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sábado, 14 de diciembre de 2019

En mi historia siempre nueva, es siempre nuevo Tu amor

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Hay quien afirma que la historia es una continua sucesión de ciclos que se van repitiendo una y otra vez, incansablemente. Otros, que esa historia no es otra cosa que un eterno fluir de acontecimientos nuevos y que nunca se repiten. Ambas concepciones de la historia son mutuamente excluyentes, por cuanto en la base de las mismas se parte de puntos radicalmente opuestos. En medio de ellos, se ubican quienes quieren hacer una especie de ensamblaje entre ambas concepciones del tiempo que suena bastante razonable, por cuanto tanto la originalidad absoluta en los sucesos como la falta de ella resultan bastante improbables. Los hombres, en nuestra esencia, habiendo desarrollado un pensamiento más ordenado y logrando avances muy significativos en nuestro estilo de vida, gracias a nuestra inteligencia que ha desarrollado tecnologías y métodos novedosos y revolucionarios, seguimos siendo los mismos. Es prácticamente imposible que existan acontecimientos químicamente puros y radicalmente nuevos. Esto se daría solo si, como peligrosamente está sucediendo, el hombre pusiera en riesgo su propia condición humana, atentando contra sí mismo en lo más básico de su existencia personal. Así, vemos que se va avanzando en rutas bastante sombrías en todo lo que se refiere a la genética, a la creación de superhombres, a la utopía del hombre inmortal y siempre saludable, incluso a la creación de una "humanidad cibernética" basada en la recuperación de sus recuerdos, asentados en el cerebro, que se podrían llegar a depositar en elementos técnicamente muy avanzados, teniendo la posibilidad de mantener una especie de clon virtual, que correspondería al cerebro de ese hombre "guardado" en una máquina. La historia, de este modo, o es nueva, o se repite, o es un ensamblaje entre novedad y repetición, o es totalmente diferente tomando rutas autodestructivas.

Este es un problema que se ha puesto siempre la humanidad ante sí para tomar posición. No fue diferente tampoco en el tiempo de Jesús. Por eso hay expresiones que surgen de los labios de Cristo que por misteriosas y novedosas llaman mucho la atención. "Elías vendrá y lo renovará todo. Pero les digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos". Elías, el gran profeta del Antiguo Testamento, emblema de la institución del profetismo en Israel, en esta afirmación de Jesús, "ya ha venido". Indicaría, en un primer intento de comprensión, una especie de reencarnación, que habrá que descartar de plano pues en la doctrina y la práctica del Salvador esto está radicalmente negado. Por ello, para comprender lo que quiere decir Jesús hay que apuntar a lo simbólico y a lo que representarían los personajes involucrados en esta argumentación. Elías es "el profeta de fuego", que sirvió radical y fielmente a Dios como voz para anunciar y denunciar. "En aquellos días, surgió el profeta Elías como un fuego, sus palabras quemaban como antorcha. Él hizo venir sobre ellos hambre, y con su celo los diezmó. Por la palabra del Señor cerró los cielos y también hizo caer fuego tres veces. ¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos!" A través de él el Señor hizo maravillas. El personaje, en lo que es, en lo que representa y en la misión que cumplió, fue asumido de nuevo en el momento histórico en el que se da el traspaso de la Antigua a la Nueva Alianza. Y a quien correspondió hacerlo fue a Juan Bautista: "Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista". Juan Bautista es el nuevo Elías que, con su palabra de fuego, con su acuciante llamada a la conversión, con sus denuncias de las injusticias y con su invitación a abrir el corazón a Jesús y a su obra de rescate, abre la perspectiva de la novedad absoluta de lo que viene a traer Jesús y de la necesidad de que los hombres dispongamos nuestro corazón para aceptar su invitación y dejarnos hacer de nuevo.

No es poca cosa comprender esta tarea de Juan Bautista, por cuanto se da en la plenitud de los tiempos, cuando la historia se hará radicalmente nueva, tomando elementos ya pasados y traídos de nuevo para poder rehacer una historia que había tomado rutas indeseables en el alejamiento progresivo de Dios que había emprendido la humanidad. Sin duda, son acontecimientos nuevos, como es totalmente nueva la nueva creación que hace surgir Jesús con su redención, pero con visos de reasunción de sucesos ya experimentados en la historia, como son los rasgos de los personajes principales de todo el entramado, con su mensaje de invitación, con sus portentos realizados en el nombre del Señor, con la llamada a abrir el corazón al amor vivificador y renovador del Dios misericordioso y todopoderoso. Es asumir que la historia de la salvación, como parte de la historia de  la humanidad, con su carga de novedad radical representada en la nueva creación que logra Jesús, no es otra cosa que la reafirmación de la voluntad salvífica de Dios, que no dejará de hacer lo necesario, como lo ha hecho siempre, para tener al hombre a su lado. Si es necesario que venga de nuevo Elías, simbolizado en la persona y en la obra de Juan Bautista, si es necesario repetir insistentemente la necesidad de que el hombre abra su corazón a la obra radical de renovación de Dios, el Señor no dejará de hacerlo. La humanidad parte del Alfa de Dios, para llegar a la Omega de Dios. En el ínterin, podrán suceder acontecimientos nuevos o repetirse algunos, que surgirán del mismo corazón amoroso del Dios que quiere rescatarnos, pues el amor de Dios jamás cambia, jamás cambiará y es eterno. La historia se hace nueva, pero se basa en el amor providente y gracioso de Dios que será siempre inmutable, por ser divino.

sábado, 14 de junio de 2014

Deja huella en los demás

Elías es el prototipo de la institución profética de Israel. Es el Profeta por excelencia, considerado por los israelitas el profeta más grande que ha existido. Curiosamente no escribió ningún libro, como sí lo hicieron Isaías, Jeremías, Ezequiel, Baruc y los profetas menores. No tiene un "tema profético" que lo caracterice, como sí se puede decir que lo tengan los otros profetas, sino que simplemente es admirado por su disponibilidad y su docilidad a Dios, a su Espíritu y a sus inspiraciones... Tan grande es que Dios mismo lo coloca en lugar privilegiado. Recordemos el portento maravilloso de la Transfiguración de Jesús, en el cual aparecen Moisés y Elías junto a Jesús transfigurado y reluciente. Moisés y Elías, podría decirse sin dudarlo, representan el resumen de todo el Antiguo Testamento. Moisés es, por antonomasia, el representante de todos los Patriarcas de Israel, quien recibió la Alianza más destacada, quien llevó a Israel por el desierto luego de la portentosa liberación de la esclavitud en Egipto. Es, de esta manera, el emblema de la Ley, con la cual Dios establece su relación con Israel. Y Elías es el representante de los Profetas. Carga sobre sus hombros la representatividad de todos los profetas del Antiguo Testamento, a través de los cuales Dios quiso comunicarse con su pueblo y con los otros pueblos circundantes a los cuales reveló su preferencia por Israel. Moisés, la Ley. Elías, los Profetas. En ellos está todo el Antiguo Testamento. Al aparecerse con Jesús que se transfigura ante los apóstoles, de alguna manera Dios quiere dejar bien claro que hay una nueva realidad, que Moisés y Elías, resumen de todo el Antiguo Testamento, de la Antigua Alianza, están dando el relevo a Jesús, que es en sí mismo la Nueva Alianza que hace Dios con la humanidad. Están en ese gesto entregando el testigo de la carrera de la salvación de la humanidad a Jesús. Como si dijeran "hasta aquí llegamos nosotros... Ahora te toca a ti..."

Esa figura de Elías es tan significativa que Eliseo, su sucesor, le exige para serlo, parte de su espíritu. Y le es concedido. Cuando los testigos ven las maravillas que hace Eliseo, no pueden hacer más que aclamar diciendo: "¡El espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo!", con lo cual Eliseo pasó a ser respetado y escuchado tanto como Elías, el Profeta por excelencia... Elías le había traspasado, como lo había pedido Eliseo, dos tercios de su espíritu, con lo cual se aseguró Dios de que su voz seguiría siendo escuchada por el legado de Elías... El gesto de Elías es significativo... Deja su espíritu y así establece e instituye a un sucesor... El que había sido elegido por Yahvé, se asegura de que su obra tenga continuidad. Es elección y sucesión. Es haber sido llamado, haber respondido, haber convocado a otro y haber dejado huella... Es la mejor manera de asegurarse de que la obra de Dios será continuada...

Es un llamado a todo el que sea seguidor de Dios en Jesús. La llamada ha sido lanzada a todos los hombres a los que Jesús quiere salvar, rescatándolos y poniéndolos a su servicio. Así como Elías fue llamado y convocado por Dios para ser su Profeta, así cada cristiano es llamado por Jesús para ser también el anunciador de su obra de salvación. Pero igualmente cada uno es invitado, como Elías, a dejar sucesor. A convocar a quienes lo escuchen a ser sus seguidores, para que sean seguidores de Cristo. Es lo que vivió y entendió perfectamente San Pablo al decir a sus discípulos: "Sean imitadores míos como yo lo soy de Cristo". Elías pasa su manto sobre los hombros de Eliseo y le transmite su espíritu. Pablo ha anunciado a Jesús y les ha transmitido a los suyos su salvación, su redención. Cada cristiano debe hacer lo mismo. No es pretenciosa la afirmación de Pablo, pues al fin y al cabo la invitación es a imitar a Jesús: "Como yo lo soy de Cristo..." Cada cristiano debe ser capaz de afirmar lo mismo. Y para ello, debe dejar huella. Elías lo hizo con su manto, Pablo con su palabra. Cada cristiano debe hacerlo con su vida. Hay que dejar "descendencia" que continúe los pasos hacia Jesús. No puede el cristiano pasar por el mundo sin dejar una huella que pueda ser seguida por otros. Sus pasos deben ser anhelados por otros. Los hermanos deben querer seguir el mismo itinerario. Esa  es la huella que deben dejar los cristianos, como lo hicieron Elías y Pablo.

Esta será la manera de escuchar realmente la palabra de Cristo, que invita a todos a ser un Sí y un No en su palabra. Un Sí al seguimiento radical de Jesús, a dejarse conquistar por su amor y su salvación, a ser anunciador para todos de esa salvación que Él les alcanzó, a la disposición de dejar huella en los demás para hacerlos seguidores de Jesús y de su amor... Y un No a todo lo que signifique alejarse de Él y despreciar el amor que nos da, a permitir que nuestra vida pase sin resonancia ante los demás, a ser mediocres en el cumplimiento de nuestro ser apostólico... Por ello, como Elías, debemos asumir nuestra condición de elegidos y de enviados por el amor al mundo con toda responsabilidad, a dejar huella en todos, de modo que vean en nosotros a Jesús y se animen a seguirlo y a dejarse amar eternamente por Él...