tiene la convicción profunda de ser amado por Dios, de haber sido salvados por ese amor, de tener ya franco el camino para llegar a la eternidad feliz junto a ese Dios que ama infinitamente... Y esa paz, por ser fundada en la base más sólida que existe, que es el amor, no será jamás puesta en entredicho. Nada la puede hacer tambalear. Podríamos fijarnos, en este sentido, en el testimonio de las primeras comunidades cristianas, que vivían en esta convicción sólida y la mantenían firmemente, en medio de persecuciones, de sufrimientos y de muerte... Nada pudo llegar a destruirla... Por eso leemos en los Hechos de los Apóstoles sobre la paz y la armonía en la que vivían aquellos primeros cristianos, a la vez que nos relatan las persecuciones a las que eran sometidos...

Y el segundo nivel de comprensión es el que se debe vivir hacia fuera... La paz interior que se vive exige tener la disposición de enfrentar a ese "mundo" que con su maldad pretenderá destruirla. Y esa es la guerra que proclama Jesús, no para destruir esa paz interior, sino para defenderla, para darle el lugar que le corresponde, para querer hacer a todos partícipes de ella... Es una guerra que tiene como objeto la instauración de la paz espiritual que da la Redención, en la que todos reciban ese legado que deja Jesús al resucitar: "La Paz sea con ustedes"...

No existe, entonces, confusión en lo que nos dice Jesús. No hay contradicción alguna, pues se trata de una única paz que quiere ser establecida en el mundo mediante una "guerra", para la cual se deberá estar bien dispuesto, viviendo cada vez más sólidamente en el interior la paz de Cristo, para buscar con el mejor esfuerzo que todos la vivan... Es "la guerra de la Paz de Cristo", en la que no se usará la violencia jamás, sino que se buscará con las armas de la Paz el establecimiento de ese Reino de Dios en medio del mundo...

La pregunta que se nos pone a todos es: ¿Vivimos esa Paz de Cristo? ¿Estamos sólidamente fundados en la armonía que quiere Jesús para nosotros? ¿O por el contrario, estamos en guerra con nosotros mismos, aun añorando algo que ya Cristo logró para todos? De lo que se trata es de, en primer lugar, adquirir esa solidez interior mediante la convicción de la vivencia que nos da el amor. Y, en segundo lugar, hacerse cada vez más sólidos en ella al darla a los demás. Se vive más paz, cuando se da paz a los otros... Y esa es la "guerra" de Jesús... Ojalá seamos buenos soldados en ella...

viernes, 11 de octubre de 2013

Todo reino en guerra civil va a la ruina

La unidad es la mejor defensa para que una nación no se desplome. Ser capaces de aglomerar la diversidad, llegando a acuerdos, respetando las diferencias, acogiendo con objetividad a quien no comparte las propias ideas, escuchando a quien propone caminos diferentes pero posibles y enriquecedores, de ninguna manera puede ser una desventaja. Quien tiene el deber de dirigir una sociedad debe dirigirla a toda, no tener la idea de que sirve sólo a una parte de ella. Eso sería traicionar la intencionalidad primera de quien puso en sus manos esa dirección. Es ta claro esto, que hasta Jesús lo pone como ejemplo para desmontar la crítica que le hacían... Supuestamente Jesús expulsaba demonios por el poder del mismo demonio. Es decir, Satanás estaba en contra de sí mismo. Es decir, era el absurdo mayor. Por eso Jesús sentencia: "Todo reino en guerra civil va a la ruina y se desploma casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?"

El demonio, experto en destrucción, en mentira, en soberbia, sin duda utiliza la táctica de la división para vencer. De ninguna manera la utiliza contra sí mismo. Él no es tonto. Siembra la semilla de la discordia en los hombres para poder tenerlos mejor dominados. Mientras más separados estén, mejor campo para hacer de las suyas... Su mismo nombre significa eso... "Diablo" viene de "dia-bolos", palabra compuesta griega que significa "Lo que separa". Es lo contrario de "sim-bolos", que significa "Lo que une"... El diablo es "El que separa". Esa es su esencia más profunda, lo que más lo identifica. Y ha sido su tarea desde el origen. Busca siempre separar al hombre de Dios. Lo logró con Adán y Eva, "acariciándole" el orgullo y la soberbia, de manera que el hombre creyera que el interés de Dios era simplemente que no se parecieran a Él, y por eso les había prohibido acercarse a comer del árbol del fruto del bien y del mal... El diablo logró separar al hombre de Dios. Y lo sigue haciendo, pues un mundo que da más oído a la necesidad de superexaltar el ego, que convence al hombre cada vez más de su supuesta capacidad ilimitada de creación tecnológica y científica, que bajo el disfraz de unos supuestos "derechos humanos" y en orden a "mejorar" el nivel de vida de la humanidad se propone eliminar a niños sin nacer o a ancianos supuestamente inútiles, Dios va siendo cada vez más incómodo y es necesario expulsarlo de la vida cotidiana... Sigue triunfando el demonio en su siembra de la semilla de la división...

Pero ha ido más allá... La semilla de la división sembrada por el diablo ha germinado con mucho éxito entre los mismo hombres. Ya no es sólo que el hombre se ha separado de Dios, sino que también, cada vez más trágicamente, la humanidad está dividida. Las naciones se miran entre sí con desdén, con suspicacia o con agresividad. Basta que seas extranjero en un país para ser visto como "un invasor" al que prácticamente se le suspenden todos los derechos humanos. Quienes se rasgan las vestiduras adoloridos por el pisoteo de los derechos de ciertos grupos humanos o hasta de animales, muchas veces son los primeros que erigen las banderas contra los que vienen a "quitar el trabajo a los connacionales" y a "robar la comida de sus hijos". El diablo promueve las guerras fratricidas simplemente con el objetivo de establecer una hegemonía racial, económica, religiosa, o de cualquier tipo...

Dentro de las misma fronteras de un país ha sido capaz de obtener inmensas victorias en el establecimiento de barreras ideológicas, políticas, económicas... Es triste ver como un país que a lo mejor vivió momentos gloriosos, gestas heroicas, en aras de lograr su unidad como nación, ha sido minado en sus bases. El diablo, con los socios que jamás les faltarán, ha logrado situaciones de división, de exclusión, de "apartheid", que han desdibujado casi por completo la noción de país... Esos socios han preferido su bienestar egoísta, su enriquecimiento personal, el establecimiento brutal de su primacía, por encima de la consideración de que todos los habitantes conforman la misma nación... Es la trágica verificación de la sentencia de Jesús: "Todo reino en guerra civil va a la ruina". El diablo simplemente está sentado esperando que la ruina ya venga sobre ese país, o simplemente ya está celebrando que se haya logrado su victoria...

Pero el demonio ha sido vencido por Jesús en la Cruz. En la más clara imagen de debilidad se dio, por el contrario, su mayor fortaleza. La muerte de Cristo fue la muerte del poder del pecado y del demonio. Por eso, jamás el hecho de que obtenga victorias en algunas batallas, significa que obtendrá la victoria en la guerra. La guerra la gana Jesús. La ganó ya. Y ya jamás será vencido. Restablecer la unidad con Dios, a través de Jesucristo, es asegurarse la propia victoria. Unirse al vencedor es hacernos vencedores. Y esto, sencillamente porque Jesús aplica su victoria a nosotros aunque no hayamos tomado parte en la batalla final. Su amor nos asocia a su victoria, y nos hace vencedores. Su amor nos hace fuertes para vencer siempre al demonio en su pretensión de ganar al mundo dividiéndolo.

Los hombres hemos sido restituidos en la unidad con Dios. Y podemos ser restituidos en la unidad entre nosotros. Basta que nos dejemos "conquistar" por quien nos une a Dios y nos une entre nosotros. Quien hace la perfecta amalgama en la unidad, conglomerándola en un solo corazón que busque intereses comunes, persiguiendo el Bien Común que enriquezca a todos. Ese es Jesús, el artífice y reconstructor de la unidad. Siempre se ha dicho que "en la unión está la fuerza" y "divide y vencerás". Nuestra fortaleza no será jamás mayor si nos quedamos solos. Así seremos los más débiles sobre la tierra. Nuestra fortaleza será mayor unidos a Dios y unidos entre nosotros... Es necesario rechazar a quien con cantos de sirenas nos quiera conquistar a su causa de división. No debemos hacernos instrumentos de destrucción de la unidad...

Una melodía es más bonita cuando los diversos sonidos de los instrumentos se conjugan en una armonía que hace la música, no cuando se eliminan los instrumentos que suenan distinto. Eso la empobrecería totalmente. Hay que ser capaces de sumar el sonido de nuestro instrumento, diverso pero enriquecedor, al de todos los demás, para que seamos una verdadera orquesta sinfónica que logre acordes hermosos sacando la mejor música...