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viernes, 10 de julio de 2020

Vayamos a salvar a nuestro mundo con la Verdad de Jesús

Miércoles, Agosto 29 Sed Pues Prudentes y Sencillos – Palabra Para ...

Existe siempre una inquietud formal y continua, tremendamente razonable, en el cristiano que se deja elegir y enviar por Jesús. Existe incluso en aquellos que se mantienen como espectadores de toda la obra de Jesús, de la Iglesia, de los cristianos. ¿Cuál es la esperanza que debe motivar a seguir esa obra? En medio de un mundo en el que todo lo trascendental es despreciado, incluso atacado, en el que lo que está de moda es reducirlo todo al aquí y al ahora, en el que no hay manera de hacer referencia a algo superior al hombre, por lo cual absolutamente nada puede colocarse por encima de él cuando "huela" a reducción de libertades o a conculcación de derechos, en el que la norma moral básica es seguir y hacer todo lo que produzca placer y haga que el hombre se sienta "feliz", en el que la estadística se ha convertido en la dictadora del alma y es la que llega a justificar las actuaciones del hombre al afirmar que "todo el mundo lo hace" o "nadie ha muerto por eso", al cristiano se lo lanza a proclamar verdades y exigir derechos para Dios que serán escuchados con la mayor extrañeza por quienes están convencidos de que esa que ellos proclaman como la libertad y la autonomía absolutas del hombre es la única vía posible para vivir actualmente, por lo cual reaccionarán incluso hostilmente contra esa verdad y esos derechos de Dios que exigen los hombres de fe, tildándolos de intolerantes, de esclavistas, de colonizadores del alma, de despreciadores del hombre. Quien se opone a leyes como la del aborto o la eutanasia, a la complementación libre en el sexo según una nueva ideología de géneros, a la familia diversa a la conformada por padre, madre e hijos, al irrespeto de los símbolos religiosos, a la libertad absoluta de la expresión que irrespeta a cualquiera y pisotea valores, a la violación sistemática y promovida incluso por leyes de la inocencia de la mente de los niños con una educación sexual que supuestamente es acorde con la libertad que promueve el tiempo actual, es un retrógrado que debe ser echado a un lado, denunciado por intolerante y por irrespetuoso de las libertades. Eso, lamentablemente, pone el freno a muchos cristianos y ha hecho que muchos se sientan arrinconados y se queden mudos ante la responsabilidad de su tarea, la que Jesús ha encomendado a todos, pues no quieren correr el riesgo de ser aislados o incluso juzgados por las leyes que persiguen la disidencia. La supuesta intolerancia de la verdad es atacada por la virulenta y más agresiva intolerancia de la mentira, que se ha hecho del poder y se defenderá ante cualquier "ataque". Sobre todo de los que vendrán de aquellos que están convencidos de que esa verdad es la única, que es la que nos envía a anunciar Jesús, y no se quedan asustados pensando si es "políticamente correcto" defenderla. Una cosa es el respeto al hombre y a su libertad, y otra muy distinta es la traición a la verdad y a Dios mismo.

Nunca como hoy podremos afirmar, en consecuencia, la pertinencia de las palabras de Jesús a los apóstoles: "Miren que yo los envío como ovejas entre lobos; por eso, sean sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero ¡cuidado con la gente!, porque los entregarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas y los harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles". El aviso que da Jesús es, en primer lugar, un honesto reconocimiento suyo a las dificultades que se presentarán al ser enviados por Él. No es un lecho de rosas el que espera al anunciador sino más bien las espinas de esas rosas. Pero no nos podemos quedar solo con la primera parte de esa frase. Fijémonos muy bien en la segunda: "Sean sagaces como serpientes y sencillos como palomas". Aun cuando la sagacidad del mundo, motivada por el mal revestido de bondad aparezca como incólume, los cristianos debemos ser sagaces, con una sagacidad movida por el bien. Es la sagacidad que nos hace buscar la manera de llegar al hombre con nuestro mensaje, siendo testimonio de la felicidad verdadera y no de la pasajera que ofrece el mundo que busca solo satisfacer lo material del hombre olvidándose de una felicidad que jamás debe estar ausente, pues él está llamado a cosas siempre mayores y mejores. No podemos dar la imagen de derrotados. Eso es lo contrario de la sagacidad cristiana. No podemos ir por el mundo con cara de derrotados, o por el contrario, presentando un dios inexistente que anuncia solo desgracias o infiernos, aunque sean objetos de nuestra fe, pues entonces seguiremos siendo tildados de retrógrados. Al hombre de hoy debemos presentarle nuestra felicidad, la verdadera. Debemos ir con el rostro feliz del que se sabe elegido y amado, no del que está derrotado. Es terrible hablar del amor desde el miedo y la tristeza. La actitud del cristiano debe ser la del triunfador, pues su batalla no es la de los sentidos, sino la de la bienaventuranza que recibe todo el consuelo infinito que da Dios en todo. El cristiano es el hombre que se sabe que estando con Dios no hay fuerza que lo entristezca o alegría que lo saque de su realidad. La alegría actual debe ser preludio de la felicidad plena que sabe que le espera. "Un santo triste es un triste santo", decía la sabia Santa Teresa de Jesús. Somos los hijos de la alegría, porque la alegría surge de quien es el Amor, que es Dios mismo. Por encima de todo, nuestro testimonio es el de la felicidad.

Jesús, además, nos invita a la sagacidad al ofrecérsenos la posibilidad de dar testimonio en toda circunstancia. El ser presentados ante gobernadores y reyes por su causa, lejos de ser un momento de aprehensión, y en la línea de la sagacidad, es la oportunidad de dar testimonio delante de ellos: "Para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles". No se puede desaprovechar la oportunidad de haber llegado a esas altas instancias. De otra manera a lo mejor no hubiéramos podido llegar. Pues justamente esa oportunidad hay que aprovecharla. No se puede dejar pasar. Ellos son las cabezas del entramado social, y desde ellos todo cae como cascada. Conquistarlos es un paso gigantesco. A todo el que ejerza un cargo de dirección, hay que aprovechar de ganarlo o de al menos sembrarle la semilla de la inquietud, desde esa felicidad sólida y contundente que podamos traslucir, para que la verdad que anunciamos tenga mayor difusión. El mensaje es el de volver a la felicidad sólida y verdadera. Que no se insista en la que crea más desasosiego, pues al acabarse surge la frustración: "Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta. Tomen sus promesas con ustedes, y vuelvan al Señor. Díganle: 'Tú quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con nuestra confesión: Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya 'nuestro dios' a la obra de nuestras manos'". Es esta una tarea insoslayable. En primer lugar, porque es un mandato de Jesús. Y en segundo lugar, porque hace posible cumplirla no una fuerza propia que nos sustente en nosotros mismos, sino un acompañamiento asegurado por Jesús que nunca nos faltará: "Cuando los entreguen, no se preocupen de lo que van a decir o de cómo lo dirán: en aquel momento se les sugerirá lo que tienen que decir, porque no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por ustedes". La responsabilidad de Jesús es extrema. Envía, pero no deja solos a los enviados. Les asegura el mejor apoyo posible, que es su mismo Espíritu. La pregunta inicial, entonces, "¿Cuál es la esperanza que debe motivar a seguir esa obra?", tiene una respuesta clara: La esperanza de saber que se está haciendo lo que se debe hacer, y de que no se está solo en la tarea sino que se tiene al mejor acompañante posible, que es el Espíritu Santo. La esperanza de perseguir con ilusión que el mundo alcance un punto de experiencia de la verdad y del amor que lo hará realmente feliz. La esperanza de acercar a todos los hermanos a la verdad de Dios. La esperanza que hace sólida la propia experiencia de fe que vencerá por sobre todas las fuerzas contrarias, aunque sean lo más virulentas posibles, pues el amor nunca podrá ser vencido.

viernes, 13 de junio de 2014

La violencia expulsa a Dios

Un señor con cara de pocos amigos entra en un ascensor repleto de gente, se abre paso a codazos y entre improperios. La gente que venía ensimismada en sus propios pensamientos, despierta del letargo en el que se encontraba y comienza a hacer reprobaciones contra el comportamiento del señor. Éste responde mandando a todos al peor sitio del mundo. Se inicia una discusión que casi termina a los golpes... Un señor, al abrirse la puerta del ascensor y percatarse de que viene lleno, esboza una sonrisa de lamentación, se queda parado en la puerta sin entrar y saluda amablemente a todos, dándoles los buenos días. La gente comienza a apiñarse para abrirle un espacio. Aun cuando tienen que apretarse más unos contra otros, logran un espacio pequeño en el que el señor a duras penas puede acomodarse. Todos están un poco más incómodos, pero de alguna manera se sienten satisfechos con lo que han hecho. Uno de ellos hace un chiste: "¡Vamos como sardinas en lata!". Todos sonríen la gracia y en ese clima llegan al destino... Se despiden con una sonrisa en los labios...

Un profesor comienza sus clases queriendo demostrar quién es el que manda. Empieza a decirles a sus alumnos sobre su fama de tirano. Hasta les revela el sobrenombre que le han puesto: "Puente Roto", porque nadie lo pasa... Los alumnos le convencen de que están atemorizados con su fama, pero en realidad lo que están es burlándose de su empeño en meterles el miedo en los huesos... Sus clases son las menos atendidas, sus alumnos los que menos estudian, los que sacan las más bajas notas. Su materia es la menos atractiva para todos, y por lo tanto en la que peor preparados salen... Un profesor llega a su salón a la primera clase. En su introducción dice que el que se inicia será un camino en el que todos van a avanzar juntos, en el que todos sentirán la ilusión de ir descubriendo el mundo que la materia les irá desvelando. Que todos se preocuparán unos de otros, pues el camino será más alegre si todos van al mismo ritmo. Hace que cada alumno se sienta protagonista en lo que va aprendiendo y que sienta los deseos de hacer participes a sus compañeros. La materia es la mejor de todas, en la que todos se sienten felices y con ganas de más...

Un papá recibe a su hijo que llega tardísimo a la casa, después de una noche de juerga. Los gritos que le da se oyen en toda la cuadra. Lo golpea, lo castiga con varias cosas, le promete que logrará que le haga caso a golpes, aunque lo vuelva a repetir una y otra vez. El hijo, herido más en su orgullo que en su cuerpo, se retira a su habitación planificando su próxima gamberrada... Un papá se levanta en la mañana y se acerca a su hijo que ha llegado tarde para conversar sobre lo que pasó la noche anterior. Le pregunta cómo le fue, le habla de los peligros de ir tan tarde por la calle, sobre todo en una época de tanta inseguridad. Le propone un futuro de responsabilidad, en el que buena parte de la marcha de la sociedad descansará sobre sus hombros, por lo cual debe ir ya asumiendo un rol de preparación, descartando lo que pueda ser lastre, sin dejar de divertirse como joven que es. Le habla de la necesidad de elegir bien las amistades, en cuanto lo enriquecen como hombre y no lo empobrecen y lo hacen menos hombre... Le da un escarmiento que lo eduque, no que lo humille o lo haga sentir una piltrafa humana...

Comos éstos, podrían ser citados miles de casos. El del sacerdote que se empeña en infundir miedo en los feligreses y el del que entiende que está al servicio de todos con humildad y sencillez. El del vecino que sólo está pendiente de ir descubriendo y de chismear con los defectos de los otros y el del que se ofrece como buena amistad para dar su apoyo en las cosas en las que están a su alcance. El del compañero de trabajo al que nadie se le acerca pues anda todo el tiempo de mal humor y tratando mal a sus compañeros, y el del que es buscado por todos para conversar, para consultar, para estar simplemente un rato con él...

La presencia de Dios no es sólo en la Iglesia o cuando estamos rezando. La presencia de Dios es en todo momento de nuestra vida. Nos equivocamos cuando reservamos nuestras buenas conductas sólo cuando estamos en una actividad religiosa. Así lo que hacemos es engañar a la gente, y hasta a Dios. Presentamos una faceta que no es la verdadera, sino el disfraz de "religioso" que nos toca ponernos en las actividades religiosas, pero que nos quitamos y nos desenfrenamos cuando ya no estamos en ellas... Si Dios está con nosotros siempre, debemos demostrarlo. Dios no es un "quita y pon" a placer. Quien lo tiene siempre en sí y vive en su presencia continuamente, no puede sino vivir en la serenidad que es contagiosa, que crea buen clima en todos, que hace que otros deseen vivir en la misma serenidad. Dios no está ni en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego: "Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego". Dios está en la brisa suave y fresca, en el aire sereno que produce paz y armonía: "Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva". Allí sí estaba Dios, y Elías salió a conversar con Él... Es en ese clima de sosiego y no en el de conflicto en el que está Dios, en el que lo hacemos presente y en el que hacemos que todos se acerquen a Él...

Tenemos mucho que aprender, para tener mucho que dar. Estamos ya cansados de tanta violencia, de tanta soberbia de los hombres, de tanta exclusión de los demás, de tanta pretensión de imponernos unos sobre otros... Eso no es signo de Dios. Él no está allí. Él está en lo que atrae, en lo que arrastra, en la buena convivencia, en la inclusión, en la justicia, en la paz, en la armonía. Nos toca a nosotros sembrarlo allí, haciendo que todas esas cosas sean verdaderas, para hacer que Él pase por la vida de todos los hermanos, como la brisa fresca y sosegada de Elías...

sábado, 7 de septiembre de 2013

Que estalle la Paz...

Así dijo el Papa Francisco, en uno de sus tuits, ambientando la convocatoria que hizo para hoy, a unirnos en ayuno y oración por la Paz en el mundo, en el Medio Oriente y en Siria: "Queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por divisiones y conflictos, estalle la paz"...

Llama mucho la atención, porque normalmente pensamos que estallan bombas, disparos, balas... ¿Cómo puede estallar la Paz? ¿Es que acaso vamos a lograr la Paz creando más conflictos, promoviendo más bombardeos, azuzando más al hombre?

Aclaremos... Sí tenemos que bombardear al mundo, sí tenemos que azuzar al hombre, sí tenemos que enfrentar la violencia... Pero no de la manera que la entienden los violentos. La Paz tiene caminos diversos. La Paz avanza por el camino del amor, por el camino del entendimiento entre diversos, por el camino del enfrentamiento no-violento contra el violento, por el camino de la "antilógica" del perdón y del devolver bien por mal...

La Paz tiene que estallar, en primer lugar, en el corazón de cada uno de nosotros. "Bienaventurados los que trabajan por la Paz", ha dicho Jesús. Son los que viven en la Paz que da la conciencia de ser amados; de haber entendido que sólo el amor da la verdadera vida, da el verdadero sentido a la vida, da la plenitud; de haber comprendido que el amor no es un producto de consumo personal, sino una realidad de la que somos portadores para disfrutarla, sí, pero que la disfrutaremos mucho más cuando se le hace actuar, cuando se ama a Dios con verdadero corazón enamorado, cuando se da amor a los demás, lo merezcan o no...Los que están convencidos de que dando amor se recibe mucho más amor. Es la misma dinámica que decía el Beato Juan Pablo II sobre la Fe: "La Fe se fortalece dándola". De la misma manera, parafraseando al Beato, podemos decir, "El Amor se fortalece dándolo", "La Paz se fortalece dándola". Es una dinámica sorprendente, opuesta a las leyes del mercado, pero total y absolutamente real...

Si vivimos con la convicción de esa Paz en nosotros mismos, podemos ser multiplicadores de la Paz en los demás... Nos hacemos instrumentos de Aquél que nunca se apareció después de resucitado, sin desear la Paz a sus hermanos: "La Paz sea con ustedes", dando a entender que era el legado principal, la donación que dejó como testamento final a los hombres. Quien vive en el Resucitado, recibe la Paz. Y la recibe para ser multiplicador de ella. No se puede ser hombre de Paz, si no se da la Paz a los demás.

Hacer estallar la Paz en el mundo significa, entonces, que tenemos que ser hombres de Paz, vivir la Paz en nuestras vidas y ser instrumentos de esa Paz para todos. Significa hacer estallar la bomba de un  saludo afectuoso a quien tiene cara de pocos amigos; la bomba de perdonar de corazón a quien te ha ofendido, aunque sea gravemente; la bomba de acercarse al adversario político o ideológico para buscar los puntos de acuerdo, y entenderse en aquellos en los que se difiere; la bomba de nunca dar por perdido a alguien que se aleja de nosotros paulatinamente, sino buscarlo y conquistarlo de nuevo; la bomba de nunca sentirse con el temor de dar un mensaje de fe y esperanza en un mundo que aparentemente las está perdiendo y en ocasiones hasta las ataca frontalmente; la bomba de procurar que los enemigos se acerquen y no se vean con odio ni suspicacia; la bomba de denunciar las injusticias con valentía y de iluminar con lo que es verdaderamente justo... La bomba de hacer presente a Jesús, el verdadero "revolucionario del Amor y de la Paz", que no hizo sino colocar bombas en todo el mundo, haciendo estallar la Paz por doquier.

También dijo el Papa Francisco que los cristianos "Tenemos que hacer lío". ¡Qué bueno que entendamos que tenemos que ser, como Jesús "escándalo y locura"! ¡Que de nada sirven cristianos insípidos, que no se sientan, que tengan como marca el silencio, la cobardía, la pusilanimidad! Por eso, tiene mucho sentido que el Papa llame a hacer estallar la Paz...

Que en el mundo se oiga el estallido de todas las bombas de Paz que hacemos caer los cristianos. Que el mundo se llene de las balas de flores, de caricias, de saludos, de gestos cercanos, que los cristianos disparamos. Que retumbe en todos los rincones el estallido de la Paz...

Hoy tenemos la posibilidad de procurar un estallido estruendoso. Hoy nos unimos en oración y en ayuno todos los cristianos del orbe y los hombres de buena voluntad, implorando al Dios de la Paz que entre en todos los corazones. Que por su presencia todos estemos dispuestos a deponer actitudes egoístas, revanchistas, dominantes, impositivas. Que por estar Él presente se callen las voces de las armas, de los cañones, de las ametralladoras, de las pistolas... Y que ese silencio sí se haga sentir de verdad. Que se haga realidad lo que dice el profeta: "De las espadas forjarán arados, y de las lanzas podaderas".

Imploremos al Dios del Amor, y ofrezcámosle nuestro sacrificio, para que la Paz sea una realidad en nuestro mundo tan lleno de conflictos, de enemistades, de guerras, de destrucción... Que estalle su Paz...